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sábado, 4 de febrero de 2012

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN FILOSÓFICA EN MÉXICO / Alan Rojas Ramírez


Hegel pensaba que la filosofía es hija de la época; es decir, surge de circunstancias específicas. Al parecer los modelos educativos surcan por la misma línea. Se educa para satisfacer las necesidades de una nación. Pues la educación, una educación planificada, no sólo es posibilidad de humanizar al hombre, sino que además es la vía para el desarrollo económico en un sistema demócrata y la base de una equidad social. Y es -sólo de esa manera- como se entiende lo que Descartes decía: las naciones son tanto más civilizadas y cultas cuanto mejor filosofan sus hombres.

En México ocurre una cosa curiosa, simpática. Pero antes acotemos nuestro diccionario. Añadamos, pues, que la educación es la otredad en un proceso de trasmitir para formar; formar conocimientos, formar valores, deberes, obligaciones, un plan de vida y, en fin, el adoctrinamiento del humano hacia el hombre. Bertrand Russell pensaba que “el objetivo de la educación es lograr que se perciba el valor de la realidad ajena a la dominación” con miras a crear “ciudadanos sabios de una comunidad libre”; y, además, que desarrolle las potencialidades en materia creativa: productos culturales que se repliquen exponencialmente, productos culturales que reflejen… la realidad particular y comunal del creador. La educación no engloba sólo comprensión del mundo, sino que -como dice mi (algo marxista) madre - ejerce como bobina para dejarlo mejor de como lo encontramos. Es adherir a lo racional lo razonable; es racional robar siempre y cuando satisfaga mis necesidades, sin embargo no es razonable si se pretende que el agente moral (en términos de libertad y autonomía) sea capaz de crear leyes morales con miras al Bien Común. Es entonces la educación es el motor para conseguir cambios sociales no excluyentes, justos; siendo la meta la adopción de una nación habitada por humanos asociados entres sí, reconocidos como iguales.

Sin embargo, y de esto nadie se asombre, la educación en México tiene la máxima de luchar por uno mismo. Hay un sinfín de causas con las que es posible especular sobre el por qué de la situación actual en México. Bastaría con mencionar dos: la falta de capacidad del gobierno para administrar las riquezas y la pésima formación de los individuos que la conforman. La segunda es consecuencia de la primera, de ahí la importancia de que sea analizada cuidadosamente qué se enseña y por qué se está enseñando; una mirada a la educación del mexicano.

En México la escuela se ha desvalorizado, colocándola como un recinto excluyente donde el que tiene la oportunidad se instruye para tener una mejor vida. Es el pensamiento que los señores de la humanidad nos han trasmitido, la máxima abyecta que Adam Smit despreciaba: “todo para nosotros, nada para los demás”. La educación nos deshumaniza. Es cierto, no podemos mentir. El modelo educativo es promotor de la desigualdad, marginación y, por tanto, génesis de la violencia. La educación de Russell posibilitaría la formación de ciudadanos críticos, capaces de reflexionar el acontecer de la vida pública y participar en ésta, trasformarla pacíficamente mediante el huso de la democracia; la nuestra nos convierte en mercancía… nos ensambla para vendernos a la mejor o peor empresa, etcétera y etcétera de los etcéteras.

Antes de seguir, es menester tomar un receso y hablar fugazmente de la democracia y su liga con la educación. Aristóteles pensaba que era un error guiarnos por la democracia, puesto que la mayoría no posee la verdad… siendo fácil caer en la tiranía; tiranía que hoy México vive… sí, Aristóteles no era filósofo, sino profeta. El mismo pensamiento se esboza antes en la República de Platón; la desconfianza a la democracia está en Séneca, Hobbes, Maquiavelo, Hegel, Cicerón, Santo Tomás de Aquino y el mismo San Agustín de Hipona. Si formalizáramos el argumento al estilo siglo XXI, se leería así: La democracia es el camino a la tiranía y sistemas oligárquicos, si y sólo si la mayoría no posee la verdad y/o vende su voto por despensas… hay gente a la que se lo exige la televisión. ¿Pero bastaría con educar al pueblo para que el argumento diera un giro estrepitoso? No, la educación no es garantía. En la Alemania NAZI, los educados terminaron realizando experimentos brutales con seres humanos. La educación debe ser orientada.

Regresemos del receso. A principios del siglo XX, nos expone Chomsky, la prensa obrera se había dado cuenta de la dirección de la máxima abyecta, misma que se presentaba como el Nuevo Espíritu de la Época: “hazte rico, olvídate de todo menos de ti mismo”. “Hazte rico, olvídate de todo menos de ti mismo”, es hoy en México y casi todos los lugares del mundo, el estandarte de la educación. Ya decíamos que el hombre se ve como mercancía, y que en su mayoría asiste a la escuela para la obtención de un papel que incremente su valor como mercancía. Se busca hacernos ricos para cancelar el sufrimiento y poder aspirar a lo que nuestras apetencias nos llamen, sin ningún límite. El hombre vive en penumbras, siempre infeliz, y el nuevo espíritu de la época le dice: “hay una salida, hazte rico”. El problema es que si cancelo al mundo como un todo, y lo concentro en mí sólo veré en éste lo que me sea útil. Y como diría Francisco de Quevedo: “La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come”.

No te preocupes si la UNAM no tiene una banca para ti, los señores tienen una frase que te puede ayudar: “Vales más sin estudios, esfuérzate”. La gente pude sentir que robando o cometiendo algún delito conseguirá sus fines. Recordemos que la escuela es excluyente, y por lo tanto muchos no podrán incrementar su valor en el mercado. La frustración por no poder desarrollar su plan de vida, es susceptible a manifestarse en conductas violentas. El narco y el ejército los esperan. El individuo está solo, pues sus homólogos velan por sus propios intereses. Añadamos que pertenecemos a un Gobierno, como lo decíamos anteriormente, corrompido y violento; qué poco puede importar al estudiado y al rechazado cambiar o buscar lo que Hume y Olivé decían: un Gobierno que se interese por el pueblo y una sociedad justa.

La apuesta es, en este caso, a una educación que posibilite la formación de ciudadanos responsables, críticos y participativos en lo que compete a políticas públicas en un sistema Democrático; la integración de actores sociales y una formación que oriente hacia la realización de un plan de vida. La educación filosófica, tomaré palabras de Fernando Savater, es “la preparación que faculta para vivir políticamente con los demás en la ciudad democrática, participando en la gestión paritaria de los asuntos políticos y con capacidad para distinguir entre lo justo y lo injusto”. Se lucha contra la Máxima Abyecta y el nuevo espíritu de la época, que han logrado desarticular los eslabones que vinculaban a los ciudadanos. De igual manera, o por reducirlo a una cosa, o porque se me acaban las palabras: se lucha contra el Neoliberalismo.

La educación posibilitaría una autentica democracia. Luis Tapia, filosofo boliviano, dice que la vía para el cogobierno es la igualdad y democracia; siempre y cuando “las mayorías y también las minorías participen en la vida política y en los procesos de gobierno”. Por ello ve a los regimenes liberales como una democracia reducida a la faceta electoral; donde partidos empresariales se montan en pocos meses y promocionan sus propios intereses, y los partidos que representan al sector popular y trabajador se conforman con largos procesos de organización. En ese sentido, mientras se den estructuras sociales que impliquen mayor desigualdad, el proceso electoral no será posible. La educación puede desfasar a la democracia de simple método electoral, a un cogobierno en condiciones de igualdad y libertad.

Pienso que en nuestra época, alcanzar un lugar habitable en términos de igualdad y libertad, sólo es posible mediante una educación filosófica, que forme ciudadanos responsables, críticos y participativos. El pueblo educado bajo la colectividad, utilizará a la democracia para la creación de una sociedad justa; y de esta manera podrá realizar su plan de vida. El ciudadano es el único que pude hacer un cambio pacífico, legal ó ilegitimizarlo democráticamente; sin excluir a las minorías. De lo contrario seguiremos en lo que Bolívar Echeverría exponía: en una democracia que sirve para poco, a diferencia del largo alcance que puede tener; sometidos a la burguesía que impone su voluntad, y quienes representan el poderío que se desvincula del pueblo; y una política que perdió el discurso racional, convirtiéndose vulgarmente negociadores.

