
Mostrando entradas con la etiqueta psicologia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta psicologia. Mostrar todas las entradas
domingo, 3 de abril de 2011
miércoles, 6 de octubre de 2010
La máquina “Rompe cráneos”
Rompe Cráneos: El reclusorio busca castigar, no rehabilitar.
Los reclusorios, al menos en México, tienen la misión de reinsertar en la sociedad a cualquier persona que impuso sus leyes frente a las que rigen en su Nación o Entidad. Se atenta contra el orden y la paz cuando se da la cancelación, por parte del individuo, del reconocimiento y obediencia a la ley. Así, por ejemplo, el ladrón decide robar pese a que existen leyes que lo prohíben, ya que encuentra (como Hume expresa en el “Tratado de la naturaleza humana”) ventaja al no reconocer dichas leyes. El reclusorio se propone, en la forma más vaga, tres cosas: castigar, rehabilitar y reinsertar. Porque de eso depende el orden: reconocer y obedecer la ley.
Los reclusorios, al menos en México, tienen la misión de reinsertar en la sociedad a cualquier persona que impuso sus leyes frente a las que rigen en su Nación o Entidad. Se atenta contra el orden y la paz cuando se da la cancelación, por parte del individuo, del reconocimiento y obediencia a la ley. Así, por ejemplo, el ladrón decide robar pese a que existen leyes que lo prohíben, ya que encuentra (como Hume expresa en el “Tratado de la naturaleza humana”) ventaja al no reconocer dichas leyes. El reclusorio se propone, en la forma más vaga, tres cosas: castigar, rehabilitar y reinsertar. Porque de eso depende el orden: reconocer y obedecer la ley.
Ahora bien. Lo que está en juego es la conducta, la desobediencia del individuo hacia la ley ¿es necesario el castigo? Imaginemos lo siguiente:
Samuel desobedeció la ley al robar, con el arma de su abuelo, a cinco peatones en un sólo día. Su botín fue equiparable a la paga mensual de un obrero.
Es evidente que Samuel ha descubierto que saca mayor ventaja al ir en contra de la ley. Sin embargo, al mismo tiempo, no le conviene que los demás o todos realicen el mismo acto. Esto se explica por el imperativo categórico kantiano. Toda persona racional y razonable, como Samuel, puede realizar un imperativo categórico, en el que descubren que si todos robaran, de nada serviría pues de un día al otro les robarían lo que ellos robaron; de tal manera que encuentran desagradable un mundo con esa máxima.
También podemos ver que Samuel seguirá ese patrón, e incluso puede llegar un momento en que olvide por completo la ley que condena tal acto y el castigo por el mismo. Sigamos imaginando:
Después de un año, habiendo vivido cómodamente, Samuel es sorprendido robando por una cámara de vigilancia del Distrito Federal. Además, la última persona a quien robó está lo suficientemente molesta como para atestiguar en su contra.
Es hasta ese momento que hace su aparición la justicia positiva del (insipiente) Estado mexicano. Samuel podrá berrinchar, llorar, prometer que no lo volverá hacer, pero ante la ley nada sino los hechos delimitan la sentencia. Ahora fantaseemos:
Samuel no sabe que un científico mexicano logró, mediante la máquina “Rompe cráneos”, cambiar en dos días las conductas de los seres humanos. Ni tampoco que en los reclusorios han aprobado que se utilice dicha máquina con los internos para reinsertarlos a la sociedad.
Pienso que no sólo sería bueno para un civil que le asegurasen que Samuel no volverá a robar, sino que además se podría gastar sus impuestos en otras cosas. En dos semanas el criminal estaría de nuevo en la sociedad y moriría de hambre antes de volver a robar. El problema es que se atentaría contra la naturaleza humana: la elección. Pero bueno, sólo estamos fantaseando. Hasta aquí parece que deberíamos darle el Nobel al científico mexicano pero cambiemos el crimen:
Samuel abusó sexualmente de Samanta, una niña de 10 años. La amenazó, le dijo que mataría a toda su familia.
Hagamos más cruel el asunto:
Samuel, al cabo de un año, había abusado sexualmente de una docena de niños y niñas. En una ocasión mató a Juan, un niño de 8 años, enterrándolo en el jardín de su casa. A partir de una denuncia anónima por parte de un niño, logran su detención.
Imagina que fueras el padre o madre de uno de los niños y te dijeran: “no se preocupe, hemos detenido a quien abusó de su hijo. Cuanto antes lo someteremos a una máquina llamada “Rompe cráneos” que corregirá la conducta. En dos semanas estará de nuevo en las calles. Debe estar segura de que jamás volverá a tocar a su hijo o a cualquier menor”. ¿Lo aceptarías o desearías que recibiera un castigo, que pagara con su libertad durante quince años, que los internos del reclusorio lo violaran? O aceptarías la oferta para, al verlo en las calles, matarlo. ¿Qué harías?
Me quedan cinco minutos para salir de mi servicio social, y si escribí este disparate fue sólo porque ayer me surgió la idea de la máquina “rompe cráneos”. Así que no creo retomar el tema. Hagamos rápidamente unas conclusiones. Demasiado tarde… háganlas ustedes mismos. ¿Se busca el castigo o la rehabilitación, o bien rehabilitarlos castigándolos? Y recuerda, tú también podrías imponer tu propia ley.
Un beso
Alan R. Ramírez
(Escrito en el imjuve)
Etiquetas:
adicciones,
Alan R. Ramírez,
Filosofía,
psicologia
lunes, 25 de enero de 2010
¿Por qué nos enamoramos?
Alan R. Ramírez
Partir con una pregunta tan monstruosa, en el sentido de amorfa e indescriptible, pareciera ser una total perdida de tiempo; podríamos decir: “pues nos enamoramos, así, viéndonos, besándonos; mira, tú eras mi media naranja, ¿ves?” Y punto. Pero ¿realmente eso fue lo que pasó? Imaginemos por un momento, que eso es verdad, no sólo en práctica sino además lógicamente. Tendríamos que aceptar como fórmula lo siguiente: dependiendo el número de miradas que demos por día, más los besos que en éstos depositemos, será mayor la posibilidad de encontrar a la tan mencionada “media naranja”. Así de fácil. Fíjate, sin querer, hemos ayudado a miles de desdichados que no encuentran el amor. Supondremos ésto como valido, (descuida) sólo por un momento, para preguntarnos: ¿Por qué cojones buscamos a la media naranja?
Si observamos al hombre podemos darnos cuenta de que es, indiscutiblemente, un animal y como tal busca la supervivencia; aunque de forma diferente. Es él quien sabe que únicamente en sociedad podrá aspirar a satisfacer plenamente sus necesidades. Somos más débiles de lo que pensamos. Entendemos por lo tanto que la necesidad de sobrevivir es la originaria de la sociedad; y ésta, por su naturaleza, crea los primeros Estados de gobiernos, a decir: la familia. Sé que voy muy rápido, no te preocupes, ya lo justificaré. Opinaremos, aunque se que te molestará, a la familia como la búsqueda del hombre por el reconocimiento. Aún no hay “medias naranjas”, en principio todo fue reconocimiento y aunque suene extraño lo sigue siendo. El padre, por supuesto, es el rango más alto al que se puede aspirar. Es, analógicamente, lo que sería para los gorilas un “espalda plateada”; es decir que tiene un rol y éste justifica sus acciones. Yo, como padre, por arriesgar mi vida para la subsistencia de mis protegidos, exijo un reconocimiento y que se me rinda obediencia. Se necesita el reconocimiento para darle un sentido a nuestras vidas. Y añadiendo un factor, a quien muchos filósofos dedican gran parte de sus obras, la propiedad, surge la cadena de reconocimientos: “las jerarquías autoritaristas”. ¿Me expliqué? Descuida, sólo quería situar al “reconocimiento” como pieza fundamental de la sociedad.
¿Te imaginas vivir sin reconocimiento? Para comenzar, nadie te registraría en su cerebro como hija, alumna, pariente, o un ser humano. El hombre (Eros, Razón, Manos e Imaginación), por lo tanto, a lo que más le teme, después de la muerte, es a vivir sin reconocimientos: ser un animal. Después de nacer, vivimos separados de los demás, qué nos une sino el reconocimiento.
Es verdad que eres hija de un profesor, que tienes una madre y una hermana, que estudias Leyes en la UNAM y... ¿Quién lo constata? Quizás, si tengo suerte, se lo acredites a tus allegados; pero olvidamos que ellos, a su vez, requieren también satisfacer esta necesidad. He ahí, aunque de forma inconciente, buscamos a un candidato que constate y reconozca mis acciones, mi vida, mi personalidad. A diferencia de los animales, quienes persiguen la única necesidad de mantener la especie.
Espera, sé que eso no es el amor, sin embargo sí es la causalidad.
