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jueves, 28 de abril de 2011

La maldición de un sabio / Alan Rojas Ramírez

Dedicado a Cauce Ciudadano A. C.





La maldición de un sabio.





Existió una vez, me contó mi conejo, un hombre con una extraña maldición: cada que tenía ideas buenas para la humanidad, a éste le pasaba alguna calamidad. Un día, por ejemplo, descubrió que las personas se encontraba a sí mismas (caían las máscaras), de la misma manera que en el álgebra se descubre el valor de “equis”. Antes de que su lápiz comprobara que su ecuación era valida, universal y necesaria, quedó sordo.

Otro día, por nombra un caso más, se le ocurrió la idea de crear una pastilla para llorar, así el ser humano podría drenar periódicamente su alma; pero antes de tocar el timbre de un científico, amigo suyo, perdió la voz.

Mudo, sordo y un etcétera de infortunios, decidió jugarse su última carta. Una noche, justo antes de dormir, escribió en una piedra con cincel en mano:

“hay tantas ideas en el mundo, pero cuando éstas involucran a la humanidad, bien vale la pena hacer el más grande sacrificio… porque en ella descubrirás que eres humanidad”.

A la mañana siguiente, la piedra fue colocada como epitafio en su tumba.

FIN.



Epílogo:
la idea del álgebra y la identidad, me la comentó Carlos cruz en una plática... una plática sobre el destino de la humanidad jaja

viernes, 18 de marzo de 2011

Cartas Anónimas / Alan Rojas Ramírez


I

Despertó con la convicción de que no volvería a saber de ella. Se lo decía la tenue luz que escurría por su ventana, el patético canto de los pájaros y su agitada respiración.

No lloró, no esta vez… prefirió tragarse la amarga saliva y las flemas cigarreras.
No llamó, no esta vez… prefirió encender otro cigarrillo y caminar soezmente por la habitación.

Con la espalda encorvada y los ojos idos, ejecutó la danza de los despechados. Cada recuerdo materializado fue cayendo en la enorme caja blanca: las cartas, el oso de peluche y la sexy tanga negra; la chamarra que le regaló en navidad, los zapatos que nunca utilizó y, por su puesto, el álbum que juntos adornaron; los discos de música, la novela de Arthur Golden… y lo demás también. No se detenía en ver aquellos objetos, sólo los arrojaba con furia intempestiva al sarcófago.

Tan pronto consiguió purgar su morada, tomó la pesada caja y, subiéndose al carro, se fue sin rumbo fijo.
Habrá manejado cinco horas antes de encontrar el lugar: un sombrío parque carcomido por la desolación. Sólo brillaba una fogata, como pequeña luciérnaga perdida en el desierto; lugar donde el lumpenproletariado se abrigaba del frío. Sin pensarlo, se dirigió hacia ellos. No le importó el crujir de las mandíbulas de aquella paria. No le importó nada, sólo se acercó y tirando la caja, dijo: “Tomar lo que les apetezca. Lo que no sirva, que bien logre alimentar su fuego”. Y realizando un gesto tajante, una mueca desabrida, se despidió de ellos. No fue hasta que prendió de nuevo el carro, que logró llorar… y su lamento se mezcló con el ronroneo del motor.

II

Los vagabundos se abalanzaron sobre la blanca y arrugada caja. Se manoteaban y codeaban, e incluso comenzaron los golpes por la chamarra.

-Aún apesta- dijo uno de ellos al frotar en su nariz la tanga negra.

-Oh, sí que apesta- replicó otro mientras le arrebataba la prenda.

-Sss, estaba chula la condenada- dijo aquél pasando las fotos a sus compinches.

Sólo un viejo, de saco roído y pútrida imagen, esperó a que todos volvieran a su inerte estado: gárgolas idiotizadas por el danzar del fuego. Tomó la caja con sumo sigilo. Sonrió al ver que a él le había tocado lo mejor: las cartas. Las ordenó cronológicamente, para después leerlas una a una; con la intención de recrear toda una vida y, con ello, la muerte entera.

Llevaba a todos lados los vestigios de aquel amor, ruinas entintadas. A veces, a penas terminaba de limosnear en algún crucero, se compraba una cajetilla de cigarros y las volvía a releer; cada vez intentando descubrir algo nuevo: “Las palabras no pueden expresar lo que tus besos sí consiguen”, “te regalo mis ojos, para que veas lo hermoso que eres”, “No lloro porque me hayan lastimado tus palabras, sino por el amargo deseo de nunca haberte conocido”. ¡No! Creo que no quería descubrir algo nuevo, sino era el hecho de saber si lo había leído bien, pues a veces parecía otro idioma: msj, bn, k, XD, pro, tkmmmm. En fin.

III


Un día, cuando el viejo descifró y memorizó cada una de las cartas, se le ocurrió una idea. Prendió un cigarro y, en un acto vandálico, borró el nombre del destinatario y la firma del remitente. Las convirtió en anónimas; liberadas de toda responsabilidad con la historia.

En su andar, pasado un tiempo, descubrió un triste barrio de clase media. Nadie se saludaba. Todos eran perfectos desconocidos, e incluso indiferentes con el entorno en que habitaban; gran ejemplo era el pequeño jardín céntrico, cuyas enredaderas arropaban árboles y escondían nidos de ratas. Incluso carecía de comercios; el más cercano estaba a veinte minutos caminando.

Una madrugada, el viejo vagabundo de saco roído, depositó en los buzones y pórticos las sesenta y cinco cartas. Ni él sabía lo que deseaba con semejante acto, sólo se vio impulsado por una extraña fuerza. Ellos lo necesitan más, pensó, que buen provecho les haga.

Regresó a las tres semanas y dio cuenta de que la gente se saludaba arrojándose, como sablazos, algún piropo: “Hola vecino, esa camisa le sienta bien”, “¿Quiere que le ayude con la bolsa Lucero? No podemos dejar que se lastime esas hermosas manos”, “Ay vecinito, disculpe si lo molesto pero no tendrá un poco de azúcar que me regale”. Hasta la calle olía diferente, como perfumada: mezcla homogénea de la esencia de cada uno de los colonos que, por cierto, armonizaba perfectamente.

El anciano no estaba seguro de que fuera por obra de las cartas, hasta entrada la media noche. Descubrió que, bajo el cobijo de la luna, una nueva y extraña costumbre había despertado en aquel barrio: la gente salía a caminar con un sobre entre las manos.
FIN.
epílogo
ahora el tipo del sarcófago escribe cuentos jaja

domingo, 4 de julio de 2010

Problemas con mi novia.

Problemas con mi novia.

Alan R. Ramírez.

Aburrido en el Servicio Social, sin tareas por realizar, me planteé un problema que tenía con mi novia. Después, con un poco de brujería, le hablé a una bandita para que me ayudara.

“A” quiere “X” de “B” para obtener “Q”.
“B” no está dispuesto a dar “X” cuando “A” lo quiera.
“B” quiere “S” de “A” para obtener “Q”.
¿“A” debería dar “S” a “B”, pese a que no tendrá “X” de él?

Mill: “A” y “B” deberían ir a tomar un café y pensar si “X” y “S” –moralmente- pueden promover bienestar a más individuos de su comunidad, porque “Q” es igual para ambos.

Aristóteles: Café mis barbas. “A” y “B” deben actuar con razón, ¿Qué importa “X” y “S”? lo menester es que los agentes sean moralmente virtuosos.

Schopenhauer: Lo que Aristóteles quiso decir es que “X” y “S” sólo son un espejismo; la realidad está más allá de la representación.

Aristóteles: Chinga tu madre Schopenhauer.

Respuesta de Kant: No, Shopen, “A” debe actuar de tal manera que la máxima de su acción se convierta en una ley moral; es decir, todo ser racional y razonable dará o no “S” y/o “X” sólo si el imperativo categórico se lo permite…

Rawls: …Amenos que Z.

Nietzsche: Kant está pendejo. “Ayúdate a ti mismo, y entonces te ayudarán también los demás”. Pero si “A” es débil, hay que ayudarle a bien morir.

Maquiavelo: A todo esto caballeros: han pensado que la respuesta está en saber ¿qué es Q?

(Lo que dicen los filósofos, no debe tomarse tan apecho. Sus posturas las saqué de la memoria, por lo que probablemente sean erróneas).

viernes, 7 de mayo de 2010

LA PERVERSA LÍNEA DE LA PROMISCUIDAD MENTAL.


Alan R. Ramírez


Escrito en el trascurso del

metro Hidalgo al metro Viveros

el jueves 6 de mayos del 2010


Hay pulsiones (energeia) que escasamente se mencionan, y que se liberan apenas se cruza: la perversa línea de la promiscuidad mental.

Se trata de, una vez cruzada la línea y asimilada como una etapa, el hombre despierta las perversidades más bellas y/o sublimes; alguien podrá decir que es una contradicción remitiéndose al concepto de perversidad, pero será imposible discutir con ellos al respecto puesto que hay cosas que no pertenecen ni a lo a priori y mucho menos a lo a posteriori, sino, dado el caso, al oscurantismo.