Se terminaron mis tres cuartillas. Y no es de mi interés salirme de los límites permitidos. Pa pronto muchachos: no se debe permitir la desaparición de la filosofía en el sistema medio superior. Y…. fin.

domingo, 4 de diciembre de 2011

SÁNCHEZ: EL JEFE DE GRUPO / Alan Rojas Ramírez

La secundaria es terrible para quien no está dispuesto a cortarse las uñas y podar el pasto de su azotea a casquete corto. Terrible su imposición. Terrible el levantamiento de traseros cada que el profesor, a su entrada magistral, rompe la divertida parcimonia de quienes no gustamos colocar grilletes a lápices y plumas.

No negaré que pasé días enteros, quizás semanas, esbozando el plan para derribar aquel sistema. Colapsarlo. Ponerlo a mi servicio. ¡Ah cuán difícil fue! Todo estaba perfectamente armado: profesores, tutores, prefectos, libreta de reportes, la gorda de orientación, sub y director; hasta lo invisible tenía forma: conserjes, cabo de conserjes, laboratorista, proyectista y comitiva escolar. Máquina más perfecta no pudo ser construida. Hasta el hedor de los baños tenía un ser… un “para-qué”. Sin embargo, al arquitecto de aquel formidable palacio se le escapó un detalle.

Un día escuché, no recuerdo en dónde, que un tal Aristóteles dijo que la democracia nos llevaba a la tiranía, porque el pueblo no conoce la verdad. ¡Eureka!

El 19 de agosto estaba programado que el salón eligiera, por decirlo de una manera sana, a su representante: su jefe de grupo. Quien tendría la obligación de controlar a sus compañeros, rajando como cabra ante las autoridades, y por medio de la libreta de reporte, cada una de las fechorías cometidas en la ausencia de servidores y esclavos públicos.

Sánchez (Luis) era el chico más bruto y dócil de la escuela. Podía golpear su cabeza contra cualquier otro compañero sin cerrar los ojos; por diversión, para ver el destello fugas que le permitía comunicarse con fantasmas. Él podía ser el jefe de grupo; no necesito decir con qué fin. Tardé cuatro o cinco recreos para convencer a cada uno de los compañeros de proponerlo y votar unánimemente por él; y fue mi puño quien doblegó a los moralinos.


Tal como lo estipulado, el día 19 se presentó la prefecta e hizo que colocáramos en un pedazo de hoja el nombre de nuestros candidatos. Ya todo pactado, hicimos lo propio.

La prefecta abrió el primer papel: “Sánchez”. Pensó, desde luego, que era una broma. El segundo papel: “Sánchez”. Tercer papel: “Sánchez”. Al onceavo papel, se detuvo.

-No es posible- dijo alarmada –Sánchez no puede ser su jefe de grupo.


-¿Por qué lo discrimina?- pregunté con atrevimiento- ¿Es demasiado tonto?

-Yo no quise decir eso, Rojas- contestó intentando justificar su veto- Pero…

Justo en ese momento Sánchez se levantó y dijo con los ojos rojos y cristalinos: “Maestra, seré tonto en las mates y güey hasta en el fútbol, pero si usted me… me enseña, daré el todo para ser el más chido jefe de grupo… de todas las secundarias… de todas”.

Hace dos meses que pasó lo narrado: ¡y ya llevo tres reportes y un citatorio! Y todo porque la democracia “es” lo que el hombre puede llegar a “ser”: tirano, tonto o virtuoso.


jueves, 22 de septiembre de 2011

LAS JUVENTUDES EN MÉXICO: EVOLUCIONAR O COMBATIR


Las juventudes en México “debemos” evolucionar o combatir; principio básico de sobrevivencia. En nuestra disyunción, evolucionar implica sodomizar el cuerpo a base de salto y caída hasta el brote de alas. Emigrar es la opción. Volar, la única manera. Yo no me voy de aquí para morir en el camino: ¡mejor que una bala perdida quiebre mi cabeza en la comodidad de mi hogar! Empero si llegara a tener alas, rezaré incansablemente a cada aleteo para que el narco o los militares no cuenten con baterías antiaereas.


Ahora que si analizamos el segundo disyunto, combatir, nos ahorraríamos esfuerzo y tiempo. El combatir le va al joven, como las camionetas a nuestros depredadores. Naturaleza más evidente no se conoce en el reino animal. ¿Se imaginan 36 millones de jóvenes con bayoneta y granada en mano? Yo no; porque combatir no implica categóricamente una lucha armada. Combatir es actuar, hacer frente con acciones que puedan replicarse exponencialmente para transformar un entorno que se nos impuso: porque nadie nos preguntó si queríamos una guerra; pese a que, en nuestro sistema demócrata, la juventud es mayoría.


No hablaré de cifras -que ya mucho se ha dicho y es deber cívico estar enterados-, pero sí diré que frente a tan GRAN bono demográfico juvenil… el Estado Mexicano está haciendo poco (por no decir, nada). ¿Y sentirán vergüenza al llamar nini’s a quien no posee una preparación académica o un trabajo digno? Somos mayoría, y por eso nos matan. Somos mayoría y de no aniquilarnos, en el 2012 veremos una lluvia de publicidad política (dirigida a las juventudes) para votar por “quis” o “ye” partido. Regresemos al combatir.


Hoy los jóvenes tenemos la obligación de alistarnos para enfrentar su empresa bélica, o morir con la esperanza de que nuestra sangre sea hecha moronga: ¡deliciosa moronga!


Por lo arriba dicho: llegó la hora. Entremos a la guerra con o sin miedo, pero combatiendo. Combatiendo desde los colectivos, crew’s, clanes, pandillas, gangas, clicas, círculos, barrios, agrupaciones y etcéteras joviales. Allí habita la fuerza que, sin figura jurídica, podrá mantenernos vivos. Combatir con el graffiti, con las rimas sociales en esquinas, divulgando la filosofía, matizando vivazmente con puestas teatrales los barrios, y limpiando y reciclando y rescatando espacios contaminados. Combatir es actuar; dejar la indiferencia y asumir nuestra naturaleza.
Porque al final, combatir será la aventura más bella.


Mas si existiera joven con alas, cual paloma mensajera, habrá de contar la historia de los que nos quedamos a combatir: aunque para dar fe... deba mostrar sus cicatrices.

Alan Rojas Ramírez

jueves, 28 de abril de 2011

La maldición de un sabio / Alan Rojas Ramírez

Dedicado a Cauce Ciudadano A. C.





La maldición de un sabio.





Existió una vez, me contó mi conejo, un hombre con una extraña maldición: cada que tenía ideas buenas para la humanidad, a éste le pasaba alguna calamidad. Un día, por ejemplo, descubrió que las personas se encontraba a sí mismas (caían las máscaras), de la misma manera que en el álgebra se descubre el valor de “equis”. Antes de que su lápiz comprobara que su ecuación era valida, universal y necesaria, quedó sordo.

Otro día, por nombra un caso más, se le ocurrió la idea de crear una pastilla para llorar, así el ser humano podría drenar periódicamente su alma; pero antes de tocar el timbre de un científico, amigo suyo, perdió la voz.

Mudo, sordo y un etcétera de infortunios, decidió jugarse su última carta. Una noche, justo antes de dormir, escribió en una piedra con cincel en mano:

“hay tantas ideas en el mundo, pero cuando éstas involucran a la humanidad, bien vale la pena hacer el más grande sacrificio… porque en ella descubrirás que eres humanidad”.

A la mañana siguiente, la piedra fue colocada como epitafio en su tumba.

FIN.



Epílogo:
la idea del álgebra y la identidad, me la comentó Carlos cruz en una plática... una plática sobre el destino de la humanidad jaja

jueves, 21 de abril de 2011

horarios de los talleres



La directora crystal y el chalán alan

haciendo carteles



viernes, 18 de marzo de 2011

Cartas Anónimas / Alan Rojas Ramírez


I

Despertó con la convicción de que no volvería a saber de ella. Se lo decía la tenue luz que escurría por su ventana, el patético canto de los pájaros y su agitada respiración.