Cuando interactuamos con la sociedad, que es vivir en reconocimiento, buscamos ese candidato del que hablamos (de forma inconciente). Y de una forma más secundaria, se encuentran el instinto de reproducción contra nuestra extinción. Pereciera que este instinto es primario pero en el hombre, a diferencia del animal, ésto pasa a segundo grado. No nos interesa que nuestra especie se extinga, sino que nuestro ser, en cuanto a reconocimiento, no desaparezca. Es el círculo. Sin embargo, nadie podrá decir que en la búsqueda de nuestro igual, quien reconocerá las acciones y características, entraran factores deterministas-fisiológicos; como en los animales. Éstos (los animales) saben el momento de su apareamiento por agentes intrínsecos a su naturaleza. Por ejemplo, constantemente los perros hueles el trasero de las hembras y, por medio del olor, saben cuando deben de aparearse. Se encuentran los que, mediante la fuerza o el baile, cortejan a sus parejas; mostrando la protección que pueden brindar, así como los buenos genes que tendrán las crías. Estos factores instintivos son las herramientas que el hombre emplea para la elección de la persona en quien reconocerán como su pareja o su biógrafa.
Cada hombre se basa en distintos métodos para alcanzar la meta: hay quienes prefieren la figura. Un ejemplo sería las personas obsesionadas con buscar parejas con gran busto o caderas enchanzadas, así como hombres musculosos o de aspecto tosco. Lo que pasaría en este caso, es que, no sólo buscan alguien que los reconozca como “tal”, sino que también se preocupan por su descendencia, así como su protección (en el caso de las mujeres por hombres musculosos). Existe además, y en la que muchos científicos se han concentrado, la atracción olfativa. Indagamos en el mundo de los olores, el más placentero. Ésta está más apegada a lo que sería una experiencia con un estupefaciente (aunque ya veremos que todas terminan de la misma manera). Pero la más viable, amenos en nuestra relación, es la pareja-prototipo.
Hemos dicho que el origen de la familia es el reconocimiento, y que es éste el que persigue el hombre hasta la muerte. Veo apropiado exponer que la búsqueda de la pareja se encuentra en este cuadrante, pues la familia siempre será la originaria del amor. ¿Amor y reconocimiento es lo mismo? No, diremos que el reconocimiento es el objeto y el amor el movimiento en potencia. Entre la madre y el hijo hay un mutuo reconocimiento como objeto de unión, y de éste surge (incondicionalmente) el amor (como necesidad o fuente alimenticia del reconocimiento). “Me reconoces como madre, por lo tanto te necesito para no extinguir (por lo menos) el sentido (en ese aspecto) de mi vida; Sin ti yo no sería madre”. Pero, antes de que te confunda y me meta en un problema, es sensato decir que el amor es complejo. Hace falta más factores, no sólo el reconocimiento; pero éstos los veremos poco a poco. Sin hacer más observaciones, masque las que hemos mencionado, puesto que encontramos diferentes reconocimientos y por lo tanto diferentes amores (maternal, paternal, fraternal) hablemos del como se da la pareja-prototipo.
Partir con una pregunta tan monstruosa, en el sentido de amorfa e indescriptible, pareciera ser una total perdida de tiempo; podríamos decir: “pues nos enamoramos, así, viéndonos, besándonos; mira, tú eras mi media naranja, ¿ves?” Y punto. Pero ¿realmente eso fue lo que pasó? Imaginemos por un momento, que eso es verdad, no sólo en práctica sino además lógicamente. Tendríamos que aceptar como fórmula lo siguiente: dependiendo el número de miradas que demos por día, más los besos que en éstos depositemos, será mayor la posibilidad de encontrar a la tan mencionada “media naranja”. Así de fácil. Fíjate, sin querer, hemos ayudado a miles de desdichados que no encuentran el amor. Supondremos ésto como valido, (descuida) sólo por un momento, para preguntarnos: ¿Por qué cojones buscamos a la media naranja?
Si observamos al hombre podemos darnos cuenta de que es, indiscutiblemente, un animal y como tal busca la supervivencia; aunque de forma diferente. Es él quien sabe que únicamente en sociedad podrá aspirar a satisfacer plenamente sus necesidades. Somos más débiles de lo que pensamos. Entendemos por lo tanto que la necesidad de sobrevivir es la originaria de la sociedad; y ésta, por su naturaleza, crea los primeros Estados de gobiernos, a decir: la familia. Sé que voy muy rápido, no te preocupes, ya lo justificaré. Opinaremos, aunque se que te molestará, a la familia como la búsqueda del hombre por el reconocimiento. Aún no hay “medias naranjas”, en principio todo fue reconocimiento y aunque suene extraño lo sigue siendo. El padre, por supuesto, es el rango más alto al que se puede aspirar. Es, analógicamente, lo que sería para los gorilas un “espalda plateada”; es decir que tiene un rol y éste justifica sus acciones. Yo, como padre, por arriesgar mi vida para la subsistencia de mis protegidos, exijo un reconocimiento y que se me rinda obediencia. Se necesita el reconocimiento para darle un sentido a nuestras vidas. Y añadiendo un factor, a quien muchos filósofos dedican gran parte de sus obras, la propiedad, surge la cadena de reconocimientos: “las jerarquías autoritaristas”. ¿Me expliqué? Descuida, sólo quería situar al “reconocimiento” como pieza fundamental de la sociedad.
¿Te imaginas vivir sin reconocimiento? Para comenzar, nadie te registraría en su cerebro como hija, alumna, pariente, o un ser humano. El hombre (Eros, Razón, Manos e Imaginación), por lo tanto, a lo que más le teme, después de la muerte, es a vivir sin reconocimientos: ser un animal. Después de nacer, vivimos separados de los demás, qué nos une sino el reconocimiento.
Es verdad que eres hija de un profesor, que tienes una madre y una hermana, que estudias Leyes en la UNAM y... ¿Quién lo constata? Quizás, si tengo suerte, se lo acredites a tus allegados; pero olvidamos que ellos, a su vez, requieren también satisfacer esta necesidad. He ahí, aunque de forma inconciente, buscamos a un candidato que constate y reconozca mis acciones, mi vida, mi personalidad. A diferencia de los animales, quienes persiguen la única necesidad de mantener la especie.
Espera, sé que eso no es el amor, sin embargo sí es la causalidad.
Cuando interactuamos con la sociedad, que es vivir en reconocimiento, buscamos ese candidato del que hablamos (de forma inconciente). Y de una forma más secundaria, se encuentran el instinto de reproducción contra nuestra extinción. Pereciera que este instinto es primario pero en el hombre, a diferencia del animal, ésto pasa a segundo grado. No nos interesa que nuestra especie se extinga, sino que nuestro ser, en cuanto a reconocimiento, no desaparezca. Es el círculo. Sin embargo, nadie podrá decir que en la búsqueda de nuestro igual, quien reconocerá las acciones y características, entraran factores deterministas-fisiológicos; como en los animales. Éstos (los animales) saben el momento de su apareamiento por agentes intrínsecos a su naturaleza. Por ejemplo, constantemente los perros hueles el trasero de las hembras y, por medio del olor, saben cuando deben de aparearse. Se encuentran los que, mediante la fuerza o el baile, cortejan a sus parejas; mostrando la protección que pueden brindar, así como los buenos genes que tendrán las crías. Estos factores instintivos son las herramientas que el hombre emplea para la elección de la persona en quien reconocerán como su pareja o su biógrafa.
Cada hombre se basa en distintos métodos para alcanzar la meta: hay quienes prefieren la figura. Un ejemplo sería las personas obsesionadas con buscar parejas con gran busto o caderas enchanzadas, así como hombres musculosos o de aspecto tosco. Lo que pasaría en este caso, es que, no sólo buscan alguien que los reconozca como “tal”, sino que también se preocupan por su descendencia, así como su protección (en el caso de las mujeres por hombres musculosos). Existe además, y en la que muchos científicos se han concentrado, la atracción olfativa. Indagamos en el mundo de los olores, el más placentero. Ésta está más apegada a lo que sería una experiencia con un estupefaciente (aunque ya veremos que todas terminan de la misma manera). Pero la más viable, amenos en nuestra relación, es la pareja-prototipo.
Hemos dicho que el origen de la familia es el reconocimiento, y que es éste el que persigue el hombre hasta la muerte. Veo apropiado exponer que la búsqueda de la pareja se encuentra en este cuadrante, pues la familia siempre será la originaria del amor. ¿Amor y reconocimiento es lo mismo? No, diremos que el reconocimiento es el objeto y el amor el movimiento en potencia. Entre la madre y el hijo hay un mutuo reconocimiento como objeto de unión, y de éste surge (incondicionalmente) el amor (como necesidad o fuente alimenticia del reconocimiento). “Me reconoces como madre, por lo tanto te necesito para no extinguir (por lo menos) el sentido (en ese aspecto) de mi vida; Sin ti yo no sería madre”. Pero, antes de que te confunda y me meta en un problema, es sensato decir que el amor es complejo. Hace falta más factores, no sólo el reconocimiento; pero éstos los veremos poco a poco. Sin hacer más observaciones, masque las que hemos mencionado, puesto que encontramos diferentes reconocimientos y por lo tanto diferentes amores (maternal, paternal, fraternal) hablemos del como se da la pareja-prototipo.
Etiquetas:
amor,
escritos de la banda del yelmo,
Filosofía,
psicologia
miércoles, 13 de enero de 2010
El eterno marido y los códigos de la fidelidad (última parte)
El eterno marido y los códigos de la fidelidad
Aparato Crítico
Alan R. Ramírez.
No sé (y es posible que no necesite saberlo) cuántos leyeron, criticaron o reflexionaron sobre el ensayo. sin embargo, en un gesto moral y a los fantasmas de la red, dejo el aparato crítico.