La moral, así como las normas o tan las famosas leyes positivas, que impone la cultura o el Estado –llámalo como gustes y convenga- son las culpables de que las más bellas y/o sublimes perversidades queden encerradas, y peleando unas con otras, en lo que antiguamente llamaban alma; término más adecuado que psique.

Si te dieran a elegir entre: realizar todas y cada una de tus perversidades, o bien someterlas por el orden social ¿qué elegirías? Sé, por muy hipócrita que seas, que deseas, por decir un caso, sexo oral con la chica que tienes sentada a tu lado, con a la sensual compañera de tu escuela, con la inocente niña, o la vecina de los protuberantes pechos y, por qué callarlo, con la madres de tus amigos; con todos y en todas las formas imaginables. Pero ¿aceptarías que alguien más hiciera lo mismo con tu madre, hija, vecina, etcétera? No, por todos los dioses juntos (incluyendo al mismo Abraxas, ese que nadie pela). Y no porque sean tus seres cercanos y amados, sino porque se prefiere la paz y el orden, a la guerra y la inseguridad.

Pero tú y yo sabemos que eso no te limita. Tus pulsiones, a quien llamaré energeia (en el sentido aristotélico) heredadas desde tus salvajes ancestros, deben ser canalizadas y alimentadas; Freud, especialmente, expone que estas pulsiones son liberadas en el trabajo, que en su mejor expresión podía hacer arte o ciencia. Otros, sino es que la mayoría, habla de trastornos sexuales, poligamia, infidelidades y, por no decir etcétera, filias que agazapan esa energeia (también llamada, aunque de forma errónea, instintos animales). Yo, en cambio, digo que la energeia es aprisionada y liberada hasta que se cruza la perversa línea de la promiscuidad mental.
Estoy en metro viveros, en la próxima estación bajo, dejaré esto inconcluso para otro viaje. continuará...

domingo, 2 de mayo de 2010

¿Cómo nació la idea del libro Cuidad Rap? Desde una autorreflexión del autor.

Tras publicar mi primera novela (Diario de un anónimo, 2006) comencé a trabajar en una antología de cuentos. Habré hecho unas 40 cuartillas. Ansioso -por nuevamente publicar- le platiqué a un reportero independiente, Alberto Solís, que en ese entonces colaboraba con la revista Milenio. Leyó el mejor cuento que tenía (a mi punto de vista). Su crítica me devastó: “Leí con atención tus textos, encuentro ideas y valor; sin embargo creo que no sólo debe nutrir a la literatura. Aprecio la inquietud de escribir y la valoro, lo que no entiendo es dónde está tu prisa, para qué apresurarte a publicar, lo que escogiste es un arte, algo que se cultiva y es con el tiempo”. Decidí no volver a escribir, al menos hasta que me cultivara lo suficiente. Los cuentos se empolvaron, olvidaron y, posteriormente, murieron. Frustrado por no poder escribir, al menos no éticamente para mi mentor, me cobijé en mi carrera. Sin embargo estudiar filosofía es como aprender el Kamasutra: ya quieres ponerlo en práctica.



Con el tiempo, y una vez que olvidé las palabras de mi gurú, decidí volver a escribir; pero esta vez a escondidas. Se trataba de una novela futurista, cuya trama era la reconstrucción de una nueva -y única nación- a partir de la conspiración global. Hablaba del comportamiento humano y, en especial, de un virus llamado “RexosT1”. Me encontraba escribiendo el segundo capítulo cuando llegó a mi televisor la noticia, en cadena nacional, del virus de la influenza (ah1n1); justo como comenzaba mi novela. Decidí cancelar mis escritos, pues me sentía bombardeado por prejuicios y la idea de que podrían pensar, mis allegados, que carecía de ingenio. Volví, de nuevo, a inmiscuirme más en mi carrera; intentando olvidar mis perversas ganas de escribir.



En las vacaciones escolares de invierno 2008, en un intento de canalizar mi locura y con las ganancias de mi primer libro, decido poner una cafetería: “La pequeña cuba”. En esta aventura me acompañó mi novia, quien, además de estudiar Derecho, se dedicó a la repostería. La cafetería sirvió de refugio para seguir realizando experimentos; como el dar clases de matemáticas a niños de secundaria (metiéndoles ética en los problemas a los pinches chamacos). Aquél refugió vio nacer al “Yelmo Colectivo”, donde desempeñé el cargo de Director; asociado con el Serpiente de MAL (Mentez adictaz luciendo)-CREW. Logramos, con apoyo de Cauce Ciudadano (y Avancemos de Ashoka) realizar un disco de Rap profesional titulado: “Margíname” (2009). Si cierro mis ojos vislumbro aquella época con fatiga: escuela, cafetería, Yelmo Colectivo, productor ejecutivo, vocalista de Magnolia Ridaz y maestro de matemáticas.



Un día pasó lo que tenía que pasar. La cafetería cerró y las clases de matemáticas fueron suspendidas; se rompe la amistad con el Serpiente y, extrañamente, con la mitad del MAL-CREW; y, por si fuera poco, mi compadre y grupo musical me dice que Magnolia está a un paso de tronar. Era como si una maldición me acechara. Las vacas flacas se comieron a las gordas y mis hombros conocieron el suelo. Tras perder la batalla decido exiliarme, fugarme a mi pulsión de muerte. Había perdido amigos, dinero y etcétera de cosas. Pero había ganado una frese: “No hay destino, sólo malas decisiones”.



Ciertamente la escuela, y desde luego que la novia, me habían domesticado. Ya no era el mismo de antes. El Rap era cosa del pasado. Nada, sino bueno recuerdos me ataban a él. No sólo me di cuenta yo, sino que por múltiples voces me llegaban rumores: “el Moreno es plástico”. ¿Alguna vez te han dicho plástico? Es una de las ofensas, o verdades, más dolorosas; es como decir: “chinga tu madre por diez al cuadrado” ¿no sé si me explico? Ciertamente seguía haciendo música, pero corriente y sin sentido; bajo el estandarte de: frustración.



Hay dos personas que valoro mucho en el Rap: el Perro Fumador (Magnolia Ridaz) y el Plata Ramírez (NSM625). Un día me acorralaron y atacaron con todo el arsenal del que disponían: cada verdad destrozaba mi narcisismo. Abatido por aquél combate reflexioné sobre cada uno de mis fracasos. Lloré, para qué esconderlo, lloré por la miseria espiritual en la que me encontraba. Como la oveja perdida quería regresar al rebaño del Rap.



Pasaron algunos meses, marzo del 2009, para que regresara al punto en el que había iniciado. Mi cabeza estaba sumergida en distintos proyectos, todos nuevos. Pero aún faltaba algo: escribir. Ciertamente escribía canciones, sin embargo no era suficiente para mí; necesitaba algo más.



No recuerdo con exactitud el día en que surgió la idea de hacer “Ciudad Rap”; supongo que fue en una infecunda noche, de esas que transcurren entre la ansiedad y los documentales japoneses del canal once. La idea consistía en hacer un libro que consiguiera plasmar la vida en el Rap; no lo que era, sino lo se vivía en su exponente más simple. Intoxicado por algunos diálogos Platónicos, descubrí que la única vía posible, para tal hazaña, se encontraba en la confrontación con los distingos agentes del movimiento. Por un momento pensé que podría escribir y, al mismo tiempo, seguir desenvolviéndome en el Rap; es decir: ¡había encontrado lo que buscaba! Desde luego que los primeros en enterarse de mi proyecto fueron el Perro y Plata Ramírez, quienes, después de todo, me exhortaron e incluso exteriorizaron su apoyo.



La plantación del libro fue silenciosa. Era necesario centrar cada una de las ideas para, con una especie de protocolo, lograr la meta fijada. Al cabo de un tiempo, en mayo 2009, el anteproyecto estaba culminado: correos, teléfonos y páginas webs de Raperos; cartas donde exponía el proyecto, temarios y cuestionarios; cámara fotográfica, de video y grabadora de voz portátil. Todo estaba listo para emprender la travesía.



Cursaba el sexto semestre de mi carrera cuando decidí mandar el primer bloque de invitaciones (aprox. Siete). El primero en saber del proyecto fue Rekom (STK Producciones), quien conocía desde los diecisiete años y, además, militábamos en el crew 4EK (cuatro elementos klan). Le mandé personalmente la invitación (vía Messenger). Estaba ansioso de saber su respuesta. Él, en cambio, se desconectaba y volvía a conectar del Internet sin responderme; hasta que, finalmente, se fue sin decirme una sola palabra. Ya, como decía, había mandado varias invitaciones por correo por lo que dije para mis adentros: “si este cabrón, que lo conozco, me bateó ¿qué podrán decir los demás?”. Esa noche me fui a la cama con una profunda desilusión. A la mañana siguiente abrí mi correo y -¡oh sorpresa! -tenía la primera respuesta. Se trataba de Bocafloja diciendo: “envíame las preguntas por aquí mismo y te las respondo adjuntando algunas fotos y lo que requieras. Un abrazo. Boca”. Ese mismo día, por la noche, Rekom me daba cita para ir a su estudio (y hogar). Ellos, hoy lo veo con mayor claridad, fueron los maderos que avivaron con gran fuerza la llama del proyecto.