No lloró, no esta vez… prefirió tragarse la amarga saliva y las flemas cigarreras.
No llamó, no esta vez… prefirió encender otro cigarrillo y caminar soezmente por la habitación.

Con la espalda encorvada y los ojos idos, ejecutó la danza de los despechados. Cada recuerdo materializado fue cayendo en la enorme caja blanca: las cartas, el oso de peluche y la sexy tanga negra; la chamarra que le regaló en navidad, los zapatos que nunca utilizó y, por su puesto, el álbum que juntos adornaron; los discos de música, la novela de Arthur Golden… y lo demás también. No se detenía en ver aquellos objetos, sólo los arrojaba con furia intempestiva al sarcófago.

Tan pronto consiguió purgar su morada, tomó la pesada caja y, subiéndose al carro, se fue sin rumbo fijo.
Habrá manejado cinco horas antes de encontrar el lugar: un sombrío parque carcomido por la desolación. Sólo brillaba una fogata, como pequeña luciérnaga perdida en el desierto; lugar donde el lumpenproletariado se abrigaba del frío. Sin pensarlo, se dirigió hacia ellos. No le importó el crujir de las mandíbulas de aquella paria. No le importó nada, sólo se acercó y tirando la caja, dijo: “Tomar lo que les apetezca. Lo que no sirva, que bien logre alimentar su fuego”. Y realizando un gesto tajante, una mueca desabrida, se despidió de ellos. No fue hasta que prendió de nuevo el carro, que logró llorar… y su lamento se mezcló con el ronroneo del motor.

II

Los vagabundos se abalanzaron sobre la blanca y arrugada caja. Se manoteaban y codeaban, e incluso comenzaron los golpes por la chamarra.

-Aún apesta- dijo uno de ellos al frotar en su nariz la tanga negra.

-Oh, sí que apesta- replicó otro mientras le arrebataba la prenda.

-Sss, estaba chula la condenada- dijo aquél pasando las fotos a sus compinches.

Sólo un viejo, de saco roído y pútrida imagen, esperó a que todos volvieran a su inerte estado: gárgolas idiotizadas por el danzar del fuego. Tomó la caja con sumo sigilo. Sonrió al ver que a él le había tocado lo mejor: las cartas. Las ordenó cronológicamente, para después leerlas una a una; con la intención de recrear toda una vida y, con ello, la muerte entera.

Llevaba a todos lados los vestigios de aquel amor, ruinas entintadas. A veces, a penas terminaba de limosnear en algún crucero, se compraba una cajetilla de cigarros y las volvía a releer; cada vez intentando descubrir algo nuevo: “Las palabras no pueden expresar lo que tus besos sí consiguen”, “te regalo mis ojos, para que veas lo hermoso que eres”, “No lloro porque me hayan lastimado tus palabras, sino por el amargo deseo de nunca haberte conocido”. ¡No! Creo que no quería descubrir algo nuevo, sino era el hecho de saber si lo había leído bien, pues a veces parecía otro idioma: msj, bn, k, XD, pro, tkmmmm. En fin.

III


Un día, cuando el viejo descifró y memorizó cada una de las cartas, se le ocurrió una idea. Prendió un cigarro y, en un acto vandálico, borró el nombre del destinatario y la firma del remitente. Las convirtió en anónimas; liberadas de toda responsabilidad con la historia.

En su andar, pasado un tiempo, descubrió un triste barrio de clase media. Nadie se saludaba. Todos eran perfectos desconocidos, e incluso indiferentes con el entorno en que habitaban; gran ejemplo era el pequeño jardín céntrico, cuyas enredaderas arropaban árboles y escondían nidos de ratas. Incluso carecía de comercios; el más cercano estaba a veinte minutos caminando.

Una madrugada, el viejo vagabundo de saco roído, depositó en los buzones y pórticos las sesenta y cinco cartas. Ni él sabía lo que deseaba con semejante acto, sólo se vio impulsado por una extraña fuerza. Ellos lo necesitan más, pensó, que buen provecho les haga.

Regresó a las tres semanas y dio cuenta de que la gente se saludaba arrojándose, como sablazos, algún piropo: “Hola vecino, esa camisa le sienta bien”, “¿Quiere que le ayude con la bolsa Lucero? No podemos dejar que se lastime esas hermosas manos”, “Ay vecinito, disculpe si lo molesto pero no tendrá un poco de azúcar que me regale”. Hasta la calle olía diferente, como perfumada: mezcla homogénea de la esencia de cada uno de los colonos que, por cierto, armonizaba perfectamente.

El anciano no estaba seguro de que fuera por obra de las cartas, hasta entrada la media noche. Descubrió que, bajo el cobijo de la luna, una nueva y extraña costumbre había despertado en aquel barrio: la gente salía a caminar con un sobre entre las manos.
FIN.
epílogo
ahora el tipo del sarcófago escribe cuentos jaja

viernes, 11 de marzo de 2011

ÉTICA Y FACEBOOK

Alan R. Ramírez



No sé cuál es "la verdadera" función de Facebook o, si es el caso, la utilidad que le dan las personas. Con ello no quiero adjudicarme la máxima socrática: yo sólo sé que no sé nada. Por el contrarío, vislumbro a Facebook como una herramienta de comunicación que inyecta anabólicos a nuestro espíritu narcisista; y, además, la correspondencia con más eficacia en la historia del hombre. De tal forma que, por donde se mire, es “algo” que afecta a una sociedad o conjunto de animales racionales y razonables. Si aceptamos lo antes dicho, valdría la pena preguntarnos: ¿es necesario un código (o tabla de valores) ético en nuestra sociedad virtual? Evidentemente que sí.

Debemos pensar en la otredad, como pieza fundamental en la ÉTICA DE LA SOCIEDAD VIRTUAL.

Otredad tiene que ver (y creo que así lo quiso dar a entender Octavio Paz) con afirmar nuestra existencia en el otro; a la mierda el solipsismo y el “pienso, luego existo” occidental. ¿Cómo reconocer al otro a través del Facebook? Vale la pena la pregunta, pues Facebook puede, o tiene la capacidad de EGOcentralizar al individuo y hacerlo decir: “hablen, escriban o comenten sobre mí (mi vida, mi mundo, mi realidad, mi, mi, mi)”; cosa nada mala, lo malo está en la utilización del otro para la autosatisfacción (no hay reciprocidad ni reconocimiento del “otro”, pese a que se deban al “otro”). Y, cabe advertir, no hablo solo de las figuras públicas, sino de cualquier persona con la capacidad de acceder a Facebook.

Muchos piensan que -su cuenta personal de Facebook- es como su casa; es decir, una propiedad privada. “Lo que haga y deshaga dentro de mi propiedad, es solamente mi problema” (ojo, analicen el “mi”). Podrá alguien argumentar que es cosa del creador, a lo que contesto: no pensemos en Fecebook como alguien que está haciendo dinero, sino como un lugar en el que estamos relacionándonos (no hablaré, por consiguiente, sobre el contrato que aceptamos al crear nuestra cuenta o propiedad privada). Siempre que exista una sociedad, lo que hagan o dejen de hacer las partes se verá reflejada en la misma. Hay que pensar en el otro. Hay que ponernos en los calzones del otro. Veamos que pasa cuando no aplicamos este principio:

Una de las herramientas más utilizadas en Facebook es el ícono “me gusta”; con el que, evidentemente, quieres mostrar tu aprobación, interés, agrado o placer por algo en particular. Pongamos un ejemplo concreto:

Che Guevara publica en su muro: “ [Fidel], las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera”. A Obama le agrada el comentario y utiliza la herramienta “me gusta” para dos cosas: Quiere mostrarle a la comunidad que lea lo publicado por el Che, lo mucho que le agradó y, dos, enterarse de lo que la comunidad escribirá al respecto (pues al utilizar esa herramienta, le llegarán notificaciones a su correo). Resulta que pasadas tres horas, Obama ve 33 correos que dicen, individualmente, Calderón (y Evo Morales) comentó el estado de Che Guevara. Desde luego que Obama se interesa y va directamente a ver los comentarios. Pero resulta que Calderón y Evo Morales no dicen nada respecto al estado del Che Guevara, sino que se la pasan hablando de cosas mezquinas. El afroamericano no sólo se decepciona, sino que pierde tiempo en leer las idioteces de estos dos personajes y, además, en eliminar los 33 correos que le llegaron. Es evidente que Calderon y Evo Morales no se pusieron en el lugar de Obama y de todos aquellos que querían darle continuidad al estado del guerrillero; peor aún, les importó una mierda lo que el propio autor publicó.
Caldero y Evo Morales debieron, por nuestro primer principio, crear otra conversación que no afectara a la sociedad virtual; es decir, buscar los medios que propicien su debate o, como es el caso de nuestro ejemplo, apropiarse de un lugar en donde hubiesen mantenido su conversación.