[1] FROMM, Erich “Miedo a la libertad” Tr. Gino Germani Ed. Paidós, Barcelona 2006. Pág. 39
[2] Ibíd. 40
[3] Nietzsche, Fredrich “El ocaso de los ídolos” Ed. Edimart, España 2000 Pág 87
[4] BERISTÁIN, Cecilia “La conquista de la feminidad”; 2da edición. Colección Literatura y psicología. México 2008. Pág. 143
[5] FROMM, Erich. “El arte de amar” Ed. Paidós, México 1986. Pág 52
* Es prudente anunciar que nada me respalda en esta sección y me apoyo en reflexiones y experiencias propias; es, por lo tanto, la parte menos sostenible.
[6] SAVATER, Fernando “Los Diez Mandamientos en el Siglo XXI” Ed. RHM, México 2004, pág. 161
[7] Dostoyevsky, Fyodor “Novelas y cuentos: de Dostoiewsky; El eterno marido” Tr. Ricardo Baeza, Alfonso Nadal y Vera Macarov. Ed. Cumbre, Mexico 1982. Pág 29
[8] Ibíd. 30
[9] Ibíd. 30-31
[10] WILLY, A. y JAMONT C. “La Sexualité” Tr. Julio Moreno Bernardo; 3era Edición, Ed. Daimon. Barcelona 1973. Pág. 146
[11] FROMM, Erich. “El arte de amar” Op. cit. Pág. 60
12- Dostoyevsky, Fyodor Op. cit. Pág. 122
[13] OSTROSKY, Feggy. “Mentes Asesinas, la violencia en tu cerebro”. Hachette Filipacchi Expansión; México 2008. Pág. 93
[14] Dostoyevsky, Fyodor Op. cit. Pág. 31
Aparato Crítico
Alan R. Ramírez.
No sé (y es posible que no necesite saberlo) cuántos leyeron, criticaron o reflexionaron sobre el ensayo. sin embargo, en un gesto moral y a los fantasmas de la red, dejo el aparato crítico.
[1] FROMM, Erich “Miedo a la libertad” Tr. Gino Germani Ed. Paidós, Barcelona 2006. Pág. 39
[2] Ibíd. 40
[3] Nietzsche, Fredrich “El ocaso de los ídolos” Ed. Edimart, España 2000 Pág 87
[4] BERISTÁIN, Cecilia “La conquista de la feminidad”; 2da edición. Colección Literatura y psicología. México 2008. Pág. 143
[5] FROMM, Erich. “El arte de amar” Ed. Paidós, México 1986. Pág 52
* Es prudente anunciar que nada me respalda en esta sección y me apoyo en reflexiones y experiencias propias; es, por lo tanto, la parte menos sostenible.
[6] SAVATER, Fernando “Los Diez Mandamientos en el Siglo XXI” Ed. RHM, México 2004, pág. 161
[7] Dostoyevsky, Fyodor “Novelas y cuentos: de Dostoiewsky; El eterno marido” Tr. Ricardo Baeza, Alfonso Nadal y Vera Macarov. Ed. Cumbre, Mexico 1982. Pág 29
[8] Ibíd. 30
[9] Ibíd. 30-31
[10] WILLY, A. y JAMONT C. “La Sexualité” Tr. Julio Moreno Bernardo; 3era Edición, Ed. Daimon. Barcelona 1973. Pág. 146
[11] FROMM, Erich. “El arte de amar” Op. cit. Pág. 60
12- Dostoyevsky, Fyodor Op. cit. Pág. 122
[13] OSTROSKY, Feggy. “Mentes Asesinas, la violencia en tu cerebro”. Hachette Filipacchi Expansión; México 2008. Pág. 93
[14] Dostoyevsky, Fyodor Op. cit. Pág. 31
Etiquetas:
amor,
bibliografía,
escritos de la banda del yelmo,
Filosofía,
psicologia
domingo, 10 de enero de 2010
El eterno marido y los códigos de la fidelidad (tercera parte)
Nacida para el Adulterio
Alan R. Ramírez
Cuando interactuamos con la sociedad, que como ya hemos dicho es vivir en reconocimiento, buscamos a nuestro candidato de forma inconciente. Secundariamente se encuentran el instinto de reproducción contra nuestra extinción. Por ello “la inclinación por una persona definida nace desde las capas más profundas, las sombras ocultas del Yo, a las cuales no tiene acceso la reflexión ni la razón” [10]. Freud expone que es en el subconsciente donde tiene origen la imagen del elegido. El mundo de la apariencia juega un papel muy importante, pues será la imagen que mostraremos. Es mentira que el físico no importe, pues hasta el feo (desde la concepción de belleza en nuestra sociedad) tiene un valor simbólico, o mejor dicho, viene acompañado de una imagen que representa la elección, o “el por qué él”. Bajo esto se basa la deliberación, llamémosla, por decir un nombre, “ley de la atracción sujeto-símbolo”.
Las consecuencias pueden desembocarse en una enajenación recíproca; un enamoramiento violento, en el que los dos evaden su soledad, aislándose de los demás. “El amor erótico es exclusivo, pero ama en la otra persona a toda la humanidad, a todo el que vive” [11].
Sobre el enamoramiento, así como la durabilidad de éste, se han dado diversas teorías, tan distintas e iguales. Describiré -lo que a mi criterio son- las etapas del noviazgo, con el único fin plantear aspectos del adulterio.
La relación de una pareja (en el sentido erótico, o Eros) la dividiremos en cuatro etapas. La primera es tan hermosa como estúpida. Mejor conocida como la mezcolanza de químicos en el cerebro, como la dopamina, donde se pierde conciencia de nuestros actos, entregándonos a la sustancia. Las pasiones violentas nos cubren con un grueso velo que nos impide ver la realidad. Por eso es común pasar por alto costumbres de nuestro amado cuando en realidad, y antes de entrar a este estado, lo detestábamos. Hay personas que, si dejan de generar dichas sustancias (comúnmente relacionadas con la felicidad), terminan automáticamente la relación para comenzar una nueva; llamaremos a este efecto “mariposa dopada”.
En la segunda etapa encontramos el conocer-afinidad. Se comienza a indagar en el “otro” para comenzar a dar reconocimiento y sentido a la vida; aunque para ellos sea conocer con el fin de saber en qué medida son el uno para el otro. Este proceso debería ser el primero pues, una vez dopados, rara vez mostraran la verdad y por lo general mentirán. Hay personas que, descubriendo que nada bueno los relaciona, se marchan al conocer al individuo; mientras que otros, por el contrario, permanecen en una relación destructiva. Mas habrá quien, por distintos factores, acepte o tolere a su semejante dándole un nuevo sentido para hacer más fuerte a Eros. Es común que la primera y segunda etapa cambie de orden o se mezclen, esto depende a la percepción relativa de los individuos.
Justo cuando comienza a disminuir la dopamina, que es nuestra tercera etapa, se crean los códigos para atar la relación; son lazos invisibles que limitan y restringen factores específicos que podrían poner en riesgo a la relación. Cada vez se aumentan más códigos, mientras que la dopamina disminuye. Algunos códigos son tanto éticos e idóneos como persuasivos, con el fin de que se reitere su amor; tal es el ejemplo de Sachenka (otro personaje de Dostoiewsky en “El eterno marido”) quien hábilmente le ha prometido a su amada:
“He prometido… que si después de casados, ella se enamorase de otro hombre, o por cualquier causa se sintiese deseosa de romper conmigo, yo me reconocería, sin vacilar, culpable de adulterio, para procurarle un motivo de divorcio… a demás le entregare cien mil rublos para que pueda poner un negocio… y llevarme a la cárcel” [12]
La cuarta etapa es, por fin, conocer el verdadero objeto. Las mentiras e ilusiones son desenmascaradas y, por lo regular, termina la relación. El seguir con la relación se debe a dos motivos: a) el reconocimiento es tal que no se ve separado, teme a la soledad, a no encontrar a otra persona, ó b) aceptan las mentiras, dándole una continuidad a su amorío. Comúnmente se ve en esta etapa que, mientras continúan, buscan a la vez una salida por la cual marcharse de dicho tormento.
Cabe añadir que cuando los códigos se muestran inservibles, nacen, como medida alternativa para darle perdurabilidad a la relación, los celos. Los celos pueden volverse posesivos y enfermizos, cuando el amante es indiferente a estos: “El miedo a la perdida, real o imaginaria, se manifiesta como una amenaza […] Esta situación se traduce en una dependencia afectiva en donde el celoso no se imagina solo” [13].
Como hemos visto, no es hasta que se crean los códigos que puede existir una infidelidad; pues la conciencia sobre el quebrantamiento de éstos demuestra una deslealtad. Dado que el tiempo se me ha vuelto en cima y me queda unas horas para entregar mi trabajo, me saltaré muchas cosas que, aunque me hubiese gustado tratar, bien no puedo tocar; además ya son las 5:28 am y tengo otro trabajo pendiente.
Dostoiewsky expone en su novela que hay mujeres nacidas para el adulterio. Está en su naturaleza. Cosa que Steven Gangestad, Randy Thornhill y Christine Garver, de los departamentos de Psicología y Biología de la Universidad de Nuevo México, estarían de acuerdo; ya que piensan que cuando la mujer tiene su periodo, días antes y días después, son sexualmente más activas. Exponen, también, que dicha atracción no es hacia su pareja, sino por el contrario se ven atraídas por el otro: de ahí la naturaleza de la infidelidad. Por su puesto que Dostoiewsky no es precursor de esa teoría. Él presenta que hay mujeres cuyo motivo de su existir radica en la infidelidad.