Y como Forrest Gump dice: "…eso es todo lo que tengo para decir sobre eso"

Alan R. Ramírez

domingo, 25 de abril de 2010

Petición de A. A. al Yelmo Colectivo y réplica.

Petición de A. A. al Yelmo Colectivo y réplica.




Que tal, te saludo con gusto y deseo te encuentres bien.

Por medio de la presente me pongo en contacto contigo y comentarte que hemos visto el video llamado "Capitán Garfio Alcohólicos Anónimos" del "Grupo San Pedro de Aragón" del 1er Distrito del Área D.F.Norte, de la CMSGAA A.C.

Nos parece que es un video que por sus características nos puede dañar en cuanto a la imagen de Alcohólicos Anónimos como un todo, por lo que consideramos está en riesgo nuetra Cuarta Tradición, que dice: "Cada Grupo debe ser autónomo, excepto en asuntos que afecten a otros Grupos o a Alcohólicos Anónimos, considerado como un todo". Es por esto que me permito dirigirme a ti, por este medio, para invitarte y sugerir la posibilidad de que éste video se baje de la red social de Youtube y se retire del alcance de todo público, también motivando a respetar nuestra Doceaba Tradición que nos dice que: "El anonimato es la base espiritual de todas nuestras tradiciones, recordándonos siempre anteponer los principios a las personalidades".

Sin más por el momento y esperando contar con tu comprensión y apoyo, agradezco de antemano tu atención a la presente y quedo a tus preciables órdenes para cualquier duda o comentario.

Atentamente
Lic. Vicente Palacios González Jefe de Relaciones Públicas Comunicación Social Central Mexicana de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos A.C.


RÉPLICA DEL YELMO COLECTIVO




Al Lic. Vicente Palacios González

He leído atentamente su carta: desde su amabilidad, hasta su muy bien argumentada petición. Es menester hacer una rápida exposición de las intenciones que me llevaron a dañar, como usted acertadamente lo dice, “la imagen de Alcohólicos Anónimos como un todo”.

De niño creía en los extraterrestres, pero, por más que mi madre se afanaba a llevarme puntualmente al catecismo, jamás creí en los milagros ¿Cómo se puede multiplicar panes y peces, o resucitar a los muertos? Era absurdo; y era absurdo, porque lo que no se ve, no se cree; porque no se puede entender lo metafísico mientras se esté arraigado en el positivismo, en lo empírico. Sin embargo, un día de tantos, descubrí que cerrando los ojos se podía entender mejor al mundo y, especialmente, ver los milagros.

Alcohólicos Anónimos es, en tanto que cierro los ojos, un verdadero milagro; multiplica la comida espiritual y resucita a los muertos. La ciencia misma cuando tiene un enfermo alcohólico –sin argumento válido- lo canaliza a A.A ¿qué tiene A. A. que la ciencia se postra ante la asociación civil? El milagro. Yo, queriendo ser apóstol, comencé a trasmitir el milagro. La gente debía saber que dentro de esas cuatro paredes la verbena, alimentada por la locura, podía encender el corazón de los muertos. Los Vedas, antigua civilización, pensaban que de las penumbras la luz salía triunfante.

Si usted, noble señor, me dice que pongo en peligro “la imagen de Alcohólicos Anónimos como un todo”, no puedo hacer otra cosa que someterme a su voluntad. De tal manera que elimino todo material audiovisual, así como escritos. Pero nada impedirá, tenga la confianza, de que mi voz trasmita el milagro a quien lo necesite.
Sin más que añadir.

S/atentamente.

Alan R. Ramírez
Fac. Filosofía y letras
El Yelmo Colectivo.
Pd. Cuando menciona que “El anonimato es la base espiritual de todas nuestras tradiciones, recordándonos siempre anteponer los principios a las personalidades", ¿Qué será de Bill W. y Robert Smith (Dr. Bob)?
Pd.Segunda: En los siguientes 5 días cumpliré lo pactado en la carta.

miércoles, 21 de abril de 2010

ESO FUE TIERNO

Genaro se une a la fila de los leidos por los fantasmas.

ESO FUE TIERNO

GENARO WONG

–ESO FUE TIERNO –dijo ella–. Tú eres muy tierno—añadió—.

–No. No lo soy. Simplemente me provocas—Afirmó él con un aire desdeñoso en el rostro—.

–Yo sé que no sólo es eso. Tu mirada te delata enamorado— Replicó con una sonrisa pícara—.

–Creo que empiezas a ver más allá de lo que parece ser infranqueable. Sí, me parece que te estás metiendo en camisa de once varas— Dijo él para salir del lío en el que se estaba metiendo—.

–¡No, no, no, no, no niño! Entiende que ya no hay marcha atrás, entiende que así es. Tu mirada te delata nervioso— Asintió con la cabeza—.

Una voz en su cabeza decía: “trucha vato, abre bien los ojos”. Una voz en su corazón le decía: “trucha vato, cierra los ojos”. Ante esos mensajes contradictorios, él no hizo más que dejarse llevar (no tanto por obligación, sino porque sentía ganas de dejarse llevar aunque fuera muy rudo para aceptarlo).

–Me estás imaginando. Yo lo sé. Neta, me doy cuenta por la forma en que escribes, que en este momento estás imaginándome en situaciones interesantes –Lo miró fijamente–. Ya no puedes escapar—añadió—.

—¡Mierda¡ Soy demasiado transparente como para ocultarme detrás de máscaras. Soy demasiado… —ella lo interrumpe—.

—Eres demasiado tú como para que le ocultes algo a alguien tan yo— Dijo un poco desorientada—


— Eres eso nefasto que me complementa; eres eso que simplemente me convierte en un esclavo del destino, y me obliga a aferrarme al último hilo de vida que me queda. — Dijo muy impresionado—.

—Te prefiero poeta— Y ella se retiró calmadamente de ese lugar—.

sábado, 17 de abril de 2010

Fábula del hombre, la botella y el cigarro.

Alan R. Ramírez
Para mi primo Diego Rojas (fotolunático)

Inspirado en una de sus fotos.


Fábula del hombre, la botella y el cigarro.

Cobijado por el largo velo de la luna, un hombre reposa en soledad.
Destapó una cerveza y, justo antes de besar la boquilla, ésta le dijo: “Notó tu angustia, ¿qué os pasa?”

-Lo sabes bien, ¿qué otra cosa, querida botella, puede hacerte hablar?- contestó con resignación el hombre.

-AMORonstruosidad, sin duda alguna. Todos recurren al néctar del olvido; clavándolo más en el cofre del recuerdo-

-¡No!- gritó el cigarro- más fuerte es el remordimiento. El amor da vida y el error la pone en duda. El amor no mata, lo que mata es la estrategia. Nos llaman porque están arrepentidos, pues ¿cómo brindar y fumar por amor, si ya no está presente? ¿Cómo? El hombre es estratega, yo, su amigo el cigarro, lo sé mejor que nadie.

El hombre bebió de un golpe la cerveza y trasformó, de tres fumadas, al cigarro. Al final, la luna dijo: “Querido, jamás podrás estar solo”.


lunes, 5 de abril de 2010

PASATIEMPOS DE CORAZÓN.

Les dejo algo de mi primita, la más olorosa jaja


PASATIEMPOS DE CORAZÓN.
Laura Olivares

Pasatiempo es, reposar en una almohada de corazón, ver televisión con los ojos llenos de lágrimas, con unas pantuflas llenas de agujeros.

Pasatiempo es, dejar que la inanición mata uno a uno tus órganos vitales, tener una copa de vino tinto en la mano izquierda y en la derecha un cigarrillo de sueños.

Pasatiempo es, romper el silencio que te ahoga al despertar, un gemido inventado después de despertar, uñas mordidas, piel flácida blanquecina de tanta oscuridad.

Pasatiempo es, cabello largo, días de no bañarse, despojo de semen recordando atardeceres fríos que dejaste en mi cuerpo.

Pasatiempo es, el invierno de nuestra alma perfectamente cubierto de nieve, los atardeceres llenos de orgasmos y sonrisas, reclamos y abrazos besando nuestras sombras de un pasado muy añejo pero amado.

Pasatiempo es, sentir el corazón destrozado, despedazado y sentada en un sillón viejo, donde algún día viste la tele.

Pasatiempo es, despertar y ver que fue un sueño, pero puede ser real ahora en este presente, que te has ido, esperando a que llegues, sentada en el sillón fúnebre.

domingo, 21 de marzo de 2010

LAS PUTAS NO BESAN SAPOS

LAS PUTAS NO BESAN SAPOS
Alan R. Ramírez

Luis admiraba con rabia, desde el sexto piso de un hotel, las miserables vidas de quien caminaba o conducía su carro. El rencor, odio e ira, propiciaba que escupiese tan fuerte como le fuera posible contra la humanidad; y cuando por cosas fisiológicas un voluptuoso gargajo le salía, imaginaba que era su cuerpo desparramándose en el aire. Así -después de que la quijada se le adormecía y la boca se quedaba sin saliva-, regresaba a la cama y fornicaba sobre los pies de la prostituta que había contratado para esa noche. Llevaba varios años haciendo lo mismo; en diferentes hoteles y con diferentes prostitutas; con mayor o menor rabia, sin saber el motivo, escupía o eyaculaba en los pies de su nueva presa.