Otro ejemplo es el etiquetar fotos: ¿nos ponemos en el lugar del otro? Muchas veces se etiquetan propagandas, fotos de fiestas, etc., etc., ello puede no molestarnos (pese a que no se preguntó el etiquetador si era de interés para el etiquetado). Sin embargo, en ciertas ocasiones la etiqueta es totalmente irrelevante (como poner la concha de su madre) y, no obstante, tienes que chingarte todas las notificaciones que te llegaron al respecto (sobre la pinche concha de su madre). Y no me vengan con chingaderas de: “deshabilita las notificaciones”, porque... bueno, es evidente que ya lo dije: otredad.

Pero bueno querido lector, si es que existió tal. Es tarde. No se deben tomar tan enserio mis palabras, no obstante es menester cuestionarnos sobre la necesidad de una “ética de la sociedad virtual”. Aunque sea por negocio: ¿se imaginan un buen libro al respecto? Yo lo compraría jaja y no dudo que ya exista. Me voy.

A una hora de escribir mis pendejadas.

BYE.

Parte que eliminé: El gran problema que se nos presenta al simbolizar a las personas con fotos y palabras, es pensarlas como fotos y palabras que elogian o se dejan elogiar; que nos leen y nos dejan leer; que nos aman y nos dejan amar; que nos etceterean y nos dejan etceterear. Pensarlas como fotos y palabras.

martes, 23 de noviembre de 2010

AUTORES DEL LIBRO CIUDAD RAP PROTESTAN EN TEHUACÁN, PUEBLA

Noticias
El Yelmo Colectivo
Noviembre 22 del 2010

El 20 de noviembre del 2010 se llevó acabo la tercera presentación pública del libro Ciudad Rap, en el marco de la XIV feria del libro en el complejo Cultural “El Carmen” Tehuacán, Puebla. La presentación fue coordinada por la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) y la Universidad Leonardo Da Vinci.

A las 19:00 Hrs. comenzó la presentación del libro Ciudad Rap. En un acto inesperado, Alan R. Ramírez, autor del libro, incitó al público a prender una veladora por los jóvenes asesinados en la llamada guerra contra el narcotráfico. Así, más de dos decenas de veladoras acordonaron el escenario. Genaro Wong, corrector y editor, expuso que “no está bien la criminalización que el gobierno hace a la juventud. [...] Nos parece pendejo que el gobierno nos vea como lacras sin oficio ni beneficio”.

El anfitrión Lic. Raphael Molina, señaló, desde el público, que debemos hacer un esfuerzo por entender a los jóvenes, ya que no ganamos nada marginándolos. Así comenzó la reflexión sobre la importancia de libros como Ciudad Rap; mismos que ayudan a entender la realidad de la juventud en México.

Una señora, algo despistada, pensó que los ponentes eran “rateros”, en lugar de “raperos”. Preguntando que “si fuera una señora de 60 años ¿me robarían?”. Malik, del grupo Mentez Adiktaz, contestó: “Me siento capaz de hacerlo, me siento fuerte como un oso, pero va contra los valores y costumbres de mi cultura”.

Al finalizar la presentación, Alan R. Ramírez, evidenció el gran valor que tenía la invitación que les extendió la UPN; ya que en el Distrito Federal, lugar del que son originarios, “fuimos rechazados, no nos dejaron estar en la feria del libro a menos que les pagáramos”. “Por ello, continuó, es para mi un honor inaugurar en el parque ecológico de Tehuacán, la primera embajada de nuestra Ciudad Rap”.

Al finalizar la presentación del libro se dio paso al evento cultural de Rap. El primero en cantar fue Kopas, de Mal Crew, quien logró que los jóvenes se pararan de sus asientos y levantaran las manos. Le secundó Letras Sin Censura, de ciudad Nezahualcoyotl, grupo de gran trayectoria y experiencia en el escenario. Mentez Adiktaz gustó a la gente, tanto por sus temas originales como por su sincronía; incluso el público les apoyó en sus coros. El último de los grupos foráneos, fue Magnolia Ridaz, quienes lograron hacer reír y concientizar al público; la mayor sorpresa la dio el rapero Bretch, integrante del grupo Honor a México, quien cantó dos canciones con sus homólogos de Magnolia Ridaz.

Así, al finalizar el evento, una hilera de veladoras dejó testimonio de lo que en Parque Ecológico se vivió. A cien años de la revolución mexicana.




Fotos: Diego Rodríguez B.

martes, 16 de noviembre de 2010

Yuhumke

Yuhumke

Alan R. Ramírez


Hacía años que Yuhumke dormía con el televisor prendido. Incluso despertó en él la virtud de economizar en los gastos escolares, a fin de poder pagar a sus hermanos para que lo dejaran estar en su cama. Pero apenas lo sorprendía su padre, era reprendido o humillado; haciéndole saber que sólo los maricas duermen juntos.


Su abuela era la única que intuía que algo malo le pasaba a su nieto de diez años. Le veía siempre solo. Su miedo era exteriorizado en sus negras ojeras, en su esquelético cuerpo y boca seca y cuarteada. Los niños de su edad lo rechazaban, lo percibían como algo maligno y de quien se tenía que huir. Hasta su propia madre sentía escalofríos al verlo merodear por la casa con su lámpara de baterías. Así fue como todos dejaron de prestarle atención, le comparaban con un objeto más del entorno en el que se encontraba. Sólo la abuela, quien compartía la misma segregación por la sociedad lo entendía o lo intentaba entender.


Yuhumke fue elegido por Nalhá, el demonio encargado de guiar las almas que adeudaban favores a Braxos.

-Yuhumke- le decía desde la oscuridad. –Ven conmigo. Yuhumke. Ven hijo. ¡Ven!


Él, en cambio, se escondía entre los cobertores. Hacía pequeñas bolitas de papel y las introducía en sus oídos. Murmuraba para crear un propio ruido interno que, junto al susurro del televisor, opacara el bufeo de Nalhá.


La primera vez que lo vio, fue porque pensó que era una broma de sus hermanos. Saltó de la cama y se dirigió al lecho del que brotaba la agria respiración. Justo detrás del closet, entre los abrigos. Sacó su lámpara y como revolver jaló el gatillo disparando la luz. Medía a lo mucho metro y medio; sus largos brazos lo hacían encorvarse, como jorobado; de piel roja, o negra, o mezcla de rojo y negro; su cara era hermosa, labios carnosos y nariz delicada; sólo los ojos desentonaban, eran como dos carbones al rojo vivo. Yuhumke cayó al suelo y quedó por un momento petrificado. Veía como Nalhá se aproximaba a él y le extendía su mano con dedos de tarántula. Mas al momento de tocar el rostro de Yuhumke, éste salió disparado al cuarto de sus padres. Le explicó todo. Los guió hasta el lugar… pero nada… se había ido. Volvió a llevar varias veces a sus padres, después a sus hermanos, hasta que la familia por completo lo tomó como un niño con amplia imaginación.