“No hay cuidado de que estas mujeres caigan cuando son solteras; aguardan para ello hasta estar casadas. ¿Qué se le va ha hace? Está en su naturaleza. El marido es el primer amante; pero nunca antes de la boda” [14].
Estas mujeres, infieles por naturaleza, pueden tener serios problemas (visto desde los que somos “eternos maridos”). No conocen la culpa, por lo que las múltiples infidelidades no les pesan sobre su conciencia. Su fuerza radica en el carácter. Pueden no ser agraciadas físicamente, como el caso de Natalia Vasilievna, y sin embargo tener un carácter decisivo y dominador: “imposible entenderse con ellas a medias, todo o nada”. Odia que las demás personas actúen viciosamente, y ella, a pesar de la molestia, puede ser viciosa y depravada.
Quizás estemos hablando de una posible personalidad alterada, con rasgos borderline, histriónicos o narcisistas; pero se oye bien infieles por naturaleza.
No respetan los códigos y, sin embargo, no permitirían que sus esposos les fueran infieles. Limitan las amistades de la pareja, y hacen lo imposible por destruir las pocas que tienen: “y a pesar de ello, no podía decirse que esta mujer tuviera metido en un puño a su marido. Natalia Vasilievna guardaba todas las apariencias de una mujer sometida a la autoridad del marital, y es posible que hasta estuviese convencida de su sumisión”[15]. Maldita enferma.
Alan R. Ramírez
Cuando interactuamos con la sociedad, que como ya hemos dicho es vivir en reconocimiento, buscamos a nuestro candidato de forma inconciente. Secundariamente se encuentran el instinto de reproducción contra nuestra extinción. Por ello “la inclinación por una persona definida nace desde las capas más profundas, las sombras ocultas del Yo, a las cuales no tiene acceso la reflexión ni la razón” [10]. Freud expone que es en el subconsciente donde tiene origen la imagen del elegido. El mundo de la apariencia juega un papel muy importante, pues será la imagen que mostraremos. Es mentira que el físico no importe, pues hasta el feo (desde la concepción de belleza en nuestra sociedad) tiene un valor simbólico, o mejor dicho, viene acompañado de una imagen que representa la elección, o “el por qué él”. Bajo esto se basa la deliberación, llamémosla, por decir un nombre, “ley de la atracción sujeto-símbolo”.
Las consecuencias pueden desembocarse en una enajenación recíproca; un enamoramiento violento, en el que los dos evaden su soledad, aislándose de los demás. “El amor erótico es exclusivo, pero ama en la otra persona a toda la humanidad, a todo el que vive” [11].
Sobre el enamoramiento, así como la durabilidad de éste, se han dado diversas teorías, tan distintas e iguales. Describiré -lo que a mi criterio son- las etapas del noviazgo, con el único fin plantear aspectos del adulterio.
La relación de una pareja (en el sentido erótico, o Eros) la dividiremos en cuatro etapas. La primera es tan hermosa como estúpida. Mejor conocida como la mezcolanza de químicos en el cerebro, como la dopamina, donde se pierde conciencia de nuestros actos, entregándonos a la sustancia. Las pasiones violentas nos cubren con un grueso velo que nos impide ver la realidad. Por eso es común pasar por alto costumbres de nuestro amado cuando en realidad, y antes de entrar a este estado, lo detestábamos. Hay personas que, si dejan de generar dichas sustancias (comúnmente relacionadas con la felicidad), terminan automáticamente la relación para comenzar una nueva; llamaremos a este efecto “mariposa dopada”.
En la segunda etapa encontramos el conocer-afinidad. Se comienza a indagar en el “otro” para comenzar a dar reconocimiento y sentido a la vida; aunque para ellos sea conocer con el fin de saber en qué medida son el uno para el otro. Este proceso debería ser el primero pues, una vez dopados, rara vez mostraran la verdad y por lo general mentirán. Hay personas que, descubriendo que nada bueno los relaciona, se marchan al conocer al individuo; mientras que otros, por el contrario, permanecen en una relación destructiva. Mas habrá quien, por distintos factores, acepte o tolere a su semejante dándole un nuevo sentido para hacer más fuerte a Eros. Es común que la primera y segunda etapa cambie de orden o se mezclen, esto depende a la percepción relativa de los individuos.
Justo cuando comienza a disminuir la dopamina, que es nuestra tercera etapa, se crean los códigos para atar la relación; son lazos invisibles que limitan y restringen factores específicos que podrían poner en riesgo a la relación. Cada vez se aumentan más códigos, mientras que la dopamina disminuye. Algunos códigos son tanto éticos e idóneos como persuasivos, con el fin de que se reitere su amor; tal es el ejemplo de Sachenka (otro personaje de Dostoiewsky en “El eterno marido”) quien hábilmente le ha prometido a su amada:
“He prometido… que si después de casados, ella se enamorase de otro hombre, o por cualquier causa se sintiese deseosa de romper conmigo, yo me reconocería, sin vacilar, culpable de adulterio, para procurarle un motivo de divorcio… a demás le entregare cien mil rublos para que pueda poner un negocio… y llevarme a la cárcel” [12]
La cuarta etapa es, por fin, conocer el verdadero objeto. Las mentiras e ilusiones son desenmascaradas y, por lo regular, termina la relación. El seguir con la relación se debe a dos motivos: a) el reconocimiento es tal que no se ve separado, teme a la soledad, a no encontrar a otra persona, ó b) aceptan las mentiras, dándole una continuidad a su amorío. Comúnmente se ve en esta etapa que, mientras continúan, buscan a la vez una salida por la cual marcharse de dicho tormento.
Cabe añadir que cuando los códigos se muestran inservibles, nacen, como medida alternativa para darle perdurabilidad a la relación, los celos. Los celos pueden volverse posesivos y enfermizos, cuando el amante es indiferente a estos: “El miedo a la perdida, real o imaginaria, se manifiesta como una amenaza […] Esta situación se traduce en una dependencia afectiva en donde el celoso no se imagina solo” [13].
Como hemos visto, no es hasta que se crean los códigos que puede existir una infidelidad; pues la conciencia sobre el quebrantamiento de éstos demuestra una deslealtad. Dado que el tiempo se me ha vuelto en cima y me queda unas horas para entregar mi trabajo, me saltaré muchas cosas que, aunque me hubiese gustado tratar, bien no puedo tocar; además ya son las 5:28 am y tengo otro trabajo pendiente.
Dostoiewsky expone en su novela que hay mujeres nacidas para el adulterio. Está en su naturaleza. Cosa que Steven Gangestad, Randy Thornhill y Christine Garver, de los departamentos de Psicología y Biología de la Universidad de Nuevo México, estarían de acuerdo; ya que piensan que cuando la mujer tiene su periodo, días antes y días después, son sexualmente más activas. Exponen, también, que dicha atracción no es hacia su pareja, sino por el contrario se ven atraídas por el otro: de ahí la naturaleza de la infidelidad. Por su puesto que Dostoiewsky no es precursor de esa teoría. Él presenta que hay mujeres cuyo motivo de su existir radica en la infidelidad.
“No hay cuidado de que estas mujeres caigan cuando son solteras; aguardan para ello hasta estar casadas. ¿Qué se le va ha hace? Está en su naturaleza. El marido es el primer amante; pero nunca antes de la boda” [14].
Estas mujeres, infieles por naturaleza, pueden tener serios problemas (visto desde los que somos “eternos maridos”). No conocen la culpa, por lo que las múltiples infidelidades no les pesan sobre su conciencia. Su fuerza radica en el carácter. Pueden no ser agraciadas físicamente, como el caso de Natalia Vasilievna, y sin embargo tener un carácter decisivo y dominador: “imposible entenderse con ellas a medias, todo o nada”. Odia que las demás personas actúen viciosamente, y ella, a pesar de la molestia, puede ser viciosa y depravada.
Quizás estemos hablando de una posible personalidad alterada, con rasgos borderline, histriónicos o narcisistas; pero se oye bien infieles por naturaleza.
No respetan los códigos y, sin embargo, no permitirían que sus esposos les fueran infieles. Limitan las amistades de la pareja, y hacen lo imposible por destruir las pocas que tienen: “y a pesar de ello, no podía decirse que esta mujer tuviera metido en un puño a su marido. Natalia Vasilievna guardaba todas las apariencias de una mujer sometida a la autoridad del marital, y es posible que hasta estuviese convencida de su sumisión”[15]. Maldita enferma.
Etiquetas:
amor,
escritos de la banda del yelmo,
Filosofía,
psicologia
martes, 5 de enero de 2010
EL ETERNO MARIDO Y LOS CÓDIGOS DE LA FIDELIDAD (Segunda parte)
EL AMANTE EN LA INFIDELIDAD
Alan R. Ramírez
Bajo la sencillez y complejidad de la eticidad, se entiende por humano al ente que es capas de despertar: “Eros, Logos e Imaginación”. Pero, y en cuanto al primero, creemos que debe ser simbólico. Es decir que el amor es para una sola persona, manteniendo cierta indiferencia por los demás: “Como no comprenden que el amor es una actividad, un poder del alma, creen que lo único necesario es encontrar un objeto adecuado” [5]. Se piensa que con dicho objeto, principalmente en el acto sexual, podrán superar el problema de la “separatividad”. Crean este lazo para unirse al mismo tiempo que, y no es que el amor sea ciego, se genera un velo ilusorio. Al darse cuenta de este velo, avergonzados y furiosos, vislumbran que están más separados que en un principio.