Luis fue el clásico niño que odiaba los espejos, el sapito que prefería traer mil veces una máscara antes de salir de nuevo a la calle. Después, el clásico joven que terminaba por tirar a la basura las rosas que compraba para conquistar alguna niña de su escuela; probablemente ahí anide su odio, su resentimiento hacia las mujeres que siempre elegían al atractivo patán de la clase. Quizás, y sólo quizás, ahí anide el asco a las manos de aquéllas que lo cacheteaban, frustrando sus intentos de plantarles un beso. Sin duda alguna es ahí donde comenzó el odio a los niños y jóvenes que siempre le apodaban: el sapito.


Sin más saliva por escupir, dejando el puesto de custodio ventanal, se dirigió hacia donde estaba la desnuda y bella prostituta. Se bajo los pantalones, espero a que su pene quedara erecto… y, mientras ella veía una telenovela, él comenzó a masturbarse. “Si eso fue todo, pégame para poderme ir”, dijo la puta mientras iba al baño; deseosa de quitarse el pegajoso semen. Luis, en cambio, con lentitud y tranquilamente, fue a donde estaba su mochila: primero saco un cigarro, después unos cuantos billetes y por último un cuchillo.


-Son ochocientos pesos, y te cobré barato porque no hubo penetración- dijo la prostituta.
Los ojos de Luis brillaron; y una sonrisa se dibujo en su rostro.
-Espero que tengas cambio.- Respondió Luis al momento que le aventaba dos billetes de quinientos pesos. La prostituta recogió el dinero en cuclillas, murmurando palabras obscenas: “pinche pito enfermo, pero qué culos le pasa, asch”. Justo cuando iba a tomar el segundo billete un cuchillo le atravesó el cuello. Mientras se convulsionaba en el suelo, Luis, el sapo, el sapito, fue a escupir de nuevo la ventana.

Al cabo de media hora, el cuerpo de la prostituta estaba rebanado y tétricamente apilado: la cabeza sobre las piernas, las piernas sobre los brazos, los brazos sobre su pecho y cintura; excepto los pies. Los pies de la puta, de uñas pintadas color cereza, se encontraban dentro del calzoncillo de Luis; atorados delicadamente con su cinturón.


Prendió su cigarro, marcó a la recepción: “señorita, puede mandar a alguien. Sí. Lo que pasa es que tuve un accidente y quiero que limpien los imperfectos que cometí. Sí, los espero. Gracias”.

Desde la perfecta incisión del cuchillo de cocina, habían pasado, ya, una hora y cuarenta y cinco minutos.


Se escuchó el primer “toc, toc” en su habitación. Luis apagó la televisión, prendió rápidamente otro cigarrillo y… el segundo “toc toc”. Un sonoro grito salió de la recamarera al ver la sangre; no lo pensó dos veces para correr de nuevo a recepción.


Abajo comenzaron a llegar las patrullas, las cámaras de televisión y la muchedumbre que esperaba saber qué había pasado. Cada uno era recibido con un escupitajo. Después comenzaron a caer objetos del sexto piso del hotel; como: las toallas, cobijas, el teléfono. Hasta que, pasado un tiempo, no quedo nada por lanzar.


Prendió el último cigarro que le quedaba, se dirigió al espejo y escribió con el lápiz labial de la prostituta: “aquí estuvo el sapito”. Una lágrima se deslizó por su mejilla, la misma que había sido abofeteada tantas veces. Dio cuatro pasos hacia atrás de la ventana y, sin pensarlo, se aventó. Mientras Luis caía, se imaginaba que era uno voluptuoso gargajo desparramándose en el aire.

lunes, 8 de marzo de 2010

Una pequeña oda al cigarro.

Alan R. Ramírez.


(Después de conocer la derrota, de caer abatido por el amor: escribí estas líneas)



Una pequeña oda al cigarro.


Si alguien entendiera mi dolor,
me arrojaría una caricia;
aunque fuese por lastima.





Me sumerjo por el humo más espeso de mi vida. Los doctores dicen que un joven no debe tener tales excesos; yo, como siempre, miro desde la oscuridad. Mamá no quiere verme en ese armario, escondido, besándome con mi humo. Mamá no quiere verme sufrir, por eso vuelo sobre el laberinto a otro lugar con mi amado humo. No quiero que me deje, ya muchos desde niño lo han hecho; quisiera ser un niño, tan sólo un niño. Mamá dice que moriré, pero yo tan sólo quiero ser un niño.


Intento no pelear con mi humo, no quiero que me abandone. Dice que mis dedos lo excitan: aunque solamente son dos quienes lo aprietan. Quisiera ser como él, llorar por un momento y, después, desvanecerme: invisible y en boca de todos.


Un día tuve miedo, y él me obsequió un anillo para calmarme; pero al ser pequeño se atoró en mi uña. Es tan amarillo y hermoso su anillo. Yo sólo le he podido dar mi cuerpo, con el que diariamente se masturba, y, ¡lo vale! Que hermoso es mi anillo.

lunes, 15 de febrero de 2010

EL HORMIGA

(La Religión de los Dioses)
Alan R. Ramírez

Nunca existirá un hombre tan creyente como la “Hormiga Atómica”; la única persona que no podía ser aniquilado por un pesticida y el símbolo patrio de nuestra colonia. En mi niñez, la hormiga, era el “Boggie Man” versión pirata: bastaba que mamá mencionara su apodo para que hiciera mi tarea y las labores domésticas necesarias. Era tan grande el temor que le tenía a la Hormiga que incluso logró que agachara la cabeza cuando se cruzaban, por contingencia, nuestros caminos. Poseía una peculiar mirada: rencor y odio; profundidad y esoterismo. Se le conseguía ver todas las tardes en las “Delicias” –pulquería de mi barrio y en donde yo pasé mis primeras borracheras. Custodiaba la puerta del lugar. A veces lo dejaban hacer la limpieza de aquella taberna por unos cuantos vasos de cañita y, si bien le iba, hasta mezcalito.

Cuando cumplí los dieciocho años papá me llevó por vez primera a las “Delicias”; pensaba que un hombre debía tomar su primera cerveza entre hombres. Como recuerdo ese día. Me sentó a su lado y comenzó a platicarme de las responsabilidades que debía tener ahora que era un adulto. Mientras bebía su cerveza me indicaba lo bien que debía portarme, que Dios me observaba ¿se imaginan? Así era el viejo. Entre aquellos consejos una voz tan calida como aguardentosa dijo: “¿Qué Dios nos observa? ¿Qué sabéis tú, ingenuo, de eso?”. Volteé de forma estrepitosa, jamás había visto a un ser en el planeta que desafiara a mi padre, era el Hormiga. Papá le mentó la madre, y siguió con su charla. Fue el primer acercamiento hacia ese hombre de abundante barba, de unos 35 años y nauseabundo olor.

Después de un tiempo “Las Delicias” se convirtió en mi segundo hogar. El alcohol me daba una vida llena de absurdas y enloquecidas experiencias; aprendí, por ejemplo, que las más cachondas en la cama son las gordas, ó que hay que poner la cabeza justo en medio de las piernas para no vomitar sobre la camisa. En cuanto a mis aventuras se encuentra el día que besé a las tres hijas del dueño. Sin embargo nada se le comparó a las enseñanzas que recibí del Hormiga. ¿Qué cómo consiguió un teporocihin cualquiera llegar a entablar plática conmigo? Seguramente todo comenzó en una infecunda peda -de esas donde ni las moscas desean embragarse de su podrido néctar- sólo la callada y pensativa Hormiga. Pinche vago, a nadie le hablaba, por una extraña razón se identificó conmigo, al menos eso decía. Cuál sea el pedo descubrí mucho de su pasado. Nació en Madrid, España ¿Cómo fue qué llego a México? Según él, venía en busca de un tal “Villoro” y sepa la chingada que más. Lo cierto es que era, y con el tiempo descubrí que “es”, una persona muy lucida.

Al principio sólo le daba el avión, esperando que pronto llegara algún amigo. Después comencé a interesarme en las diferentes concepciones que tenía de la vida, de la libertad, del tiempo; decía, por ejemplo, que el amor era lo que todos buscamos y lo que nos destruye o nos impulsaba a destruir, ó que el hombre necesitaba al hombre para darle un motivo a su existir. Todo era tan loco, tan excitante. Hasta que un día de tantos descubrí que me encantaban sus pláticas, cada palabra era sabia para mis oídos. Sus interesantes temas me exhortaron a llevar una pequeña libreta para escribir lo que decía, pero al tener una pronunciación muy españolada decidí llevar un Ipod; aunque salió lo mismo. Con frecuencia desprecié las suplicas de mis amigos o de mi novia para ir a dar el rol, intentando con ello buscar el momento en el que el Hormiga se encontraba sólo y así seguir con el debate de un día anterior.

Cierto día le pregunte: “¡hey Hormiga! ¿Qué piensas de Dios?”