Desde entonces él se hizo cargo del asunto. Debajo de su cama montó imágenes de Cristo; que adquiría en la iglesia. En una ocasión logró comprar agua vendita, misma que roció por todo el closet. Pero nada cambiaba, peor aún: Nalhá comenzó a rasgar la madera del closet o gruñir. Yuhumke optó por dejar la luz del cuarto prendida. Sólo así lograba dormir un poco, pero pasado un tiempo el ruido lo despertaba y se daba cuenta que la luz y el televisor estaban apagados. No sabía como Nalhá lograba eso, hasta que descubrió que no era él sino su padre, quien, al ir al baño, pasaba con Yuhumke y apagaba todo mientras el dormía. Resignado, no le quedó otra masque dormir enconchado debajo del cobertor.


Justo cuando comenzó la costumbre, las cosas empeoraron. Yuhumke no sólo era llamado desde la oscuridad, sino que Nalhá, en su furia, le movía la cama; o hacía cualquier maldad que se le ocurriese.


La última noche Nalhá sobrepasó la raya, pues no soportaba la indiferencia del niño.


-Yuhumke, Yuhumke- con rasposa voz le decía –Ven. Te daré inmortalidad y juntos danzaremos para alegrar el corazón de Braxos- le jalaba la sábana –Te digo que vengas- y por último le quitó por completo la cobija- Yuhumke, Yuhumke.


Pero Yuhumke permanecía como roca. Podía sentir la mano de Nalhá acariciando su pierna y, sin embargo, no movía un solo miembro de su cuerpo. En ese momento deseaba correr, volar o desaparecerse; gritar tan fuerte como su pequeña garganta se lo permitiera o morir. Pero ocurrió todo lo contrario.


-¿Por qué no me dejas Nalhá?- dijo murmurando, sin abrir los ojos o descongelar su cuerpo.

-Yuhumke- Respondía con la misma voz rasposa –Te elegí a ti porque tu alma es pura. Ven conmigo. Braxos te recibirá con alegría. Te regalaré almas, para que te sigan como perro. Yuhumke. Ven.

-¡No quiero!

-No tengas miedo.

Yuhumke sabía que jamás lo dejaría. Que no importaba cuantas suplicas realizara, siempre lo buscaría. Así que tomó la decisión.

Nadie hubiera sabido de su ausencia, sino era por su abuela. Ella fue quien dio la noticia de que Yuhumke no estaba. La búsqueda fue silenciosa, la casa se inspeccionó minuciosamente; después escandalosa, gritaban su nombre por las calles e incluso pegaron carteles con su foto. Pasó un mes, luego tres y por fin el año. Hasta que fue olvidado.

Me han dicho que Yuhumke se convirtió en demonio, y que hace favores a cambio de una vida. Si deseas, por ejemplo, que tu amada regrese a tus brazos, tan sólo prende una vela. Rocía la cera caliente en el piso, formando una B (de Braxos) y una “Y” (de Yuhumke) y canta lo siguiente:


Yuhumke, hijo de Nalhá, te llamo
Siervo de Braxos, te llamo
Yuhumke ayúdame
Yuhumke el desamparado vuelto príncipe
Ayúdame
Yuhumke el que ahora vive en las tinieblas
te necesito
Yuhumke, Yuhumke…

miércoles, 6 de octubre de 2010

La máquina “Rompe cráneos”

Rompe Cráneos: El reclusorio busca castigar, no rehabilitar.

Los reclusorios, al menos en México, tienen la misión de reinsertar en la sociedad a cualquier persona que impuso sus leyes frente a las que rigen en su Nación o Entidad. Se atenta contra el orden y la paz cuando se da la cancelación, por parte del individuo, del reconocimiento y obediencia a la ley. Así, por ejemplo, el ladrón decide robar pese a que existen leyes que lo prohíben, ya que encuentra (como Hume expresa en el “Tratado de la naturaleza humana”) ventaja al no reconocer dichas leyes. El reclusorio se propone, en la forma más vaga, tres cosas: castigar, rehabilitar y reinsertar. Porque de eso depende el orden: reconocer y obedecer la ley.
Ahora bien. Lo que está en juego es la conducta, la desobediencia del individuo hacia la ley ¿es necesario el castigo? Imaginemos lo siguiente:

Samuel desobedeció la ley al robar, con el arma de su abuelo, a cinco peatones en un sólo día. Su botín fue equiparable a la paga mensual de un obrero.

Es evidente que Samuel ha descubierto que saca mayor ventaja al ir en contra de la ley. Sin embargo, al mismo tiempo, no le conviene que los demás o todos realicen el mismo acto. Esto se explica por el imperativo categórico kantiano. Toda persona racional y razonable, como Samuel, puede realizar un imperativo categórico, en el que descubren que si todos robaran, de nada serviría pues de un día al otro les robarían lo que ellos robaron; de tal manera que encuentran desagradable un mundo con esa máxima.

También podemos ver que Samuel seguirá ese patrón, e incluso puede llegar un momento en que olvide por completo la ley que condena tal acto y el castigo por el mismo. Sigamos imaginando:

Después de un año, habiendo vivido cómodamente, Samuel es sorprendido robando por una cámara de vigilancia del Distrito Federal. Además, la última persona a quien robó está lo suficientemente molesta como para atestiguar en su contra.

Es hasta ese momento que hace su aparición la justicia positiva del (insipiente) Estado mexicano. Samuel podrá berrinchar, llorar, prometer que no lo volverá hacer, pero ante la ley nada sino los hechos delimitan la sentencia. Ahora fantaseemos:

Samuel no sabe que un científico mexicano logró, mediante la máquina “Rompe cráneos”, cambiar en dos días las conductas de los seres humanos. Ni tampoco que en los reclusorios han aprobado que se utilice dicha máquina con los internos para reinsertarlos a la sociedad.

Pienso que no sólo sería bueno para un civil que le asegurasen que Samuel no volverá a robar, sino que además se podría gastar sus impuestos en otras cosas. En dos semanas el criminal estaría de nuevo en la sociedad y moriría de hambre antes de volver a robar. El problema es que se atentaría contra la naturaleza humana: la elección. Pero bueno, sólo estamos fantaseando. Hasta aquí parece que deberíamos darle el Nobel al científico mexicano pero cambiemos el crimen:
Samuel abusó sexualmente de Samanta, una niña de 10 años. La amenazó, le dijo que mataría a toda su familia.

Hagamos más cruel el asunto:

Samuel, al cabo de un año, había abusado sexualmente de una docena de niños y niñas. En una ocasión mató a Juan, un niño de 8 años, enterrándolo en el jardín de su casa. A partir de una denuncia anónima por parte de un niño, logran su detención.

Imagina que fueras el padre o madre de uno de los niños y te dijeran: “no se preocupe, hemos detenido a quien abusó de su hijo. Cuanto antes lo someteremos a una máquina llamada “Rompe cráneos” que corregirá la conducta. En dos semanas estará de nuevo en las calles. Debe estar segura de que jamás volverá a tocar a su hijo o a cualquier menor”. ¿Lo aceptarías o desearías que recibiera un castigo, que pagara con su libertad durante quince años, que los internos del reclusorio lo violaran? O aceptarías la oferta para, al verlo en las calles, matarlo. ¿Qué harías?
Me quedan cinco minutos para salir de mi servicio social, y si escribí este disparate fue sólo porque ayer me surgió la idea de la máquina “rompe cráneos”. Así que no creo retomar el tema. Hagamos rápidamente unas conclusiones. Demasiado tarde… háganlas ustedes mismos. ¿Se busca el castigo o la rehabilitación, o bien rehabilitarlos castigándolos? Y recuerda, tú también podrías imponer tu propia ley.
Un beso
Alan R. Ramírez
(Escrito en el imjuve)

sábado, 11 de septiembre de 2010

Así me siento

Alan R. Ramírez
Así me siento

No sé qué piensen ustedes, y tampoco sé si me gustaría saberlo, pero ¿no da más lástima ver hombros deslizándose como gusanos, que besos ensalivando lápidas como caracoles? ¿Y quieres saber cómo me siento? ¿Si te lo digo me creerías? La gente no sabe, tú sí pero lo olvidaste… y duele… ya no duele… regresa y dime a la cara: “¡Déjame!”. Nunca fui buen estratega en el arte de la apatía, y tú tampoco en el de la mentira: yo podré ver un día el sol, pero, y mira que es cierto, tú jamás podrás ver las grietas de mi corazón…
…Y así me siento
Furioso, como cuando ves llorar a tu hijo
impotente como el preso, de ojos negros y abiertos, intempestivo
fatigado de tanto correr del olvido
y olvidadizo del dolor que una mujer provocó
como cuando te das cuenta que el “tú” es sinónimo del “yo”.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Mezquinos lloriqueos