Ahora bien. Los individuos que se unen para evadir la soledad y encontrar el reconocimiento, han de crear ciertos códigos, o decálogos, de lo que, a su poco o mucho entendimiento, es una perfecta relación. Éstos serán más rígidos en cuanto que la pasión sea más violenta; e, incluso, puede avivar a Eros. Una ley puede ser, claramente visible en la modernidad, la preferencia de uno sobre el otro ante cualquier circunstancia: “si prefieres a tu familia, pues no me necesitas… si me prefieres a mí, seguiremos juntos”.
Los candidatos, para evadir nuestro problema de separatidad, deben tener requisitos; evaluados únicamente por el amado. Lo que se busca es un ideal. No debe importarnos las teorías de elección o el por qué, lo imprescindible es que lo que deseamos es lo más próximo a nuestro ideal; aunque, con el tiempo, sea necesario moldearlo al punto de tener dicho perfección. Por ejemplo: nos gustan mujeres (o hombres) esculturalmente estéticas, aún siendo efímero, el amado hará que se afiance la disciplina por el ejercicio físico. Este ejemplo es muy común en nuestros días. Se busca el símbolo; mientras las cualidades, condiciones y facultades psíquicas son ignoradas. Para estas personas no importa Eros, sino que alguien o algo puedan ayudarlos a evadir la separatividad y la reconozca.
Veo, hasta el momento, los puntos específicos para poder hondar en el tema de la infidelidad. Aclaremos que amante no lo entendemos como la relación amorosa entre dos personas (amado-amante) a quien comúnmente denominamos novio(a). Utilizaremos la palabra amante, tal y como los mexicanos la entendemos: el Sancho, la Otra, Lechero o Amiga con derechos. Éste último parece ser un término demasiado cínico.
Existen distintos tipos de amantes, a quienes he reflexionado y, dándome el lujo, he nombrado según mi criterio*. Me encargaré de mencionar al menos tres, siendo el último quien me importa.
El amante Narciso: Cree que tener demasiadas parejas refleja superioridad, lo exalta; valiéndose de todo cuanto pueda utilizar para romper la fidelidad de las parejas. Su mayor excitación es el poder decir: “Eres inferior a ‘mí’, porque ‘yo’ poseo a tu mujer”. Sus relaciones, con mujeres comprometidas, suelen ser cortas: son cazadores, cuyo fin es únicamente tener a su presa disecada. Su obsesión impide su descanso; pueden ser rechazados cien veces y aún así seguir intentando. Dicho de paso, detestan el “No” y encuentran placentero el “Sí”. Es común localizar en ellos, y más si el amante narcisista es de escasos recursos, un enorme falo; pues éste es el origen y motor de su poderosa autoestima.
El amante Incógnito (aunque su anonimato despierte cierta curiosidad y un aire novelesco, es más triste de lo que parece): Se trata de un individuo frustrado por un viejo amor. Desde el momento en que fue rechazado (por el objeto a quien intentó amar), y dependiendo la violencia de su pasión, puede convertirse en un Amante Incógnito. Suelen carecer de autoestima, tímidos o con poca destreza para sociabilizar. Este tipo de amante se caracteriza, además, por una neurosis obsesiva. Al ser rechazados, realizan una eterna búsqueda por encontrar lo más parecido al amor primario, por el cual, valga la repetición, a caído en dicha penumbra. Hay dos caminos para llegar a ocupar, o no, el puesto de amante: 1) que dado el destino, vuelva a tener la oportunidad de manifestar su amor; pese que la amada tenga pareja, intentará valerse de todas las artimañas que ha recolectado. Ante sus ojos el fin justificará cualquier medio empleado; es decir, no le importa el daño que pueda ocasionar. 2) pueden esperar, que es lo más común (dada su falta de autoestima), a que su amada rompa la relación que lleva; es, en este caso, un gato que espera sigiloso a ser la pareja y no el “fusil de reemplazo”.
En tercer lugar tenemos a Alejo Ivanovitch Veltchaninov, o el “Amante equis”. Dostoiewsky, en la novela “El eterno marido”, utiliza al “amante equis” como personaje principal, al lado de su antagónico “Pavel Pavlovitch”; de quien hablaremos más adelante. Es, de entre todos los amantes, el más común; pues nadie está libre de pertenecer a este género. No existe un perfil, y si existiera sería muy amplio. Veltchaninov, por ejemplo, es una persona a quien bien podríamos llamar “normal” o “común”: tiene una identidad, carácter; posee herramientas para desenvolverse en la mayoría de los núcleos sociales.
Dostoiewsky deja ver que la línea, entre el ser o no amante, muy estrecha. Bastaría con que: a) el individuo no pertenezca o tenga códigos (dados a parir de la relación con su pareja) 2) en caso de tenerlo, ser indiferente a éste ó 3) ser seducido, bajo el velo de la ilusión, a realizar tal acción.
La enorme mayoría, como es el caso de Veltchaninov, tiene la capacidad de crear su propio código amoroso. No es de extrañarse, pues como hemos comentado, es la eterna búsqueda del hombre para encontrar su felicidad. Es por ello que solemos caer bajo seducciones o atracciones simbólicas, entre sujeto-objeto, con una infinidad de mujeres (u hombres). “Luchar contra el deseo que nos produce otro es como hacerlo contra la ley de la gravedad. Pero de ahí a intentar algún tipo de acto impropio con el otro, hay un abismo”[6]. Algunos prospectos suelen estar bajo ciertos códigos o bajo una pasión violenta: es aquí que nuestra moral interviene, inhibe los deseos de posesión. Aparentemente hay barreras, e incluso existen leyes civiles o religiosas que fortalecen tal barrera.
Lo espontáneo, producto de pasiones incontroladas y ciegas, no convierten al individuo en amante; es hasta que toma conciencia de sus actos que puede serlo. Tal premisa puede causar el mismo dilema de Heráclito sobre el árbol que cae; sin embrago, pese a cualquier antagonismo: yo no puedo ser amante, si no conozco los códigos de la persona a la que estoy acortejando.
Hay una pregunta que el amante Veltchaninov no puedo contestar sobre Natalia (la esposa de su amigo Pavel Pavlovitch):
¿No recuerda usted que empezaba a perder la paciencia, cuando entró Natalia Vasilievna y que a los diez minutos era usted ya nuestro mejor amigo, y cómo continuó usted siéndolo durante todo un año? [7]
El motor, o la perdurabilidad, radica en la esperanza de que, tarde o temprano, su objeto rompa los códigos que lo atan, para hacer nuevos a su lado. La esperanza surge de la atracción sexual, quien ha hecho pensar al “amado equis” que existe una unión; aunque no sea masque una ilusión.
Los finales que puede esperar el “amado equis” son: 1) que su objeto-amoroso rompa sus códigos establecidos, para formar los propios. He aquí el surgimiento de la desconfianza pues ¿cómo sería posible cimentar los códigos con una persona que, pese a todo convencimiento, rompió los anteriores? A menos que su antigua relación haya sido lo suficientemente destructiva para devastar tales complejos; sin embargo, cuando pasen los mismos momentos, regresará la confianza: ambos saben que en la infidelidad hay una salida al desastre. 2) Que el amado no rompa sus códigos con su pareja, y termine por desechar al amante. Si Eros fue tenue, no habrán agravios, incluso puede prevalecer como un recuerdo placentero. Mas si el Eros es violento, por el contrario, quien fuese rechazado caerá en una profunda melancolía que, por lo regular, superará, como Ficción decía, con nuevas experiencias meramente sexuales. Aunque en primera instancia caiga en una neurosis posesiva:
“A tal punto perdió la cabeza, que llegó a proponer a Natalia Vasilievna huir con ella y marcharse a vivir al extranjero. Se necesitó toda la resistencia tenaz y burlona de aquella mujer […] para obligarlo a marchar solo.” [8]
Para Dostoiewsky, en primera instancia lo que se experimenta es una especie de “atonía”. Cosa que le impide la fijación de cualquier mujer. Bajo un proceso, parecido al que utiliza Nietzsche con Breaur en la novela “El día que Nietzsche lloró”, propone salir de este estado creando objetos detestables (sobre el amado) para romper, en un proceso psico, dichas ataduras que mantienen su miserable existencia:
“…bien sabia él, que si volviese de nuevo caería irremisiblemente bajo el influjo dominador de aquella. […] comenzó a acordarse de ella con antipatía […] todos los recuerdos de aquella pasión no le inspiraban ya más que repugnancia, enrojecía de vergüenza cada vez que pensaba en ello. Sin embargo, poco a poco, recobró cierto sosiego.” [9]
Alan R. Ramírez
Bajo la sencillez y complejidad de la eticidad, se entiende por humano al ente que es capas de despertar: “Eros, Logos e Imaginación”. Pero, y en cuanto al primero, creemos que debe ser simbólico. Es decir que el amor es para una sola persona, manteniendo cierta indiferencia por los demás: “Como no comprenden que el amor es una actividad, un poder del alma, creen que lo único necesario es encontrar un objeto adecuado” [5]. Se piensa que con dicho objeto, principalmente en el acto sexual, podrán superar el problema de la “separatividad”. Crean este lazo para unirse al mismo tiempo que, y no es que el amor sea ciego, se genera un velo ilusorio. Al darse cuenta de este velo, avergonzados y furiosos, vislumbran que están más separados que en un principio.
