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jueves, 28 de abril de 2011

La maldición de un sabio / Alan Rojas Ramírez

Dedicado a Cauce Ciudadano A. C.





La maldición de un sabio.





Existió una vez, me contó mi conejo, un hombre con una extraña maldición: cada que tenía ideas buenas para la humanidad, a éste le pasaba alguna calamidad. Un día, por ejemplo, descubrió que las personas se encontraba a sí mismas (caían las máscaras), de la misma manera que en el álgebra se descubre el valor de “equis”. Antes de que su lápiz comprobara que su ecuación era valida, universal y necesaria, quedó sordo.

Otro día, por nombra un caso más, se le ocurrió la idea de crear una pastilla para llorar, así el ser humano podría drenar periódicamente su alma; pero antes de tocar el timbre de un científico, amigo suyo, perdió la voz.

Mudo, sordo y un etcétera de infortunios, decidió jugarse su última carta. Una noche, justo antes de dormir, escribió en una piedra con cincel en mano:

“hay tantas ideas en el mundo, pero cuando éstas involucran a la humanidad, bien vale la pena hacer el más grande sacrificio… porque en ella descubrirás que eres humanidad”.

A la mañana siguiente, la piedra fue colocada como epitafio en su tumba.

FIN.



Epílogo:
la idea del álgebra y la identidad, me la comentó Carlos cruz en una plática... una plática sobre el destino de la humanidad jaja

miércoles, 25 de agosto de 2010

Mezquinos lloriqueos

Alan R. Ramírez

El niño se encerró en su cuarto y como una bolita de migajón se encapsuló en la nave espacial que tiene bajo su cama. Quería llorar, y para eso tardó una semana planeándolo. Todos los días, en el recreo, escribía las causas por las cuales las personas lloraban, esperando encontrar la adecuada para él: "Papá lloró porque lo dejaron sin trabajo, pero yo nunca he trabajado; mamá lloró porque papá le dio un beso, pero mi papá no me da besos; mi hermana lloró porque ya no habla por teléfono Carlos, pero a mí nunca me llaman los Carlos; Juanito porque su mamá lo golpea, pero mi mamá nunca me pega, ni siquiera tiene tiempo de regañarme; y la televisión es aún más absurda". Cuando cayó en cuenta, cuando terminó por tachar toda su lista, lloró como nadie en el mundo lo había hecho: "¿Es acaso que no soy humano?".

viernes, 15 de enero de 2010

LA MUERTE DEL PERRO

El siguiente minicuento, salió a partir de la lectura del comunicado de un gran amigo.

http://rapcombate.blogspot.com/2010/01/comunicado-del-01-01-10.html



LA MUERTE DEL PERRO.



Estaban dos gatos, uno negro y el otro blanco, en la azotea de un hogar.



-La sangre que ves ahí -dice el gato negro –es de un perro que hoy intentó cruzar el periférico.



-Fue suicidio -replicó el blanco –todos sabemos que es imposible cruzar.



-Quizás- pensó poco –Dicen que los perros tienen corazón de hombre y que el hombre tiene sueños de perros.



Alan R. Ramírez