Alan R. Ramírez

El niño se encerró en su cuarto y como una bolita de migajón se encapsuló en la nave espacial que tiene bajo su cama. Quería llorar, y para eso tardó una semana planeándolo. Todos los días, en el recreo, escribía las causas por las cuales las personas lloraban, esperando encontrar la adecuada para él: "Papá lloró porque lo dejaron sin trabajo, pero yo nunca he trabajado; mamá lloró porque papá le dio un beso, pero mi papá no me da besos; mi hermana lloró porque ya no habla por teléfono Carlos, pero a mí nunca me llaman los Carlos; Juanito porque su mamá lo golpea, pero mi mamá nunca me pega, ni siquiera tiene tiempo de regañarme; y la televisión es aún más absurda". Cuando cayó en cuenta, cuando terminó por tachar toda su lista, lloró como nadie en el mundo lo había hecho: "¿Es acaso que no soy humano?".

lunes, 16 de agosto de 2010

Don Genaro: El Caballero Del Suicidio Asistido / Alan R. Ramírez

Don Genaro: El Caballero Del Suicidio Asistido / Alan R. Ramírez http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf" style="outline:none;" rel="media:document" resource="http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf?document_id=35991826&access_key=key-aazl85dr94br4cwjl8&page=1&viewMode=list" > http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf"> http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf?document_id=35991826&access_key=key-aazl85dr94br4cwjl8&page=1&viewMode=list" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" height="500" width="100%" wmode="opaque" bgcolor="#ffffff">



o el link: http://www.scribd.com/doc/35991826/Don-Genaro-El-Caballero-Del-Suicidio-Asistido-Alan-R-Ramirez

jueves, 29 de julio de 2010

Amar es una elección.


Alan R. Ramírez


Hace mucho, quizás hoy, alguien me preguntó: “¿Por qué sigues amando de esa manera, es acaso que no te das cuenta del daño que te hace?


Guardé un poco de silencio, amartillé las palabras y ensalivando la boca le respondí lo siguiente:


“Amar es una elección; no conozco a nadie que ame contra su voluntad. No confundas amar con depender; no confundas amar con reciprocidad; no se te ocurra jamás relacionar al amor con la felicidad. Yo he decidido amarla y, por si fuera poco, en que cantidad, peso o volumen hacerlo.
Bajo el manto del llanto me acobijo; es cierto, a nadie se lo puedo ocultar. Finas agujas se sumergen como agua en mis pies. La glóbulos rojos y blancos huyen a todo galope por mis rodillas, mientras éstas besan el polvo; polvo hecho de piel, piel de personas, personas que cambian su apariencia como boas.
Amo a quien deseo amar y no pido nada a cambio. En cambio pido que me dejen amar, pues no existe mayor daño que el fracturar lo único que se posee: la amada libertad”.

domingo, 4 de julio de 2010

Problemas con mi novia.

Problemas con mi novia.

Alan R. Ramírez.

Aburrido en el Servicio Social, sin tareas por realizar, me planteé un problema que tenía con mi novia. Después, con un poco de brujería, le hablé a una bandita para que me ayudara.

“A” quiere “X” de “B” para obtener “Q”.
“B” no está dispuesto a dar “X” cuando “A” lo quiera.
“B” quiere “S” de “A” para obtener “Q”.
¿“A” debería dar “S” a “B”, pese a que no tendrá “X” de él?

Mill: “A” y “B” deberían ir a tomar un café y pensar si “X” y “S” –moralmente- pueden promover bienestar a más individuos de su comunidad, porque “Q” es igual para ambos.

Aristóteles: Café mis barbas. “A” y “B” deben actuar con razón, ¿Qué importa “X” y “S”? lo menester es que los agentes sean moralmente virtuosos.

Schopenhauer: Lo que Aristóteles quiso decir es que “X” y “S” sólo son un espejismo; la realidad está más allá de la representación.

Aristóteles: Chinga tu madre Schopenhauer.

Respuesta de Kant: No, Shopen, “A” debe actuar de tal manera que la máxima de su acción se convierta en una ley moral; es decir, todo ser racional y razonable dará o no “S” y/o “X” sólo si el imperativo categórico se lo permite…

Rawls: …Amenos que Z.

Nietzsche: Kant está pendejo. “Ayúdate a ti mismo, y entonces te ayudarán también los demás”. Pero si “A” es débil, hay que ayudarle a bien morir.

Maquiavelo: A todo esto caballeros: han pensado que la respuesta está en saber ¿qué es Q?

(Lo que dicen los filósofos, no debe tomarse tan apecho. Sus posturas las saqué de la memoria, por lo que probablemente sean erróneas).

martes, 22 de junio de 2010

QUE LA SÁBANA BLANCA CUBRA SU ROSTRO

CARLOS
(Continuación del relato de Ana).

Alan R. Ramírez

02/07/2008


Me dijo que me amaba, que lo hacía por mi bien. “¿Qué te amaba? No Carlitos, ella siempre te deseo lo peor”. ¡Cállate, largo! Tú nunca aceptaste lo nuestro. “Ahora mismo debe estar besándose con alguien mas”. No, por favor dile que regrese, a ti te escuchará. “No Carlos, ella no regresará”.

Hija de su puta madre. Mátala Carlos, desaparécela de la tierra”. Ésta no se la voy a perdonar. Si ya no me amaba, por qué no me lo dijo… y esa mamada de darnos un tiempo. ¡Ya sé! “No Carlos, eso no te servirá; aunque le llevaras mil rosas ella no regresará.” Debe regresar conmigo, estoy seguro de que sólo es una broma. “¿Debe? debes matarla, que la sábana blanca cubra su rostro”. Sí, tienes razón ¿Cómo se vería un cuchillo en su puerca barriga? “No, no. Piénsalo Carlos, sería mucha sangre, y recuerda que en Coyoacán pasan muchas patrullas”.

No puede ser real, apenas ayer cumplimos tres años. Quizás sea un sueño, sí, eso debe de ser. Vamos Carlos, ella se fue egoístamente, no puedes cambiar eso. Ahora debe pagar el daño; enséñale que tú eres muy diferente a los hombres con los que a fornicado”. Te equivocas, ella me dijo que yo era el primero en su vida. Otra mentira más que te exhorta a detener su reloj”.
Recuerdo el día que por vez primera la miré. Puta biblioteca, cultivo de esperanzas ¿Cuántos son los afortunados de ligar bajo las cobijas manchadas de palabras? Ahí estaba ella, ahí estaba yo, encapsulados en la cámara del silencio. “¿A dónde quieres llegar Carlos?”. Mira, la preparatoria y yo la vimos crecer. “Eso no está en juego”. Era la chica más hermosa, ante ella se arrodillaban todas las princesas, caballeros y escuderos; patentó un nuevo modo de sonreír, de caminar; quizás de llorar. “Una puta”. ¡No! Al contrarío, era un mar de sentimientos en mis entrañas; la chica tierna que suele abrazarte cuando estás destrozado por la familia. “Y la que te dejó por otro”. ¡No! Ella no puede hacer eso. “Revisa tu bolsillo. Vamos. Sí ¿qué más pruebas quieres que el que te haya regresado todas tus cartas?” Pero cómo paso. No recuerdo eso. “¡Claro que no! Yo las recogí después de que te dio una cachetada y las instalé en tu bolsillo mientras, con la mano en la mejilla, te sentabas en el filo de la banqueta.” Hija de su puta madre. Tomaré el arma de papá y haré que ruegue por su vida; detonaré sobre su cráneo todo el cartucho y, viéndola sin rostro, me iré. “Carlos, el ruido de esa arma traerá de inmediato a toda la policía y terminarás siendo una lata de comida para drogadictos”.

