jueves, 25 de agosto de 2016
lunes, 22 de diciembre de 2014
LA JUSTA SOCIEDAD FRATERNAL DEL GRAL. FELIPE ÁNGELES / Alan Rojas Ramírez
Sobre la heroica aura, brío indiscutible de estratega
militar, el titán de la artillería, Felipe Ángeles, ocupa ya un lugar en el
pensamiento filosófico de México. Soñador de la futura sociedad democrática,
fiel a la soledad, temerario, se consagra como el moreno arquitecto de sábado, 4 de febrero de 2012
LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN FILOSÓFICA EN MÉXICO / Alan Rojas Ramírez
Hegel pensaba que la filosofía es hija de la época; es decir, surge de circunstancias específicas. Al parecer los modelos educativos surcan por la misma línea. Se educa para satisfacer las necesidades de una nación. Pues la educación, una educación planificada, no sólo es posibilidad de humanizar al hombre, sino que además es la vía para el desarrollo económico en un sistema demócrata y la base de una equidad social. Y es -sólo de esa manera- como se entiende lo que Descartes decía: las naciones son tanto más civilizadas y cultas cuanto mejor filosofan sus hombres.
En México ocurre una cosa curiosa, simpática. Pero antes acotemos nuestro diccionario. Añadamos, pues, que la educación es la otredad en un proceso de trasmitir para formar; formar conocimientos, formar valores, deberes, obligaciones, un plan de vida y, en fin, el adoctrinamiento del humano hacia el hombre. Bertrand Russell pensaba que “el objetivo de la educación es lograr que se perciba el valor de la realidad ajena a la dominación” con miras a crear “ciudadanos sabios de una comunidad libre”; y, además, que desarrolle las potencialidades en materia creativa: productos culturales que se repliquen exponencialmente, productos culturales que reflejen… la realidad particular y comunal del creador. La educación no engloba sólo comprensión del mundo, sino que -como dice mi (algo marxista) madre - ejerce como bobina para dejarlo mejor de como lo encontramos. Es adherir a lo racional lo razonable; es racional robar siempre y cuando satisfaga mis necesidades, sin embargo no es razonable si se pretende que el agente moral (en términos de libertad y autonomía) sea capaz de crear leyes morales con miras al Bien Común. Es entonces la educación es el motor para conseguir cambios sociales no excluyentes, justos; siendo la meta la adopción de una nación habitada por humanos asociados entres sí, reconocidos como iguales.
Sin embargo, y de esto nadie se asombre, la educación en México tiene la máxima de luchar por uno mismo. Hay un sinfín de causas con las que es posible especular sobre el por qué de la situación actual en México. Bastaría con mencionar dos: la falta de capacidad del gobierno para administrar las riquezas y la pésima formación de los individuos que la conforman. La segunda es consecuencia de la primera, de ahí la importancia de que sea analizada cuidadosamente qué se enseña y por qué se está enseñando; una mirada a la educación del mexicano.
En México la escuela se ha desvalorizado, colocándola como un recinto excluyente donde el que tiene la oportunidad se instruye para tener una mejor vida. Es el pensamiento que los señores de la humanidad nos han trasmitido, la máxima abyecta que Adam Smit despreciaba: “todo para nosotros, nada para los demás”. La educación nos deshumaniza. Es cierto, no podemos mentir. El modelo educativo es promotor de la desigualdad, marginación y, por tanto, génesis de la violencia. La educación de Russell posibilitaría la formación de ciudadanos críticos, capaces de reflexionar el acontecer de la vida pública y participar en ésta, trasformarla pacíficamente mediante el huso de la democracia; la nuestra nos convierte en mercancía… nos ensambla para vendernos a la mejor o peor empresa, etcétera y etcétera de los etcéteras.