-¿Dios? ¿Acaso no sabéis que sois vos un Dios?- negué con la cabeza - Creerlo mi Altísimo Señor; creerlo mi amado, noble e insuperable Dios. Vos habéis logrado que este mundo tenga un sentido. Sin vuestra divina presencia, yo, no estaría bebiendo o platicando con vos y, nada, absolutamente nada existiría.

Sabía que lo que decía era un total disparate, pero algo me incitó a seguir con el juego. Apunté el micrófono de mi aparato hacia él y ataqué con una nueva pregunta: “si yo soy un Dios ¿quién eres tú?

- Sé que vos tenéis la máxima sabiduría, y que con ella te apiadaras de mi insolencia al decir que he de ser vuestro consejero.

-Seguro que estás bromeando Hormiga- prendí un cigarro y continué- suponiendo que fuera un Dios, y que tú eres mi consejero ¿Qué tienes que aconsejarme?- de forma sarcástica dije, más mi sorpresa fue mayor cuando escuche su respuesta.

-Que no existe Magnificencia absoluta que no sea la de vuestra presencia. Por ende vos seréis llamado por todos: Dios.

-¿Quieres decir qué soy el único Dios que existe?

-¡No! hay miles.- Dijo mirándome fijamente a los ojos- Y aquellos que alaben a otro Dios que no sea el que se halla dentro de su ser deberán perecer. El no reconocerte como Dios representa la más alta traición a vuestra Magnificencia.

-Pero hormiga: si todos los seres son Dioses ¿en dónde seremos adorados?

-No existirá un templo para vuestra hermosura; tu reinado se encuentra aquí y ahora. No busquéis la luz en la oscuridad, bastante poseéis con el mundo entero. Respetaras todo lo que habite en tu reinado, ya que vos lo habéis creado a tu semejanza: tan bello, tan perverso. De tal manera que vuestros actos se verán reflejados en este mundo, que es el único. Más cuando te encontréis con algo que atente contra vuestro reinado, será prudente que terminéis con su existencia cuanto antes.

-¿Por qué? ¿Cómo? ¿De dónde sacas que soy un Dios?- mis palabras se devoraban unas a otras, dando un efecto de tartamudez.

-Vos tenéis la absoluta voluntad del poder, del elegir, del comprender el bien y el mal.- Bebió de un golpe la cerveza que le había comprado- Seréis el único que se conoce por dentro y por fuera, con tal perfección que nadie dudará de tu bella sabiduría. Seréis tan brillante, que los brutos salvajes se evaporarán al verte; o se postraran y cegados te llamaran: Nuestro Señor.
Algunos viejos de saliva espesa, que se hallaban a nuestro alrededor, murmuraban, maldecían, o pegaban con fuerza las fichas del Dominó para callar las palabras del hormiga. Yo, sacudido por cada una de sus palabras, le pregunte: “de no creer lo que dices ¿qué pasaría? ¿Cambiaría en algo?”.

-Pensar que vos no sois un Dios sino una simple creación, manifiesta vuestra falta de iniciativa propia, incapacidad de comprender vuestra magnificencia y por lo tanto: “vuestro derecho a perecer”-. Su voz fue agresiva. Le pedí al dueño que nos trajera otra ronda de cervezas y más limones.

-Sería un salvaje, ¿no hormiga?- fui por las cervezas. Antes de que lograra arrimar hacía él un tarro, respondió mi pregunta.

-Sí, y vuestro Salvajismo debe ser exterminado. A ellos se les exhortara a esconderse entre la oscuridad, ya que fueron creado para eso. Cada gota de su miserable sangre habrá de ser utilizada para amamantar a vuestros hijos, de tal manera que gozará ese veneno de aniquilarlos. Nuestra guerra traerá paz, y vuestras tripas desparramadas el nuevo sol.-
Se puso de pie y, dándome por primera vez la mano, dijo: “Es tarde, quizás mañana te explique tu nueva cruz”. Dibujó, con el charco de cerveza que siempre queda en el fondo del baso, un extraño logo y se fue sin mirar atrás. Le pedí al dueño una pluma, fui al baño por un pedazo de la sección amarilla, y traspasé aquel dibujo.

Aquella noche no dejé de pensar en lo que me había dicho el hormiga. Aquél signo debía tener un significado oculto, algo subliminal. Pensé y pensé. Al día siguiente fui a buscarlo, pero nada. Al otro día… nada. Una semana después y nada. Una quincena y, de nuevo, nada. Desesperado comencé a preguntar por él: “Güey, ¿no sabes nada del hormiga?” al dueño de las Delicias, a los cuates del barrio, a la gorda que siempre me acosaba y, otra vez, nada.

Tengo veintiséis años, y cada semana voy a un bar diferente esperando verlo. Ya no es el signo por lo que lo busco, sino que todo Dios debe tener a su consejero.

jueves, 28 de enero de 2010

Carlos y Ana (cuentos para pendejos).

Alan R. Ramírez.



ANA
(Primera parte)

Hubieras visto su cara. ¡No Raquel! Pero si ya no hay amor, para qué lo tengo atrás de mí oliéndome la cola como perro.
¿Qué cómo lo corté? Primero lo dejé esperando una hora y media en el metro Coyoacan. Antes di que fui, ganas me sobraban para irme de peda contigo perra. Sí, ahí seguía, escribiendo en su cuaderno. Sus ojos, no mames güey […] para cagarse de la risa. Yo hablo como quiera de él, que por mucho tiempo disfruto mis nalgas. ¡Aja! Fue el primero. Era un asco güey. A mí me gusta que me sometan, la adrenalina, que me graben mientras mi cabeza está en medio de sus piernas. ¡Hay! Ahora resulta que tú eres diferente, si te conozco mosco; todos se enteraron de la vez que te encerraste con Eduardo en el baño.
Lo reconozco, Carlos sabía dar buenos besos ¿Cómo que por qué lo dejé? Pues creo que después de todo, ya no soy tan apasionada a leer e informarme, mucho menos a los debates. Y, esque, realmente él no me necesitaba, lo que le hace falta es una enciclopedia. No sabe bailar, no tiene dinero, y no le gusta el alcohol. Sí, un verdadero martirio güey. Ándale, igualito a tu ex. Yo nací para conocer el mundo.
Acompáñame al baño, no seas malita. Pinche Raque, vamos. Sí, sí, me leíste la mente, yo también muero de hambre, pero primero al baño.


Me regalas una servilleta. Hay que lindo, gracias. Espera Raquel […] ya. No sólo lloró, también me la hizo de a pedo. Sí, por la foto que trepaste a la web. Al contrarío Raquel, me hiciste un parote. No. Para qué le doy explicaciones, ni que no supiera que le ponía el cuerno. Ya se le pasará, aunque dicen que el primer amor es el más difícil de olvidar.
El otro es un insaciable, es como si no le diera abasto. No güey, nada lo llena; eso es lo que me atrae de él. Nunca habla: ni cuando vamos en el carro, hacemos el amor, o… Pero por supuesto que me he quedado a dormir en su casa. No mames pendeja, cómo van a saberlo mis padres. Pues les digo que voy a una fiesta o a tu casa. Sí güey. Es un misterio. Me siento protegida. Excitada. Creo que lo amo…
…Carlos se puede ir a la chingada.

lunes, 25 de enero de 2010

¿Por qué nos enamoramos?

Alan R. Ramírez

Partir con una pregunta tan monstruosa, en el sentido de amorfa e indescriptible, pareciera ser una total perdida de tiempo; podríamos decir: “pues nos enamoramos, así, viéndonos, besándonos; mira, tú eras mi media naranja, ¿ves?” Y punto. Pero ¿realmente eso fue lo que pasó? Imaginemos por un momento, que eso es verdad, no sólo en práctica sino además lógicamente. Tendríamos que aceptar como fórmula lo siguiente: dependiendo el número de miradas que demos por día, más los besos que en éstos depositemos, será mayor la posibilidad de encontrar a la tan mencionada “media naranja”. Así de fácil. Fíjate, sin querer, hemos ayudado a miles de desdichados que no encuentran el amor. Supondremos ésto como valido, (descuida) sólo por un momento, para preguntarnos: ¿Por qué cojones buscamos a la media naranja?

Si observamos al hombre podemos darnos cuenta de que es, indiscutiblemente, un animal y como tal busca la supervivencia; aunque de forma diferente. Es él quien sabe que únicamente en sociedad podrá aspirar a satisfacer plenamente sus necesidades. Somos más débiles de lo que pensamos. Entendemos por lo tanto que la necesidad de sobrevivir es la originaria de la sociedad; y ésta, por su naturaleza, crea los primeros Estados de gobiernos, a decir: la familia. Sé que voy muy rápido, no te preocupes, ya lo justificaré. Opinaremos, aunque se que te molestará, a la familia como la búsqueda del hombre por el reconocimiento. Aún no hay “medias naranjas”, en principio todo fue reconocimiento y aunque suene extraño lo sigue siendo. El padre, por supuesto, es el rango más alto al que se puede aspirar. Es, analógicamente, lo que sería para los gorilas un “espalda plateada”; es decir que tiene un rol y éste justifica sus acciones. Yo, como padre, por arriesgar mi vida para la subsistencia de mis protegidos, exijo un reconocimiento y que se me rinda obediencia. Se necesita el reconocimiento para darle un sentido a nuestras vidas. Y añadiendo un factor, a quien muchos filósofos dedican gran parte de sus obras, la propiedad, surge la cadena de reconocimientos: “las jerarquías autoritaristas”. ¿Me expliqué? Descuida, sólo quería situar al “reconocimiento” como pieza fundamental de la sociedad.