Ahora bien. Los individuos que se unen para evadir la soledad y encontrar el reconocimiento, han de crear ciertos códigos, o decálogos, de lo que, a su poco o mucho entendimiento, es una perfecta relación. Éstos serán más rígidos en cuanto que la pasión sea más violenta; e, incluso, puede avivar a Eros. Una ley puede ser, claramente visible en la modernidad, la preferencia de uno sobre el otro ante cualquier circunstancia: “si prefieres a tu familia, pues no me necesitas… si me prefieres a mí, seguiremos juntos”.
Los candidatos, para evadir nuestro problema de separatidad, deben tener requisitos; evaluados únicamente por el amado. Lo que se busca es un ideal. No debe importarnos las teorías de elección o el por qué, lo imprescindible es que lo que deseamos es lo más próximo a nuestro ideal; aunque, con el tiempo, sea necesario moldearlo al punto de tener dicho perfección. Por ejemplo: nos gustan mujeres (o hombres) esculturalmente estéticas, aún siendo efímero, el amado hará que se afiance la disciplina por el ejercicio físico. Este ejemplo es muy común en nuestros días. Se busca el símbolo; mientras las cualidades, condiciones y facultades psíquicas son ignoradas. Para estas personas no importa Eros, sino que alguien o algo puedan ayudarlos a evadir la separatividad y la reconozca.
Veo, hasta el momento, los puntos específicos para poder hondar en el tema de la infidelidad. Aclaremos que amante no lo entendemos como la relación amorosa entre dos personas (amado-amante) a quien comúnmente denominamos novio(a). Utilizaremos la palabra amante, tal y como los mexicanos la entendemos: el Sancho, la Otra, Lechero o Amiga con derechos. Éste último parece ser un término demasiado cínico.
Existen distintos tipos de amantes, a quienes he reflexionado y, dándome el lujo, he nombrado según mi criterio*. Me encargaré de mencionar al menos tres, siendo el último quien me importa.
El amante Narciso: Cree que tener demasiadas parejas refleja superioridad, lo exalta; valiéndose de todo cuanto pueda utilizar para romper la fidelidad de las parejas. Su mayor excitación es el poder decir: “Eres inferior a ‘mí’, porque ‘yo’ poseo a tu mujer”. Sus relaciones, con mujeres comprometidas, suelen ser cortas: son cazadores, cuyo fin es únicamente tener a su presa disecada. Su obsesión impide su descanso; pueden ser rechazados cien veces y aún así seguir intentando. Dicho de paso, detestan el “No” y encuentran placentero el “Sí”. Es común localizar en ellos, y más si el amante narcisista es de escasos recursos, un enorme falo; pues éste es el origen y motor de su poderosa autoestima.
El amante Incógnito (aunque su anonimato despierte cierta curiosidad y un aire novelesco, es más triste de lo que parece): Se trata de un individuo frustrado por un viejo amor. Desde el momento en que fue rechazado (por el objeto a quien intentó amar), y dependiendo la violencia de su pasión, puede convertirse en un Amante Incógnito. Suelen carecer de autoestima, tímidos o con poca destreza para sociabilizar. Este tipo de amante se caracteriza, además, por una neurosis obsesiva. Al ser rechazados, realizan una eterna búsqueda por encontrar lo más parecido al amor primario, por el cual, valga la repetición, a caído en dicha penumbra. Hay dos caminos para llegar a ocupar, o no, el puesto de amante: 1) que dado el destino, vuelva a tener la oportunidad de manifestar su amor; pese que la amada tenga pareja, intentará valerse de todas las artimañas que ha recolectado. Ante sus ojos el fin justificará cualquier medio empleado; es decir, no le importa el daño que pueda ocasionar. 2) pueden esperar, que es lo más común (dada su falta de autoestima), a que su amada rompa la relación que lleva; es, en este caso, un gato que espera sigiloso a ser la pareja y no el “fusil de reemplazo”.
En tercer lugar tenemos a Alejo Ivanovitch Veltchaninov, o el “Amante equis”. Dostoiewsky, en la novela “El eterno marido”, utiliza al “amante equis” como personaje principal, al lado de su antagónico “Pavel Pavlovitch”; de quien hablaremos más adelante. Es, de entre todos los amantes, el más común; pues nadie está libre de pertenecer a este género. No existe un perfil, y si existiera sería muy amplio. Veltchaninov, por ejemplo, es una persona a quien bien podríamos llamar “normal” o “común”: tiene una identidad, carácter; posee herramientas para desenvolverse en la mayoría de los núcleos sociales.
Dostoiewsky deja ver que la línea, entre el ser o no amante, muy estrecha. Bastaría con que: a) el individuo no pertenezca o tenga códigos (dados a parir de la relación con su pareja) 2) en caso de tenerlo, ser indiferente a éste ó 3) ser seducido, bajo el velo de la ilusión, a realizar tal acción.
La enorme mayoría, como es el caso de Veltchaninov, tiene la capacidad de crear su propio código amoroso. No es de extrañarse, pues como hemos comentado, es la eterna búsqueda del hombre para encontrar su felicidad. Es por ello que solemos caer bajo seducciones o atracciones simbólicas, entre sujeto-objeto, con una infinidad de mujeres (u hombres). “Luchar contra el deseo que nos produce otro es como hacerlo contra la ley de la gravedad. Pero de ahí a intentar algún tipo de acto impropio con el otro, hay un abismo”[6]. Algunos prospectos suelen estar bajo ciertos códigos o bajo una pasión violenta: es aquí que nuestra moral interviene, inhibe los deseos de posesión. Aparentemente hay barreras, e incluso existen leyes civiles o religiosas que fortalecen tal barrera.
Lo espontáneo, producto de pasiones incontroladas y ciegas, no convierten al individuo en amante; es hasta que toma conciencia de sus actos que puede serlo. Tal premisa puede causar el mismo dilema de Heráclito sobre el árbol que cae; sin embrago, pese a cualquier antagonismo: yo no puedo ser amante, si no conozco los códigos de la persona a la que estoy acortejando.
Hay una pregunta que el amante Veltchaninov no puedo contestar sobre Natalia (la esposa de su amigo Pavel Pavlovitch):
¿No recuerda usted que empezaba a perder la paciencia, cuando entró Natalia Vasilievna y que a los diez minutos era usted ya nuestro mejor amigo, y cómo continuó usted siéndolo durante todo un año? [7]
El motor, o la perdurabilidad, radica en la esperanza de que, tarde o temprano, su objeto rompa los códigos que lo atan, para hacer nuevos a su lado. La esperanza surge de la atracción sexual, quien ha hecho pensar al “amado equis” que existe una unión; aunque no sea masque una ilusión.
Los finales que puede esperar el “amado equis” son: 1) que su objeto-amoroso rompa sus códigos establecidos, para formar los propios. He aquí el surgimiento de la desconfianza pues ¿cómo sería posible cimentar los códigos con una persona que, pese a todo convencimiento, rompió los anteriores? A menos que su antigua relación haya sido lo suficientemente destructiva para devastar tales complejos; sin embargo, cuando pasen los mismos momentos, regresará la confianza: ambos saben que en la infidelidad hay una salida al desastre. 2) Que el amado no rompa sus códigos con su pareja, y termine por desechar al amante. Si Eros fue tenue, no habrán agravios, incluso puede prevalecer como un recuerdo placentero. Mas si el Eros es violento, por el contrario, quien fuese rechazado caerá en una profunda melancolía que, por lo regular, superará, como Ficción decía, con nuevas experiencias meramente sexuales. Aunque en primera instancia caiga en una neurosis posesiva:
“A tal punto perdió la cabeza, que llegó a proponer a Natalia Vasilievna huir con ella y marcharse a vivir al extranjero. Se necesitó toda la resistencia tenaz y burlona de aquella mujer […] para obligarlo a marchar solo.” [8]
Para Dostoiewsky, en primera instancia lo que se experimenta es una especie de “atonía”. Cosa que le impide la fijación de cualquier mujer. Bajo un proceso, parecido al que utiliza Nietzsche con Breaur en la novela “El día que Nietzsche lloró”, propone salir de este estado creando objetos detestables (sobre el amado) para romper, en un proceso psico, dichas ataduras que mantienen su miserable existencia:
“…bien sabia él, que si volviese de nuevo caería irremisiblemente bajo el influjo dominador de aquella. […] comenzó a acordarse de ella con antipatía […] todos los recuerdos de aquella pasión no le inspiraban ya más que repugnancia, enrojecía de vergüenza cada vez que pensaba en ello. Sin embargo, poco a poco, recobró cierto sosiego.” [9]
Etiquetas:
amor,
escritos de la banda del yelmo,
Filosofía,
psicologia
sábado, 2 de enero de 2010
EL ETERNO MARIDO Y LOS CÓDIGOS DE LA FIDELIDAD (primera parte)
Alan R. Ramírez
Sobre el origen de la fidelidad.