Yo la amo, por qué me terminó. “¿Lo olvidaste? Es fácil que te dejen cuando no fuiste programado para el noviazgo, tú naciste para leer”. Pero eso es lo que le gustaba de mí. “Quién te ha engañado. ¿Y por qué no llevaste todos los libros a la fiesta donde te engañó con el fulano aquél?”. Hablas de la foto en donde sale ella abrazado de otro en el espacio de su amiga (en Internet). “Ella se fue a la fiesta y no le importaste. Y no le importaste porque tenía a alguien más que la acompañara. Él tiene carro, dinero, sabe bailar; y tú, tímido lector de mierda”. Pero no salen besándose, quizás sólo eran amigos. “Mi ingenuo Carlos. Se abrazan tiernamente. ¿Por qué te dejo entonces?”. Maldita perra, la mataré cual Jean Baptiste Grenouille, un certero golpe la desnucará. “Carlos, serás al primero que busquen; todos sabrán que fuiste tú”.

¿Qué voy hacer? Ella es mi vida. Estudio para ser el mejor y demostrarle que puedo mantener algún día nuestra familia. Ahora mismo trabajo de repartidor para pagar lo que se le antoje cuando caminamos juntos; me corto el cabello, me rasuro y me lavo la boca con frecuencia, no es que no me guste eso, lo hago para que no le de asco besarme; los pupilentes de aumento cumplen la misma función; la loción, la ropa de moda, los detalles. ¿Qué hice mal para que me cambiara por otro? Vamos, dime cómo acabo con su vida.


“Deja de caminar en círculos. Tranquilízate. Debes entender que no hay peor puta que la que da carisias sin cobrar; por ello no habrá arrepentimiento. ¿Aún tienes las llaves de su departamento?”. Sí, aquí están. Bien. Entrarás en la noche, y sin hacer ruido descolgarás el teléfono. Antes deberás ponerte guantes y amarrar un pedazo de tela cubriendo la planta de tus zapatos. Camina entre la sombra, y respira únicamente con la nariz. Que no aborde a tu cerebro el sentimiento, sólo piensa en el daño que te ha hecho”. Continúa. Sigue. Una de tus manos presionará con fuerzas su boca y la otra se transformará en una tenaza sobre su nariz. Primero pondrá resistencia, pero con el pasar de los segundo su cuerpo quedará inerte, y después de unos minutos sin pulso. Tomarás un cuaderno, el que más use, y tíralo al suelo; no muy lejos de su cama. La tapa de un plumón, que llevaras desde aquí, la atorarás con fuerza en su garganta; con ello, pensarán que fue un accidente. Tendrás que arrastrarla hasta el teléfono, y con su mano toca todo lo que esté alrededor de él; después llévala a la puerta y has lo mismo”. Y ¿adónde dejaré el cadáver? “Justo en frente de la puerta. Pon su dedo índice dentro de su boca, como si hubiese querido provocar el vomito. No olvides dejar prendida la luz de su cuarto y la televisión a un volumen moderado. A la mañana siguiente te dirán de su muerte, lloraras, romperás lo que te rodeé”. Pero, y si saben que me terminó, qué diré. “Les explicarás, entre tu llorar y con voz confusa, que en medio año habían terminado cinco veces, que sólo era una pelea más, que estabas seguro de que todo regresaría a la normalidad al día siguiente”.



Ya estoy preparado. No. Espera. Necesito escribir una carta por si tu plan falla; aguarda en el auto. “Maldita sea, esto no es un juego Carlos. Como quieras”.

02/07/2008 a las 2:34 am
A la puta que amo:

Cómo comenzar la carta que, hasta hoy, es la más triste de mi vida. No es fácil tirar las maletas, ni la brújula que trasportaba mi cuero por febriles y turbios lugares. Duele tanto que, ahora, no sé cómo despedirme: del teléfono, del pensar y fantasear, del no poder mirar atrás; de la hermosa sensación de concebirme amado, del creer ilusamente que estarías siempre a mi lado.
Maldita perra. Te odio, no por lo que me has hecho, sino por lo que me harás hacer. Alguna vez mamá dijo que sería el mejor pianista y por ti dejé las clases, por trabajar para tus gustos. Alguna vez soñé ser el mejor, alguna vez. Puta. Maldita puta. Besar con los ojos cerrados nunca fue lo mío; ya me lo decía Marcos (cuando lograba escaparme a las “Delicias”) no confíes en una mujer que no abraza cuando tienes un dolor de muelas.
Pero te amo. Sé que he escrito más de una carta intentado terminar con punto final; sé eso y muchas cosas más. Por ejemplo: que me espera en mi cuarto la soledad, la duda de pensar si fuiste la indicada y el último cigarro que dentro de un momento se prendera.
Recuerdas nuestro primer beso. Aquél semáforo, tan sistemático, jamás volvió a ser el mismo. Los carros hacían que tu rostro parpadeara y, de repente, como arte de magia, ¡pum!, ahí estás sobre mi nariz. El humo del cigarrillo que se deslizaba sobre nuestros brazos, haciendo parecer que estábamos más cercas del cielo de lo que pensábamos. ¿Lo recuerdas? Mis pies temblando, tu respiración, la canción de pink floyd a lo lejos. ¿Lo recuerdas puta ingrata? Ahora tengo una vida en mis manos, ya lo sabrás.
Es hora de despedirme. Tendría tantas palabras que citar a este festín, pero no vale la pena escribirlas, las putas, siempre serán putas.
Quien alguna vez fue tu Carlos.
P.D. Perdona mi niña; pórtate bien, y, jamás ames más de lo que yo te ame.

“¿Por qué tardas tanto Carlos? No hay tiempo para que tiendas tu cama. Vamos”. Por favor, márchate de este cuarto. “De qué hablas Carlos, ya prendí el carro”. He cambiado los planes, siempre estuviste equivocado. La culpa no es del amor, sino de quien lo alimenta. “Tranquilo, ven a mis brazos y deja esa arma. ¡No! Bájala ahora mismo. ¡Tranquilo Carlos, que yo también muero! ”. Lo sé…

domingo, 20 de junio de 2010

Hola amor de mis amores

Alan R. Ramírez
Estoy cansado de llorarte,
mis ojos no quieren, ni pretenden darse ese lujo.
La nariz, en cambio, abre el sentimiento a borbotones.
Yo la castigo con la parte inferior de mi playera,
indicándole que no debe entregarse a esos mezquinos sentimientos.
El hígado, dañado por el jugo del olvido, pide venganza.

Yo comprendo
Tú no sudas
Él nos lee.
Nosotros amamos
Y a Ustedes les somos indiferentes.

Feliz, serás feliz
E rrando
L anzas
Í ntimos
Zarpazos a la matriz

Triste, estaré triste
Ríe
Intrusa
Serpiente
Tú [llamada por Hesíodo]:
Esfinge

Mi Treo parece embarazo molar
Tengo un par de billetes
Para recargar el tanque de ese celular
Ahora dame la dirección, qué esperas
Sólo quiero regalarte mi humeda playera

domingo, 2 de mayo de 2010

¿Cómo nació la idea del libro Cuidad Rap? Desde una autorreflexión del autor.

Tras publicar mi primera novela (Diario de un anónimo, 2006) comencé a trabajar en una antología de cuentos. Habré hecho unas 40 cuartillas. Ansioso -por nuevamente publicar- le platiqué a un reportero independiente, Alberto Solís, que en ese entonces colaboraba con la revista Milenio. Leyó el mejor cuento que tenía (a mi punto de vista). Su crítica me devastó: “Leí con atención tus textos, encuentro ideas y valor; sin embargo creo que no sólo debe nutrir a la literatura. Aprecio la inquietud de escribir y la valoro, lo que no entiendo es dónde está tu prisa, para qué apresurarte a publicar, lo que escogiste es un arte, algo que se cultiva y es con el tiempo”. Decidí no volver a escribir, al menos hasta que me cultivara lo suficiente. Los cuentos se empolvaron, olvidaron y, posteriormente, murieron. Frustrado por no poder escribir, al menos no éticamente para mi mentor, me cobijé en mi carrera. Sin embargo estudiar filosofía es como aprender el Kamasutra: ya quieres ponerlo en práctica.