¿Te imaginas vivir sin reconocimiento? Para comenzar, nadie te registraría en su cerebro como hija, alumna, pariente, o un ser humano. El hombre (Eros, Razón, Manos e Imaginación), por lo tanto, a lo que más le teme, después de la muerte, es a vivir sin reconocimientos: ser un animal. Después de nacer, vivimos separados de los demás, qué nos une sino el reconocimiento.
Es verdad que eres hija de un profesor, que tienes una madre y una hermana, que estudias Leyes en la UNAM y... ¿Quién lo constata? Quizás, si tengo suerte, se lo acredites a tus allegados; pero olvidamos que ellos, a su vez, requieren también satisfacer esta necesidad. He ahí, aunque de forma inconciente, buscamos a un candidato que constate y reconozca mis acciones, mi vida, mi personalidad. A diferencia de los animales, quienes persiguen la única necesidad de mantener la especie.

Espera, sé que eso no es el amor, sin embargo sí es la causalidad.

Cuando interactuamos con la sociedad, que es vivir en reconocimiento, buscamos ese candidato del que hablamos (de forma inconciente). Y de una forma más secundaria, se encuentran el instinto de reproducción contra nuestra extinción. Pereciera que este instinto es primario pero en el hombre, a diferencia del animal, ésto pasa a segundo grado. No nos interesa que nuestra especie se extinga, sino que nuestro ser, en cuanto a reconocimiento, no desaparezca. Es el círculo. Sin embargo, nadie podrá decir que en la búsqueda de nuestro igual, quien reconocerá las acciones y características, entraran factores deterministas-fisiológicos; como en los animales. Éstos (los animales) saben el momento de su apareamiento por agentes intrínsecos a su naturaleza. Por ejemplo, constantemente los perros hueles el trasero de las hembras y, por medio del olor, saben cuando deben de aparearse. Se encuentran los que, mediante la fuerza o el baile, cortejan a sus parejas; mostrando la protección que pueden brindar, así como los buenos genes que tendrán las crías. Estos factores instintivos son las herramientas que el hombre emplea para la elección de la persona en quien reconocerán como su pareja o su biógrafa.
Cada hombre se basa en distintos métodos para alcanzar la meta: hay quienes prefieren la figura. Un ejemplo sería las personas obsesionadas con buscar parejas con gran busto o caderas enchanzadas, así como hombres musculosos o de aspecto tosco. Lo que pasaría en este caso, es que, no sólo buscan alguien que los reconozca como “tal”, sino que también se preocupan por su descendencia, así como su protección (en el caso de las mujeres por hombres musculosos). Existe además, y en la que muchos científicos se han concentrado, la atracción olfativa. Indagamos en el mundo de los olores, el más placentero. Ésta está más apegada a lo que sería una experiencia con un estupefaciente (aunque ya veremos que todas terminan de la misma manera). Pero la más viable, amenos en nuestra relación, es la pareja-prototipo.

Hemos dicho que el origen de la familia es el reconocimiento, y que es éste el que persigue el hombre hasta la muerte. Veo apropiado exponer que la búsqueda de la pareja se encuentra en este cuadrante, pues la familia siempre será la originaria del amor. ¿Amor y reconocimiento es lo mismo? No, diremos que el reconocimiento es el objeto y el amor el movimiento en potencia. Entre la madre y el hijo hay un mutuo reconocimiento como objeto de unión, y de éste surge (incondicionalmente) el amor (como necesidad o fuente alimenticia del reconocimiento). “Me reconoces como madre, por lo tanto te necesito para no extinguir (por lo menos) el sentido (en ese aspecto) de mi vida; Sin ti yo no sería madre”. Pero, antes de que te confunda y me meta en un problema, es sensato decir que el amor es complejo. Hace falta más factores, no sólo el reconocimiento; pero éstos los veremos poco a poco. Sin hacer más observaciones, masque las que hemos mencionado, puesto que encontramos diferentes reconocimientos y por lo tanto diferentes amores (maternal, paternal, fraternal) hablemos del como se da la pareja-prototipo.

domingo, 24 de enero de 2010

Sobre la palabra filosófica (Ponencia) Segunda Parte

Alan R. Ramírez.

El Deseo-Necesario.

El deseo-necesario* es lo que impulsa a dar respuesta a la admiración y la búsqueda del sentido de la cosa o acción. Por un lado está el impulso por indagar, por dar respuesta, acompañado de una excitación: se anhela el saber; mientras que por el otro se encuentra lo que no se puede resistir, por lo que la causa obra infaliblemente ante el sentido (o el cometido). La filosofía, por consiguiente “es una necesidad individual y social […] para satisfacer el deseo de saber y desarrolla el pensamiento reflexivo, crítico y creativo de la persona; y permite el desarrollo humano de la sociedad, fin de la acción personal e impersonal” [12]. Ésto nos haría pensar que la filosofía es de uso común, o es una cualidad intrínseca de hombre (o mejor dicho del humano), a lo que tendría que replicar: la admiración y la búsqueda del sentido de la cosa o acción impulsadas por el deseo-necesario, sólo son el cimiento, la base de la verdadera y única filosofía. ¿Podríamos decir que la madera y la herramienta son la carpintería? Hace falta la τέχνη (téchne), Doxa (δόξα), Episteme (saber, εξπΙσζημη), la reflexión o el proceso de meditar, y, desde luego, una sensatez. Es decir: el saber que disponemos por el hecho de vivir, el saber logrado metódicamente se funden en una sophia. Pero se busca un fin, en el carpintero, por ejemplo, sería hacer obras útiles o de contemplación para el hombre. La filosofía, en cambio, buscaría dar un “porque” a un “por qué”; por ejemplo: “la muerte es fin de la vida porque…”, “se es lo que es porque…”. Para llegar al fin, que es la búsqueda de lo verdadero o de lo que se es en sí, la filosofía tiene un método.



“La filosofía es una ciencia cuyos rasgos más destacados parecen ser la seriedad, la conceptualización y la reflexión” [13]. No se puede perder, en la búsqueda de la verdad, la seriedad, que es la actitud con la que la filosofía trabaja. Si como citamos en algún momento “la filosofía es el uso del saber para ventaja del hombre” (Platón) es menester tratar a la duda con carácter metódico y distante de redundancias o coqueteos con lo irrelevante. La conceptualización como perspectiva abstracta y simplificada del conocimiento que tenemos del "mundo", y que, por cualquier razón, queremos representar. Y la reflexión, que es pieza principal puesto que se entiende también por filosofía “una reflexión crítica, tan antigua como nuestra cultura, acerca de los fundamentos, los métodos y las perspectivas del saber teórico, del pre-teórico, de la práctica y de la creación” [14]. En consecuencia, lo ya mencionado, nos daría la siguiente figura:

jueves, 21 de enero de 2010

Sobre la palabra filosófica (Ponencia) Primera Parte

Alan R. Ramírez

Filosofía

Cuando nos atrevemos a investigar el significado de la palabra “Filosofía” -o qué es en sí y por lo cual se cree que es indispensable en la historia del hombre-, nos encontramos con un tempestuoso mar; cientos de explicaciones, tan diferentes e iguales, se agitan y golpean unas con otras. No obstante, todas y sin excepción, parten etimológicamente de que es φιλοσοφία (amor por la sabiduría)[1]. Es ejercer, desear, y anhelar el conocimiento; y, de forma literal, podríamos decir, cual amor enfermizo, una obsesión y necesidad por desapegarnos de nuestra ignorancia. La Filosofía es –como expone Platón- el uso [o búsqueda] del saber para ventaja del hombre[2]; esta forma de visualizar a la F. estaría próxima a la concepción de Marx: “es una actividad para la transformación del mundo”. Siguiendo la línea, que hemos trazado, describiríamos a la F. como la herramienta progresista y transformadora para la elevación del hombre y su entorno o mundo. Había que añadir, además, que este amor por el conocimiento tendría que ser, de igual manera, una eterna búsqueda por lo verdadero: “llámese filosofía al conocimiento científico de la verdad; el conocimiento científico tiene por fin la verdad; el conocimiento práctico tiene por fin la acción” [3]. Pero ¿cómo es que surge la Filosofía?
El origen- o la causa originaria- de la filosofía consta de dos partes: la admiración y dar sentido a la cosa o acción; y éstas unidas por el deseo-necesario. Veamos cada una y, después, la relación con la filosofía añadiéndole otros factores.