Antes de seguir, es menester tomar un receso y hablar fugazmente de la democracia y su liga con la educación. Aristóteles pensaba que era un error guiarnos por la democracia, puesto que la mayoría no posee la verdad… siendo fácil caer en la tiranía; tiranía que hoy México vive… sí, Aristóteles no era filósofo, sino profeta. El mismo pensamiento se esboza antes en
Regresemos del receso. A principios del siglo XX, nos expone Chomsky, la prensa obrera se había dado cuenta de la dirección de la máxima abyecta, misma que se presentaba como el Nuevo Espíritu de la Época: “hazte rico, olvídate de todo menos de ti mismo”. “Hazte rico, olvídate de todo menos de ti mismo”, es hoy en México y casi todos los lugares del mundo, el estandarte de la educación. Ya decíamos que el hombre se ve como mercancía, y que en su mayoría asiste a la escuela para la obtención de un papel que incremente su valor como mercancía. Se busca hacernos ricos para cancelar el sufrimiento y poder aspirar a lo que nuestras apetencias nos llamen, sin ningún límite. El hombre vive en penumbras, siempre infeliz, y el nuevo espíritu de la época le dice: “hay una salida, hazte rico”. El problema es que si cancelo al mundo como un todo, y lo concentro en mí sólo veré en éste lo que me sea útil. Y como diría Francisco de Quevedo: “La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come”.
No te preocupes si
La apuesta es, en este caso, a una educación que posibilite la formación de ciudadanos responsables, críticos y participativos en lo que compete a políticas públicas en un sistema Democrático; la integración de actores sociales y una formación que oriente hacia la realización de un plan de vida. La educación filosófica, tomaré palabras de Fernando Savater, es “la preparación que faculta para vivir políticamente con los demás en la ciudad democrática, participando en la gestión paritaria de los asuntos políticos y con capacidad para distinguir entre lo justo y lo injusto”. Se lucha contra la Máxima Abyecta y el nuevo espíritu de la época, que han logrado desarticular los eslabones que vinculaban a los ciudadanos. De igual manera, o por reducirlo a una cosa, o porque se me acaban las palabras: se lucha contra el Neoliberalismo.
La educación posibilitaría una autentica democracia. Luis Tapia, filosofo boliviano, dice que la vía para el cogobierno es la igualdad y democracia; siempre y cuando “las mayorías y también las minorías participen en la vida política y en los procesos de gobierno”. Por ello ve a los regimenes liberales como una democracia reducida a la faceta electoral; donde partidos empresariales se montan en pocos meses y promocionan sus propios intereses, y los partidos que representan al sector popular y trabajador se conforman con largos procesos de organización. En ese sentido, mientras se den estructuras sociales que impliquen mayor desigualdad, el proceso electoral no será posible. La educación puede desfasar a la democracia de simple método electoral, a un cogobierno en condiciones de igualdad y libertad.
Pienso que en nuestra época, alcanzar un lugar habitable en términos de igualdad y libertad, sólo es posible mediante una educación filosófica, que forme ciudadanos responsables, críticos y participativos. El pueblo educado bajo la colectividad, utilizará a la democracia para la creación de una sociedad justa; y de esta manera podrá realizar su plan de vida. El ciudadano es el único que pude hacer un cambio pacífico, legal ó ilegitimizarlo democráticamente; sin excluir a las minorías. De lo contrario seguiremos en lo que Bolívar Echeverría exponía: en una democracia que sirve para poco, a diferencia del largo alcance que puede tener; sometidos a la burguesía que impone su voluntad, y quienes representan el poderío que se desvincula del pueblo; y una política que perdió el discurso racional, convirtiéndose vulgarmente negociadores.
Se terminaron mis tres cuartillas. Y no es de mi interés salirme de los límites permitidos. Pa pronto muchachos: no se debe permitir la desaparición de la filosofía en el sistema medio superior. Y…. fin.
jueves, 28 de abril de 2011
La maldición de un sabio / Alan Rojas Ramírez
La maldición de un sabio.
Otro día, por nombra un caso más, se le ocurrió la idea de crear una pastilla para llorar, así el ser humano podría drenar periódicamente su alma; pero antes de tocar el timbre de un científico, amigo suyo, perdió la voz.
Mudo, sordo y un etcétera de infortunios, decidió jugarse su última carta. Una noche, justo antes de dormir, escribió en una piedra con cincel en mano:
“hay tantas ideas en el mundo, pero cuando éstas involucran a la humanidad, bien vale la pena hacer el más grande sacrificio… porque en ella descubrirás que eres humanidad”.
A la mañana siguiente, la piedra fue colocada como epitafio en su tumba.
FIN.