¿Existe la fidelidad? Por lo general, dicha pregunta se despliega cuando comprendemos que no somos andrógenos; es decir que nuestros órganos vitales no necesitan otro cuerpo para subsistir. Nace, en otras palabras, cuando vislumbramos la soledad física. El niño llora si su madre no está a su lado. Los presos, sin compañeros con quien platicar, caen abatidos y, al igual que el perro olvidado en la azotea del hogar, lentamente son conducidos “a la desintegración mental” [1]. Ahora, y de igual forma, se encuentra la soledad moral; aun estando físicamente interrelacionado con otros, nos encontramos en un aislamiento total. Comúnmente vemos casos ideológicos, donde somos rechazados por tener posturas o, en otro plano, un carácter específico. La fidelidad entre los individuos, como veremos más adelante, ayuda a no transgredir los límites de la soledad: “Aquel estado de insania expresado por los trastornos esquizofrénicos” [2].
Muchos filósofos juristas exponen que el origen de las sociedades o, quitando la carga conceptual que puede conllevar, la transición del Estado de naturaleza es, en efecto, la mutua cooperación; después vendrían teorías distributivas, civiles, jurídicas y un largo etcétera. Es decir que la unión de los individuos, ese lazo invisible, es el motor de toda civilización.
Ahora bien, no siempre nos preguntamos sobre si existe la fidelidad. Esto se debe a dos cosas: 1) Pareciera ser un pacto tácito; hay un vínculo que nos une, no se puede transgredir esa norma puesto que se vendría abajo los mutuos beneficios. 2) Muchas de nuestras relaciones son una cosificación, pues, si dicha fidelidad es quebrantada, el afectado puede cambiar al infractor por otra pieza o amistad nueva.
El interés por que se nos deposite una fidelidad, en cambio, se encuentra en Eros. Cualquier tipo de Eros, enfermizo o ético, corresponde a una pasión violenta; dado que nuestros fines inmediatos hacia el bien se presentan con más fuerza que los tenues o tranquilos. Nuestra racionalidad nos hace buscar en el interés un medio para salvaguardar lo que, ilusoriamente, Eros nos da: felicidad, reconocimiento y un sentido a la vida. Necesitamos que el otro nos reconozca, al menos, como seres vivientes y pensantes, pues se construye, a partir de éste, la forma en que nos desenvolvemos hasta llegar a la muerte. Dicho Eros se puede encontrar en el trabajo, religión, sexual, fraternal, etcétera. Es menester apuntar, por decirlo vagamente, que la parsimonia y trascendencia de la vida social de los individuos se debe al amor; pues de no ser así, caeríamos inmersos en las turbulentas aguas de la soledad, conduciéndonos a la destrucción. ¿Quién puede decir que, en realidad, es un lobo estepario? Es posible que se me refute con la misma concepción del anacoreta, quien está convencido de que el proceso de pensar se encuentra en la soledad; al respecto, Nietzsche, en uno de sus grandes aforismos, dice:
“Para vivir solo hace falta ser un animal o un dios, dice Aristóteles. Falta una tercera condición: hay que ser ambas cosas, es decir, un filósofo...” [3].
Sin embargo, en la vida común y ordinaria, la soledad está ligada a experiencias dolorosas y atemorizantes, así como: ansiedad, depresión o, en el mejor de los casos, aburrimiento.
Regresando a Eros. ¿Qué Robinson Crusoe no tiene un “Viernes” para darle un sentido, saber que hay o existe algo que presencie nuestras andanzas, esperanzas, fracasos y, de nuevo, un largo etcétera?
“Alcanzar lo inalcanzable. No ser uno sino dos. Dos que son uno, que se complementan o se destruyen, que se buscan o se evitan, que se aman o se odian”. [4]
En el amor recíproco de la madre al hijo, el último debe percibir una fidelidad; para dejar el temor a un lado y despertar sus cualidades sensibles que lo llevarán a desarrollarse socialmente con sus semejantes. Por el contrario al amor condicionado del padre, donde debemos afianzar la fidelidad de éste para poder despertar la destreza con la que solucionaremos nuestros conflictos. He aquí nuestras primeras percepciones de fidelidad o lealtad.
Pareciera cosa fácil: supondríamos que es menester desarrollar herramientas o medios para persuadir a las personas de que siendo fieles encontraran un beneficio; cuales quiera que sea. Sin embargo, los problemas comienzan cuando dicha fidelidad, con la que podremos desprendernos del temor a la soledad, se ve truncada por los intereses de nuestro amado.
Dado que tendemos a pensar que la infidelidad es puramente sexual, y aunque de eso nos encargaremos a todo lo ancho, debemos aclarar, y como lo hemos venido diciendo, que si el conjunto de códigos, estipulados por dos o más entes racionales, se llega a quebrantar implicará un acto desleal o una infidelidad; ya que desde el principio, y por voluntad, se pacta dicho acuerdo. El fiel católico debe de seguir una serie de lineamientos y evadir pecados para encontrar la eterna salvación y, de esa manera, poder entrar al paraíso; su infidelidad lo llevará a perder sus fines valiosos por los que entregó su lealtad.
Sobre el origen de la fidelidad.
¿Existe la fidelidad? Por lo general, dicha pregunta se despliega cuando comprendemos que no somos andrógenos; es decir que nuestros órganos vitales no necesitan otro cuerpo para subsistir. Nace, en otras palabras, cuando vislumbramos la soledad física. El niño llora si su madre no está a su lado. Los presos, sin compañeros con quien platicar, caen abatidos y, al igual que el perro olvidado en la azotea del hogar, lentamente son conducidos “a la desintegración mental” [1]. Ahora, y de igual forma, se encuentra la soledad moral; aun estando físicamente interrelacionado con otros, nos encontramos en un aislamiento total. Comúnmente vemos casos ideológicos, donde somos rechazados por tener posturas o, en otro plano, un carácter específico. La fidelidad entre los individuos, como veremos más adelante, ayuda a no transgredir los límites de la soledad: “Aquel estado de insania expresado por los trastornos esquizofrénicos” [2].
Muchos filósofos juristas exponen que el origen de las sociedades o, quitando la carga conceptual que puede conllevar, la transición del Estado de naturaleza es, en efecto, la mutua cooperación; después vendrían teorías distributivas, civiles, jurídicas y un largo etcétera. Es decir que la unión de los individuos, ese lazo invisible, es el motor de toda civilización.
Ahora bien, no siempre nos preguntamos sobre si existe la fidelidad. Esto se debe a dos cosas: 1) Pareciera ser un pacto tácito; hay un vínculo que nos une, no se puede transgredir esa norma puesto que se vendría abajo los mutuos beneficios. 2) Muchas de nuestras relaciones son una cosificación, pues, si dicha fidelidad es quebrantada, el afectado puede cambiar al infractor por otra pieza o amistad nueva.
El interés por que se nos deposite una fidelidad, en cambio, se encuentra en Eros. Cualquier tipo de Eros, enfermizo o ético, corresponde a una pasión violenta; dado que nuestros fines inmediatos hacia el bien se presentan con más fuerza que los tenues o tranquilos. Nuestra racionalidad nos hace buscar en el interés un medio para salvaguardar lo que, ilusoriamente, Eros nos da: felicidad, reconocimiento y un sentido a la vida. Necesitamos que el otro nos reconozca, al menos, como seres vivientes y pensantes, pues se construye, a partir de éste, la forma en que nos desenvolvemos hasta llegar a la muerte. Dicho Eros se puede encontrar en el trabajo, religión, sexual, fraternal, etcétera. Es menester apuntar, por decirlo vagamente, que la parsimonia y trascendencia de la vida social de los individuos se debe al amor; pues de no ser así, caeríamos inmersos en las turbulentas aguas de la soledad, conduciéndonos a la destrucción. ¿Quién puede decir que, en realidad, es un lobo estepario? Es posible que se me refute con la misma concepción del anacoreta, quien está convencido de que el proceso de pensar se encuentra en la soledad; al respecto, Nietzsche, en uno de sus grandes aforismos, dice:
“Para vivir solo hace falta ser un animal o un dios, dice Aristóteles. Falta una tercera condición: hay que ser ambas cosas, es decir, un filósofo...” [3].
Sin embargo, en la vida común y ordinaria, la soledad está ligada a experiencias dolorosas y atemorizantes, así como: ansiedad, depresión o, en el mejor de los casos, aburrimiento.
Regresando a Eros. ¿Qué Robinson Crusoe no tiene un “Viernes” para darle un sentido, saber que hay o existe algo que presencie nuestras andanzas, esperanzas, fracasos y, de nuevo, un largo etcétera?
“Alcanzar lo inalcanzable. No ser uno sino dos. Dos que son uno, que se complementan o se destruyen, que se buscan o se evitan, que se aman o se odian”. [4]
En el amor recíproco de la madre al hijo, el último debe percibir una fidelidad; para dejar el temor a un lado y despertar sus cualidades sensibles que lo llevarán a desarrollarse socialmente con sus semejantes. Por el contrario al amor condicionado del padre, donde debemos afianzar la fidelidad de éste para poder despertar la destreza con la que solucionaremos nuestros conflictos. He aquí nuestras primeras percepciones de fidelidad o lealtad.