LA ADMIRACIÓN

Aristóteles expone que “las primeras indagaciones filosóficas fué, como lo es hoy, la admiración” [4]. Cuando los primeros hombres comenzaron a familiarizarse con la conciencia, con su razonamiento o simplemente a tener una interpretación formal sobre su entorno, comenzó la admiración. Distintos sucesos marcaban, de forma esporádica, la sorpresa o lo extraño: “ésto no es normal, por lo tanto, no lo entiendo”. Quizás la primera admiración fue la muerte; de ahí que la historia marque a ésta como una de las más remotas dicotomías existenciales y, con ello, el surgimiento de la religión. Es entonces cuando el hombre “debió aceptar la responsabilidad para consigo mismo y también el hecho de que solamente usando sus propios poderes puede dar significado a su vida” [5]. He aquí el substancial motor, la admiración como propulsora del desarrollo intelectual (el empleo de las facultades del intelecto). El hombre no deja de asombrarse, de quedarse perplejo y plantearse nuevos problemas[6]; vivimos con esta admiración de forma involuntaria, es, por lo tanto, una cualidad del hombre creado por su eros, logos e imaginación.

EL SENTIDO DE LA COSA O ACCIÓN.

“Es necesaria una ciencia en la cual coincidan el hacer y el saber servirse de lo que se hace, esta ciencia es la filosofía” expresa Platón [7]. El hombre comenzó a satisfacer sus necesidades vitales, de ahí la unión entre ellos[8]; después, y con la razón, buscó satisfacer otro tipo de necesidades: el reconocimiento. “La existencia humana se caracteriza por el hecho de que el hombre está solo y separado del mundo; no siendo capaz de soportar esta separación, se siente impulsado a buscar la relación y la unidad” [9]. Se buscó, en primera instancia, darle, con la otredad, un sentido a la vida: un por qué.


Platón observa que de nada serviría la posesión de la ciencia para convertir las piedras en oro si no nos supiéramos servir del oro” [10] darle un sentido, una utilidad, un significado al por qué oro y no madera. Y así, cientos de miles de millones, el por qué: de las jerarquías, del orden social, del comercio, de adorar a dioses, etc. “El único intento que el hombre puede hacer para despertar, para acordar y vivir con entera lucidez consiste precisamente en filosofar. De suerte que nuestra vida es, sin remedio, una de estas dos cosas: o sonambulismo o filosofía” [11].

domingo, 17 de enero de 2010

¿Altruistas las Asociaciones Civiles?[1]


Alan R. Ramírez

Las asociaciones civiles se disfrazan de altruistas para ver el sol, al menos la mayoría. Un disfraz que desechan apenas la sobra los cubre. Dicen pelear por el desprotegido, difundir la cultura a los –evidentemente -incultos, proteger a la madre naturaleza y bla bla. Según ellos, en su lícito fin, no reciben nada a cambio; a no ser el bienestar de hacer algo digno del hombre: la ayuda sin limitaciones. Y de esa manera caemos seducidos por el, al fin y al cabo, disfraz.
“Somos altruistas” y seguro que lo vociferan con orgullo a las cámaras televisivas. Pero –¡Oh! por Dios- ¿no es acaso que se alimentan de la debilidad de sus congéneres? ¿no buscan, a partir del otro, el reconocimiento (el “yo soy aquél”)? ¿no los vemos peinados y con su mejor léxico para las entrevistas? ¿los altruistas deben o necesitan tener rangos como: socios activos, adherentes, honorarios, vitalicios y, bufonescamente, vocero de altruistas; o su famosos documentos de estatutos sociales? la verdad es que son igual de necesitados que a los que necesitan, quienes necesariamente siempre son pobres en algo. Ah, pero diferencia de aquellos pobretones y con autorización del Estado, son personas jurídicas y no mamad...s.
“Nosotros ayudamos a la gente de escasos recursos, por eso necesito que me proporcionen dinero” dicen (con palabras más convincentes); los famosos “donativos” a quienes siempre podemos elogiarlos como socios benefactores. Después, con el dinero recaudado, toman la imagen de algún jovén que, ciertamente, sufra la enfermedad del proletarismo moderno. A ésta la adornan con hermosos eslogan: “ayúdanos a ayudarlos” y, de nuevo, más dinero para sus regordetes bolsillos. El siguiente paso, si es que resultaron los anteriores, son las entrevistas en medios de comunicación que, a su vez, buscan recaudar más dinero. Compran influencias, ayudan a la evasión de impuestos y después, saltan a la farándula politóloga y mediocre del país. ¿eso es altruismo?
Ahora bien, se que no he argumentado lógicamente nada de lo que he expuesto y, a decir verdad, no me interesa puesto que voy encausado por otra finalidad. Veo prudente decir que no tengo nada contra las “A.C.” y, como diré más adelante, son un mal necesario. No soy un envidioso o resentido social que, al no trabajar, se la pasa quejándose; me gustaría decir que existen otras Asociaciones Civiles que, a pesar de su situación, tienen un hermoso espíritu.
Continuo. Una asociación civil no debe buscar el reconocimiento; es menester incluso despreciarlo. En su defecto, dejar la hipocresía y exponer con claridad los verdaderos fines que, como diría un renacentista [2], podrán ser justificados. Ejemplo. “necesito comer, y que mejor que a expensa de esos pobretones”, ven, no es tan difícil.
Son detestables y horrendos los discursos persuasivos de las “A.C.” a las que deberíamos llamarles “S.C.”. Para ellos el ser humano no es otra cosa que dinero, dinero que camina, dinero que respira… dinero. Creo juicioso llamar a éstos asociaciones civiles corrompidas y/o degeneradas. Diferenciándolas de las verdaderas y excelentes “A.C”.
Para comenzar jamás existirá un altruismo puro en la unión de individuos para beneficiar a terceros. Debe existir una filautía en cada individuo que desee brindar una ayuda (en cualquier modalidad a su igual); puesto que sin contradicción logrará afanarse por lo que es justo, lo prudente y actuar de acuerdo con la virtud [3]. He aquí la diferencia entre las que buscan el materialismo, a quien Sigmund Freud los llamaría carentes de Falo, y las que buscan enriquecer su conocimiento y el de los otros; o en algunos casos el intelecto, su mundo espiritual o el entorno en que habitan.
Las idóneas “A.C.” son, en efecto, las dogmáticamente civiles y no las institucionalizadas de orden elitistas; quienes siempre serán un mal necesario puesto que, ciertamente, apoyan, aunque con defectos, a la comunidad y su medio ambiente (tal es el caso de las A.C. que absorben los gastos de personas con enfermedades irreversibles y que difícilmente pueden pagar el tratamiento). Son idóneas: las que se dan a la tarea de construir y construirse, las que aman y se dejan amar, las que jamás tendrán como limitante el dinero. Se trata de una ayuda recíproca: “los dos nos beneficiamos y nos elevamos como verdaderos humanos”. Por tanto, la asociación civil no es un trabajo para mantener a su familia; no se debe depender de ésta… no es un jugosos pavo que espera ser devorado. Los individuos asociados deben, y tienen la obligación, de no depender económicamente de ésta; estar íntegramente disponible, en los tiempos que crea propicios, para la tarea que desee beneficiar y, sobre todo, hacerlo con pasión.
Cuando Carlos Marx tenía escasos diecisiete años escribió: “las personas que sólo trabajan para sí mismas pueden convertirse, quizás, en famosos científicos, grandes sabios o excelentes poetas, pero jamás llegarán a ser hombres verdaderamente perfectos y grandes…”[4], dicho de paso, el hombre olvida la otredad. Es menester, sin miedo a equivocarme, ser narcisos y altruistas, ser nietzscheanos y kantianos, ayudar y esperar de ello una ayuda a nuestro ser. Caer sobre un lado de la balanza es degeneración y negar la dualidad del hombre. No tengo mejor referencia que Alcohólicos Anónimos.
Dejemos que las A.C. institucionalizadas hagan lo que mejor saben hacer, y abramos paso a las otras asociaciones civiles: las clandestinas, las verdaderas, las que no buscan otro fin que el logran un mejor lugar para vivir. Sin tener otro enemigo masque la mediocridad… esperemos que algún día podamos reunirnos para coronarnos como un bien necesario. Sólo se trata de ser humanos.



[1] publicada en el primer boletín comunitario del yelmo colectivo
[2] nuestro querido Maquiavelo, en su gran obra “el príncipe” y “el arte de la guerra” expuesto tácitamente.
[3] pensamiento aristotélico, para mayor referencia, y no está de más leerlo, Ética a Nicómaco.
[4] Carlos Marx, Carta para graduarse.

viernes, 15 de enero de 2010

LA MUERTE DEL PERRO

El siguiente minicuento, salió a partir de la lectura del comunicado de un gran amigo.

http://rapcombate.blogspot.com/2010/01/comunicado-del-01-01-10.html



LA MUERTE DEL PERRO.



Estaban dos gatos, uno negro y el otro blanco, en la azotea de un hogar.



-La sangre que ves ahí -dice el gato negro –es de un perro que hoy intentó cruzar el periférico.



-Fue suicidio -replicó el blanco –todos sabemos que es imposible cruzar.



-Quizás- pensó poco –Dicen que los perros tienen corazón de hombre y que el hombre tiene sueños de perros.



Alan R. Ramírez

miércoles, 13 de enero de 2010

El eterno marido y los códigos de la fidelidad (última parte)

El eterno marido y los códigos de la fidelidad
Aparato Crítico
Alan R. Ramírez.