Epílogo:
la idea del álgebra y la identidad, me la comentó Carlos cruz en una plática... una plática sobre el destino de la humanidad jaja
viernes, 11 de marzo de 2011
ÉTICA Y FACEBOOK
No sé cuál es "la verdadera" función de Facebook o, si es el caso, la utilidad que le dan las personas. Con ello no quiero adjudicarme la máxima socrática: yo sólo sé que no sé nada. Por el contrarío, vislumbro a Facebook como una herramienta de comunicación que inyecta anabólicos a nuestro espíritu narcisista; y, además, la correspondencia con más eficacia en la historia del hombre. De tal forma que, por donde se mire, es “algo” que afecta a una sociedad o conjunto de animales racionales y razonables. Si aceptamos lo antes dicho, valdría la pena preguntarnos: ¿es necesario un código (o tabla de valores) ético en nuestra sociedad virtual? Evidentemente que sí.
Debemos pensar en la otredad, como pieza fundamental en la ÉTICA DE LA SOCIEDAD VIRTUAL.
Otredad tiene que ver (y creo que así lo quiso dar a entender Octavio Paz) con afirmar nuestra existencia en el otro; a la mierda el solipsismo y el “pienso, luego existo” occidental. ¿Cómo reconocer al otro a través del Facebook? Vale la pena la pregunta, pues Facebook puede, o tiene la capacidad de EGOcentralizar al individuo y hacerlo decir: “hablen, escriban o comenten sobre mí (mi vida, mi mundo, mi realidad, mi, mi, mi)”; cosa nada mala, lo malo está en la utilización del otro para la autosatisfacción (no hay reciprocidad ni reconocimiento del “otro”, pese a que se deban al “otro”). Y, cabe advertir, no hablo solo de las figuras públicas, sino de cualquier persona con la capacidad de acceder a Facebook.
Muchos piensan que -su cuenta personal de Facebook- es como su casa; es decir, una propiedad privada. “Lo que haga y deshaga dentro de mi propiedad, es solamente mi problema” (ojo, analicen el “mi”). Podrá alguien argumentar que es cosa del creador, a lo que contesto: no pensemos en Fecebook como alguien que está haciendo dinero, sino como un lugar en el que estamos relacionándonos (no hablaré, por consiguiente, sobre el contrato que aceptamos al crear nuestra cuenta o propiedad privada). Siempre que exista una sociedad, lo que hagan o dejen de hacer las partes se verá reflejada en la misma. Hay que pensar en el otro. Hay que ponernos en los calzones del otro. Veamos que pasa cuando no aplicamos este principio:
Una de las herramientas más utilizadas en Facebook es el ícono “me gusta”; con el que, evidentemente, quieres mostrar tu aprobación, interés, agrado o placer por algo en particular. Pongamos un ejemplo concreto:
Che Guevara publica en su muro: “ [Fidel], las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera”. A Obama le agrada el comentario y utiliza la herramienta “me gusta” para dos cosas: Quiere mostrarle a la comunidad que lea lo publicado por el Che, lo mucho que le agradó y, dos, enterarse de lo que la comunidad escribirá al respecto (pues al utilizar esa herramienta, le llegarán notificaciones a su correo). Resulta que pasadas tres horas, Obama ve 33 correos que dicen, individualmente, Calderón (y Evo Morales) comentó el estado de Che Guevara. Desde luego que Obama se interesa y va directamente a ver los comentarios. Pero resulta que Calderón y Evo Morales no dicen nada respecto al estado del Che Guevara, sino que se la pasan hablando de cosas mezquinas. El afroamericano no sólo se decepciona, sino que pierde tiempo en leer las idioteces de estos dos personajes y, además, en eliminar los 33 correos que le llegaron. Es evidente que Calderon y Evo Morales no se pusieron en el lugar de Obama y de todos aquellos que querían darle continuidad al estado del guerrillero; peor aún, les importó una mierda lo que el propio autor publicó.
Caldero y Evo Morales debieron, por nuestro primer principio, crear otra conversación que no afectara a la sociedad virtual; es decir, buscar los medios que propicien su debate o, como es el caso de nuestro ejemplo, apropiarse de un lugar en donde hubiesen mantenido su conversación.