Pareciera cosa fácil: supondríamos que es menester desarrollar herramientas o medios para persuadir a las personas de que siendo fieles encontraran un beneficio; cuales quiera que sea. Sin embargo, los problemas comienzan cuando dicha fidelidad, con la que podremos desprendernos del temor a la soledad, se ve truncada por los intereses de nuestro amado.
Dado que tendemos a pensar que la infidelidad es puramente sexual, y aunque de eso nos encargaremos a todo lo ancho, debemos aclarar, y como lo hemos venido diciendo, que si el conjunto de códigos, estipulados por dos o más entes racionales, se llega a quebrantar implicará un acto desleal o una infidelidad; ya que desde el principio, y por voluntad, se pacta dicho acuerdo. El fiel católico debe de seguir una serie de lineamientos y evadir pecados para encontrar la eterna salvación y, de esa manera, poder entrar al paraíso; su infidelidad lo llevará a perder sus fines valiosos por los que entregó su lealtad.
Etiquetas:
Alan R. Ramírez,
amor,
escritos de la banda del yelmo,
Filosofía,
psicologia
martes, 29 de diciembre de 2009
Fantasías
“A veces me despierto pensando que tengo a Brad Pitt en mi cama y entonces me doy cuenta de quien realmente está en mi cama es mi marido, no Pitt. Él duerme plácidamente, ajeno a mi aventura mental. Es entonces cuando me siento afortunada por tenerlo a él, precisamente para cumplir mis fantasías”.
.
sexólogos
Mario Losantos y Lucía Martínez
.
sexólogos
Mario Losantos y Lucía Martínez
Etiquetas:
Entretenimiento,
psicologia
jueves, 10 de diciembre de 2009
Auténtica Soberanía: el patriarcado y la mujer socialista
Auténtica Soberanía: el patriarcado y la mujer socialista.
(parte 1)
(parte 1)
Alan R. Ramírez
Esta introducción es fuera de serie, extraña, sin preguntas a resolver. Es evidenciar algo trillado por féminas y féminos, machos y manchadas. En concreto, intentaremos exponer que: para hablar de soberanía auténtica frente al orden social, tendríamos que esclarecer la soberanía auténtica entre mujeres y hombres. Seré aún más concreto: si Bataille dice que la fuente y la esencia de nuestra riqueza se encuentra en la radiación del sol, la cual dispersa energía —riqueza— sin contrapartida, pues nosotros diremos que la fuente y esencia del sistema patriarcal encuentra su alimentación en la mujer, el sol da sin recibir (La Parte Maldita, p.64). Podrán argumentar que hoy pinta diferente el patriarcado, sin embrago no ha de importar; intentaremos llegar a una nueva modernidad Bataillediana.
*
Es característico de una sociedad forjar roles y papeles de acuerdo a las funciones esperadas para cada sexo. Roles que evolucionan de manera constructivista o, en gran parte de Latinoamérica, se congelan y en el peor de los casos –como es el femenino- retroceden. La mujer tiene, en su mayoría, la obligación de cumplir los esquemas preestablecidos: “…están hechas para mantener oculta su vida. Fuera del hogar y del matrimonio, no hay salvación” (A History of Private Life, Riddles of Identity in Modern Times. Dir Philipe Ariés y Georges Duby). Quién sino la presión social y familiar es la que mantiene a la mujer en ese papel tradicional de pasividad, exclusión y sumisión. El hombre de religión ortodoxa judía tiene que recitar cada mañana, entre muchas oraciones, la siguiente: “Bendito eres Tú Adonai, Dios nuestro Rey del universo que no me hiciste mujer”; mientras que ellas se resignan diciendo: “Bendito eres Tú Adonai, Dios nuestro Rey del universo que me hiciste a Tu voluntad”.
Esta introducción es fuera de serie, extraña, sin preguntas a resolver. Es evidenciar algo trillado por féminas y féminos, machos y manchadas. En concreto, intentaremos exponer que: para hablar de soberanía auténtica frente al orden social, tendríamos que esclarecer la soberanía auténtica entre mujeres y hombres. Seré aún más concreto: si Bataille dice que la fuente y la esencia de nuestra riqueza se encuentra en la radiación del sol, la cual dispersa energía —riqueza— sin contrapartida, pues nosotros diremos que la fuente y esencia del sistema patriarcal encuentra su alimentación en la mujer, el sol da sin recibir (La Parte Maldita, p.64). Podrán argumentar que hoy pinta diferente el patriarcado, sin embrago no ha de importar; intentaremos llegar a una nueva modernidad Bataillediana.
*
Es característico de una sociedad forjar roles y papeles de acuerdo a las funciones esperadas para cada sexo. Roles que evolucionan de manera constructivista o, en gran parte de Latinoamérica, se congelan y en el peor de los casos –como es el femenino- retroceden. La mujer tiene, en su mayoría, la obligación de cumplir los esquemas preestablecidos: “…están hechas para mantener oculta su vida. Fuera del hogar y del matrimonio, no hay salvación” (A History of Private Life, Riddles of Identity in Modern Times. Dir Philipe Ariés y Georges Duby). Quién sino la presión social y familiar es la que mantiene a la mujer en ese papel tradicional de pasividad, exclusión y sumisión. El hombre de religión ortodoxa judía tiene que recitar cada mañana, entre muchas oraciones, la siguiente: “Bendito eres Tú Adonai, Dios nuestro Rey del universo que no me hiciste mujer”; mientras que ellas se resignan diciendo: “Bendito eres Tú Adonai, Dios nuestro Rey del universo que me hiciste a Tu voluntad”.
Kate Millet (en su obra Política Sexual) expone: “Lo que llamamos conducta sexual es el fruto de un aprendizaje que comienza con la temprana socialización del individuo y queda reforzado por las experiencias del adulto”. El patriarcado, y las normas impuestas por el sistema patriarcal, es quien establece el papel de los sexos, pues según esta doctrina, desde el nacimiento se predispone el rol de sumisión en la mujer. En su gran mayoría y por muchos años, las culturas occidentales establecieron este sistema patriarcal (político-jurídico), en donde los derechos y bienes dependen del hombre que ocupa la posición de padre fundador. Incluso Engels pensaba que el advenimiento del patriarcado, constituía la gran derrota del sexo femenino, soslaya además que “el primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino". ("El origen de la familia, la propiedad y el Estado", escrito en 1824,). De ahí la inmortalización del apellido paterno; quizás esté entrelazado con la idea de Foucault: la historia es un continuo de prácticas represivas realizadas a través de instituciones creadas por el poder para controlar y dirigir la sociedad.
La modernidad ha suavizado estos protocolos, haciéndolos más sofisticados; sin embargo sigue existiendo aquel viejo desprecio discriminatorio y de inutilidad para la mujer.
¿Quién puede decir que las mujeres musulmanas no sufrieron ataques violentos a partir del 11 de septiembre a las torres gemelas? En un comunicado Radwa Rabie, de nacionalidad egipcia, expuso el incremento discriminatorio en espacios públicos en los Estados Unidos e incluso partes de Europa, a mujeres musulmanas. Un factor muy importante que propaga como epidemia la discriminación, aunque de forma muy subliminal, es el poder mediático: “al acrecentar o disminuir la manera de entender y tomar partido en conflictos internacionales” (I. Barrañon Rivera “Medios: Ética y poder” UNAM 2007). El pueblo norteamericano fue víctima de esta creación de imágenes o esteriotipo que, en uno u otro sentido, incluso generaron odio y aversión. Sin embargo, “Las verdades no valen por sí mismas, necesitan un poder que las sostenga. El poder de la verdad no es una metáfora. Únicamente se aceptan como verdaderas las proposiciones que obtienen poder de las prácticas sociales” (Esther Díaz, La sexualidad y el poder, Almagesto/Rescate, Buenos Aires 1993)”.
Etiquetas:
escritos de la banda del yelmo,
Filosofía,
política,
psicologia
martes, 10 de noviembre de 2009
sábado, 14 de marzo de 2009
Sotaku

Matisse dice que "crear es expresar lo que se tiene dentro de sí", y así es. Cuando creamos estamos reproduciendo nuestras emociones y sentimientos. El dibujo nos da la posibilidad de conocer a fondo la psiquis de la persona que lo dibujó. Los dibujos hablan por sí mismos, aunque para analizarlos es necesario conocer bien a su autor bien como el entorno en el que vive. Los niños que viven conflictos, de guerra, de abusos, por ejemplo, pueden expresar su sufrimiento y sus angustias a través de los dibujos. Pero eso solo no es suficiente. Para ayudarles a que superen este conflicto es necesario emprender un enlace de confianza con ellos, escucharles y buscar entender lo que nos quiere decir a través del dibujo.
Viktor Lowenfeld y W. Lambert Brittain, en su libro "Desarrollo de la capacidad creadora", consideran el desarrollo artístico del niño como un proceso de organización del pensamiento y de representación del medio, permitiendo de ese modo comprender su desarrollo mental. Para el niño el arte es un medio de expresión, su lenguaje de pensamiento. En los dibujos se perfilan todas las transformaciones que sufre el niño a medida que crece y se desarrolla. Por esta razón el dibujo resulta un gran documento de análisis y diagnóstico para los psicólogos.
dibujo: SOTAKU
Artículo: Guiainfantil.com
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