No sé (y es posible que no necesite saberlo) cuántos leyeron, criticaron o reflexionaron sobre el ensayo. sin embargo, en un gesto moral y a los fantasmas de la red, dejo el aparato crítico.

[1] FROMM, Erich “Miedo a la libertad” Tr. Gino Germani Ed. Paidós, Barcelona 2006. Pág. 39
[2] Ibíd. 40
[3] Nietzsche, Fredrich “El ocaso de los ídolos” Ed. Edimart, España 2000 Pág 87
[4] BERISTÁIN, Cecilia “La conquista de la feminidad”; 2da edición. Colección Literatura y psicología. México 2008. Pág. 143
[5] FROMM, Erich. “El arte de amar” Ed. Paidós, México 1986. Pág 52
* Es prudente anunciar que nada me respalda en esta sección y me apoyo en reflexiones y experiencias propias; es, por lo tanto, la parte menos sostenible.
[6] SAVATER, Fernando “Los Diez Mandamientos en el Siglo XXI” Ed. RHM, México 2004, pág. 161
[7] Dostoyevsky, Fyodor “Novelas y cuentos: de Dostoiewsky; El eterno marido” Tr. Ricardo Baeza, Alfonso Nadal y Vera Macarov. Ed. Cumbre, Mexico 1982. Pág 29
[8] Ibíd. 30
[9] Ibíd. 30-31
[10] WILLY, A. y JAMONT C. “La Sexualité” Tr. Julio Moreno Bernardo; 3era Edición, Ed. Daimon. Barcelona 1973. Pág. 146
[11] FROMM, Erich. “El arte de amar” Op. cit. Pág. 60
12- Dostoyevsky, Fyodor Op. cit. Pág. 122
[13] OSTROSKY, Feggy. “Mentes Asesinas, la violencia en tu cerebro”. Hachette Filipacchi Expansión; México 2008. Pág. 93
[14] Dostoyevsky, Fyodor Op. cit. Pág. 31

domingo, 10 de enero de 2010

El eterno marido y los códigos de la fidelidad (tercera parte)

Nacida para el Adulterio
Alan R. Ramírez

Cuando interactuamos con la sociedad, que como ya hemos dicho es vivir en reconocimiento, buscamos a nuestro candidato de forma inconciente. Secundariamente se encuentran el instinto de reproducción contra nuestra extinción. Por ello “la inclinación por una persona definida nace desde las capas más profundas, las sombras ocultas del Yo, a las cuales no tiene acceso la reflexión ni la razón” [10]. Freud expone que es en el subconsciente donde tiene origen la imagen del elegido. El mundo de la apariencia juega un papel muy importante, pues será la imagen que mostraremos. Es mentira que el físico no importe, pues hasta el feo (desde la concepción de belleza en nuestra sociedad) tiene un valor simbólico, o mejor dicho, viene acompañado de una imagen que representa la elección, o “el por qué él”. Bajo esto se basa la deliberación, llamémosla, por decir un nombre, “ley de la atracción sujeto-símbolo”.

Las consecuencias pueden desembocarse en una enajenación recíproca; un enamoramiento violento, en el que los dos evaden su soledad, aislándose de los demás. “El amor erótico es exclusivo, pero ama en la otra persona a toda la humanidad, a todo el que vive” [11].
Sobre el enamoramiento, así como la durabilidad de éste, se han dado diversas teorías, tan distintas e iguales. Describiré -lo que a mi criterio son- las etapas del noviazgo, con el único fin plantear aspectos del adulterio.
La relación de una pareja (en el sentido erótico, o Eros) la dividiremos en cuatro etapas. La primera es tan hermosa como estúpida. Mejor conocida como la mezcolanza de químicos en el cerebro, como la dopamina, donde se pierde conciencia de nuestros actos, entregándonos a la sustancia. Las pasiones violentas nos cubren con un grueso velo que nos impide ver la realidad. Por eso es común pasar por alto costumbres de nuestro amado cuando en realidad, y antes de entrar a este estado, lo detestábamos. Hay personas que, si dejan de generar dichas sustancias (comúnmente relacionadas con la felicidad), terminan automáticamente la relación para comenzar una nueva; llamaremos a este efecto “mariposa dopada”.

En la segunda etapa encontramos el conocer-afinidad. Se comienza a indagar en el “otro” para comenzar a dar reconocimiento y sentido a la vida; aunque para ellos sea conocer con el fin de saber en qué medida son el uno para el otro. Este proceso debería ser el primero pues, una vez dopados, rara vez mostraran la verdad y por lo general mentirán. Hay personas que, descubriendo que nada bueno los relaciona, se marchan al conocer al individuo; mientras que otros, por el contrario, permanecen en una relación destructiva. Mas habrá quien, por distintos factores, acepte o tolere a su semejante dándole un nuevo sentido para hacer más fuerte a Eros. Es común que la primera y segunda etapa cambie de orden o se mezclen, esto depende a la percepción relativa de los individuos.

Justo cuando comienza a disminuir la dopamina, que es nuestra tercera etapa, se crean los códigos para atar la relación; son lazos invisibles que limitan y restringen factores específicos que podrían poner en riesgo a la relación. Cada vez se aumentan más códigos, mientras que la dopamina disminuye. Algunos códigos son tanto éticos e idóneos como persuasivos, con el fin de que se reitere su amor; tal es el ejemplo de Sachenka (otro personaje de Dostoiewsky en “El eterno marido”) quien hábilmente le ha prometido a su amada:
He prometido… que si después de casados, ella se enamorase de otro hombre, o por cualquier causa se sintiese deseosa de romper conmigo, yo me reconocería, sin vacilar, culpable de adulterio, para procurarle un motivo de divorcio… a demás le entregare cien mil rublos para que pueda poner un negocio… y llevarme a la cárcel” [12]

La cuarta etapa es, por fin, conocer el verdadero objeto. Las mentiras e ilusiones son desenmascaradas y, por lo regular, termina la relación. El seguir con la relación se debe a dos motivos: a) el reconocimiento es tal que no se ve separado, teme a la soledad, a no encontrar a otra persona, ó b) aceptan las mentiras, dándole una continuidad a su amorío. Comúnmente se ve en esta etapa que, mientras continúan, buscan a la vez una salida por la cual marcharse de dicho tormento.

Cabe añadir que cuando los códigos se muestran inservibles, nacen, como medida alternativa para darle perdurabilidad a la relación, los celos. Los celos pueden volverse posesivos y enfermizos, cuando el amante es indiferente a estos: “El miedo a la perdida, real o imaginaria, se manifiesta como una amenaza […] Esta situación se traduce en una dependencia afectiva en donde el celoso no se imagina solo” [13].

Como hemos visto, no es hasta que se crean los códigos que puede existir una infidelidad; pues la conciencia sobre el quebrantamiento de éstos demuestra una deslealtad. Dado que el tiempo se me ha vuelto en cima y me queda unas horas para entregar mi trabajo, me saltaré muchas cosas que, aunque me hubiese gustado tratar, bien no puedo tocar; además ya son las 5:28 am y tengo otro trabajo pendiente.

Dostoiewsky expone en su novela que hay mujeres nacidas para el adulterio. Está en su naturaleza. Cosa que Steven Gangestad, Randy Thornhill y Christine Garver, de los departamentos de Psicología y Biología de la Universidad de Nuevo México, estarían de acuerdo; ya que piensan que cuando la mujer tiene su periodo, días antes y días después, son sexualmente más activas. Exponen, también, que dicha atracción no es hacia su pareja, sino por el contrario se ven atraídas por el otro: de ahí la naturaleza de la infidelidad. Por su puesto que Dostoiewsky no es precursor de esa teoría. Él presenta que hay mujeres cuyo motivo de su existir radica en la infidelidad.

No hay cuidado de que estas mujeres caigan cuando son solteras; aguardan para ello hasta estar casadas. ¿Qué se le va ha hace? Está en su naturaleza. El marido es el primer amante; pero nunca antes de la boda” [14].
Estas mujeres, infieles por naturaleza, pueden tener serios problemas (visto desde los que somos “eternos maridos”). No conocen la culpa, por lo que las múltiples infidelidades no les pesan sobre su conciencia. Su fuerza radica en el carácter. Pueden no ser agraciadas físicamente, como el caso de Natalia Vasilievna, y sin embargo tener un carácter decisivo y dominador: “imposible entenderse con ellas a medias, todo o nada”. Odia que las demás personas actúen viciosamente, y ella, a pesar de la molestia, puede ser viciosa y depravada.
Quizás estemos hablando de una posible personalidad alterada, con rasgos borderline, histriónicos o narcisistas; pero se oye bien infieles por naturaleza.
No respetan los códigos y, sin embargo, no permitirían que sus esposos les fueran infieles. Limitan las amistades de la pareja, y hacen lo imposible por destruir las pocas que tienen: “y a pesar de ello, no podía decirse que esta mujer tuviera metido en un puño a su marido. Natalia Vasilievna guardaba todas las apariencias de una mujer sometida a la autoridad del marital, y es posible que hasta estuviese convencida de su sumisión”[15]. Maldita enferma.