Con el tiempo, y una vez que olvidé las palabras de mi gurú, decidí volver a escribir; pero esta vez a escondidas. Se trataba de una novela futurista, cuya trama era la reconstrucción de una nueva -y única nación- a partir de la conspiración global. Hablaba del comportamiento humano y, en especial, de un virus llamado “RexosT1”. Me encontraba escribiendo el segundo capítulo cuando llegó a mi televisor la noticia, en cadena nacional, del virus de la influenza (ah1n1); justo como comenzaba mi novela. Decidí cancelar mis escritos, pues me sentía bombardeado por prejuicios y la idea de que podrían pensar, mis allegados, que carecía de ingenio. Volví, de nuevo, a inmiscuirme más en mi carrera; intentando olvidar mis perversas ganas de escribir.



En las vacaciones escolares de invierno 2008, en un intento de canalizar mi locura y con las ganancias de mi primer libro, decido poner una cafetería: “La pequeña cuba”. En esta aventura me acompañó mi novia, quien, además de estudiar Derecho, se dedicó a la repostería. La cafetería sirvió de refugio para seguir realizando experimentos; como el dar clases de matemáticas a niños de secundaria (metiéndoles ética en los problemas a los pinches chamacos). Aquél refugió vio nacer al “Yelmo Colectivo”, donde desempeñé el cargo de Director; asociado con el Serpiente de MAL (Mentez adictaz luciendo)-CREW. Logramos, con apoyo de Cauce Ciudadano (y Avancemos de Ashoka) realizar un disco de Rap profesional titulado: “Margíname” (2009). Si cierro mis ojos vislumbro aquella época con fatiga: escuela, cafetería, Yelmo Colectivo, productor ejecutivo, vocalista de Magnolia Ridaz y maestro de matemáticas.



Un día pasó lo que tenía que pasar. La cafetería cerró y las clases de matemáticas fueron suspendidas; se rompe la amistad con el Serpiente y, extrañamente, con la mitad del MAL-CREW; y, por si fuera poco, mi compadre y grupo musical me dice que Magnolia está a un paso de tronar. Era como si una maldición me acechara. Las vacas flacas se comieron a las gordas y mis hombros conocieron el suelo. Tras perder la batalla decido exiliarme, fugarme a mi pulsión de muerte. Había perdido amigos, dinero y etcétera de cosas. Pero había ganado una frese: “No hay destino, sólo malas decisiones”.



Ciertamente la escuela, y desde luego que la novia, me habían domesticado. Ya no era el mismo de antes. El Rap era cosa del pasado. Nada, sino bueno recuerdos me ataban a él. No sólo me di cuenta yo, sino que por múltiples voces me llegaban rumores: “el Moreno es plástico”. ¿Alguna vez te han dicho plástico? Es una de las ofensas, o verdades, más dolorosas; es como decir: “chinga tu madre por diez al cuadrado” ¿no sé si me explico? Ciertamente seguía haciendo música, pero corriente y sin sentido; bajo el estandarte de: frustración.



Hay dos personas que valoro mucho en el Rap: el Perro Fumador (Magnolia Ridaz) y el Plata Ramírez (NSM625). Un día me acorralaron y atacaron con todo el arsenal del que disponían: cada verdad destrozaba mi narcisismo. Abatido por aquél combate reflexioné sobre cada uno de mis fracasos. Lloré, para qué esconderlo, lloré por la miseria espiritual en la que me encontraba. Como la oveja perdida quería regresar al rebaño del Rap.



Pasaron algunos meses, marzo del 2009, para que regresara al punto en el que había iniciado. Mi cabeza estaba sumergida en distintos proyectos, todos nuevos. Pero aún faltaba algo: escribir. Ciertamente escribía canciones, sin embargo no era suficiente para mí; necesitaba algo más.



No recuerdo con exactitud el día en que surgió la idea de hacer “Ciudad Rap”; supongo que fue en una infecunda noche, de esas que transcurren entre la ansiedad y los documentales japoneses del canal once. La idea consistía en hacer un libro que consiguiera plasmar la vida en el Rap; no lo que era, sino lo se vivía en su exponente más simple. Intoxicado por algunos diálogos Platónicos, descubrí que la única vía posible, para tal hazaña, se encontraba en la confrontación con los distingos agentes del movimiento. Por un momento pensé que podría escribir y, al mismo tiempo, seguir desenvolviéndome en el Rap; es decir: ¡había encontrado lo que buscaba! Desde luego que los primeros en enterarse de mi proyecto fueron el Perro y Plata Ramírez, quienes, después de todo, me exhortaron e incluso exteriorizaron su apoyo.



La plantación del libro fue silenciosa. Era necesario centrar cada una de las ideas para, con una especie de protocolo, lograr la meta fijada. Al cabo de un tiempo, en mayo 2009, el anteproyecto estaba culminado: correos, teléfonos y páginas webs de Raperos; cartas donde exponía el proyecto, temarios y cuestionarios; cámara fotográfica, de video y grabadora de voz portátil. Todo estaba listo para emprender la travesía.



Cursaba el sexto semestre de mi carrera cuando decidí mandar el primer bloque de invitaciones (aprox. Siete). El primero en saber del proyecto fue Rekom (STK Producciones), quien conocía desde los diecisiete años y, además, militábamos en el crew 4EK (cuatro elementos klan). Le mandé personalmente la invitación (vía Messenger). Estaba ansioso de saber su respuesta. Él, en cambio, se desconectaba y volvía a conectar del Internet sin responderme; hasta que, finalmente, se fue sin decirme una sola palabra. Ya, como decía, había mandado varias invitaciones por correo por lo que dije para mis adentros: “si este cabrón, que lo conozco, me bateó ¿qué podrán decir los demás?”. Esa noche me fui a la cama con una profunda desilusión. A la mañana siguiente abrí mi correo y -¡oh sorpresa! -tenía la primera respuesta. Se trataba de Bocafloja diciendo: “envíame las preguntas por aquí mismo y te las respondo adjuntando algunas fotos y lo que requieras. Un abrazo. Boca”. Ese mismo día, por la noche, Rekom me daba cita para ir a su estudio (y hogar). Ellos, hoy lo veo con mayor claridad, fueron los maderos que avivaron con gran fuerza la llama del proyecto.



Y como Forrest Gump dice: "…eso es todo lo que tengo para decir sobre eso"

Alan R. Ramírez

sábado, 17 de abril de 2010

Fábula del hombre, la botella y el cigarro.

Alan R. Ramírez
Para mi primo Diego Rojas (fotolunático)

Inspirado en una de sus fotos.


Fábula del hombre, la botella y el cigarro.

Cobijado por el largo velo de la luna, un hombre reposa en soledad.
Destapó una cerveza y, justo antes de besar la boquilla, ésta le dijo: “Notó tu angustia, ¿qué os pasa?”

-Lo sabes bien, ¿qué otra cosa, querida botella, puede hacerte hablar?- contestó con resignación el hombre.

-AMORonstruosidad, sin duda alguna. Todos recurren al néctar del olvido; clavándolo más en el cofre del recuerdo-

-¡No!- gritó el cigarro- más fuerte es el remordimiento. El amor da vida y el error la pone en duda. El amor no mata, lo que mata es la estrategia. Nos llaman porque están arrepentidos, pues ¿cómo brindar y fumar por amor, si ya no está presente? ¿Cómo? El hombre es estratega, yo, su amigo el cigarro, lo sé mejor que nadie.

El hombre bebió de un golpe la cerveza y trasformó, de tres fumadas, al cigarro. Al final, la luna dijo: “Querido, jamás podrás estar solo”.