Otro ejemplo es el etiquetar fotos: ¿nos ponemos en el lugar del otro? Muchas veces se etiquetan propagandas, fotos de fiestas, etc., etc., ello puede no molestarnos (pese a que no se preguntó el etiquetador si era de interés para el etiquetado). Sin embargo, en ciertas ocasiones la etiqueta es totalmente irrelevante (como poner la concha de su madre) y, no obstante, tienes que chingarte todas las notificaciones que te llegaron al respecto (sobre la pinche concha de su madre). Y no me vengan con chingaderas de: “deshabilita las notificaciones”, porque... bueno, es evidente que ya lo dije: otredad.
Pero bueno querido lector, si es que existió tal. Es tarde. No se deben tomar tan enserio mis palabras, no obstante es menester cuestionarnos sobre la necesidad de una “ética de la sociedad virtual”. Aunque sea por negocio: ¿se imaginan un buen libro al respecto? Yo lo compraría jaja y no dudo que ya exista. Me voy.
A una hora de escribir mis pendejadas.
BYE.
Parte que eliminé: El gran problema que se nos presenta al simbolizar a las personas con fotos y palabras, es pensarlas como fotos y palabras que elogian o se dejan elogiar; que nos leen y nos dejan leer; que nos aman y nos dejan amar; que nos etceterean y nos dejan etceterear. Pensarlas como fotos y palabras.
miércoles, 6 de octubre de 2010
La máquina “Rompe cráneos”
Los reclusorios, al menos en México, tienen la misión de reinsertar en la sociedad a cualquier persona que impuso sus leyes frente a las que rigen en su Nación o Entidad. Se atenta contra el orden y la paz cuando se da la cancelación, por parte del individuo, del reconocimiento y obediencia a la ley. Así, por ejemplo, el ladrón decide robar pese a que existen leyes que lo prohíben, ya que encuentra (como Hume expresa en el “Tratado de la naturaleza humana”) ventaja al no reconocer dichas leyes. El reclusorio se propone, en la forma más vaga, tres cosas: castigar, rehabilitar y reinsertar. Porque de eso depende el orden: reconocer y obedecer la ley.
Samuel no sabe que un científico mexicano logró, mediante la máquina “Rompe cráneos”, cambiar en dos días las conductas de los seres humanos. Ni tampoco que en los reclusorios han aprobado que se utilice dicha máquina con los internos para reinsertarlos a la sociedad.
Pienso que no sólo sería bueno para un civil que le asegurasen que Samuel no volverá a robar, sino que además se podría gastar sus impuestos en otras cosas. En dos semanas el criminal estaría de nuevo en la sociedad y moriría de hambre antes de volver a robar. El problema es que se atentaría contra la naturaleza humana: la elección. Pero bueno, sólo estamos fantaseando. Hasta aquí parece que deberíamos darle el Nobel al científico mexicano pero cambiemos el crimen:
Hagamos más cruel el asunto:
Samuel, al cabo de un año, había abusado sexualmente de una docena de niños y niñas. En una ocasión mató a Juan, un niño de 8 años, enterrándolo en el jardín de su casa. A partir de una denuncia anónima por parte de un niño, logran su detención.
Imagina que fueras el padre o madre de uno de los niños y te dijeran: “no se preocupe, hemos detenido a quien abusó de su hijo. Cuanto antes lo someteremos a una máquina llamada “Rompe cráneos” que corregirá la conducta. En dos semanas estará de nuevo en las calles. Debe estar segura de que jamás volverá a tocar a su hijo o a cualquier menor”. ¿Lo aceptarías o desearías que recibiera un castigo, que pagara con su libertad durante quince años, que los internos del reclusorio lo violaran? O aceptarías la oferta para, al verlo en las calles, matarlo. ¿Qué harías?
jueves, 29 de julio de 2010
Amar es una elección.
Guardé un poco de silencio, amartillé las palabras y ensalivando la boca le respondí lo siguiente:
“Amar es una elección; no conozco a nadie que ame contra su voluntad. No confundas amar con depender; no confundas amar con reciprocidad; no se te ocurra jamás relacionar al amor con la felicidad. Yo he decidido amarla y, por si fuera poco, en que cantidad, peso o volumen hacerlo.
Bajo el manto del llanto me acobijo; es cierto, a nadie se lo puedo ocultar. Finas agujas se sumergen como agua en mis pies. La glóbulos rojos y blancos huyen a todo galope por mis rodillas, mientras éstas besan el polvo; polvo hecho de piel, piel de personas, personas que cambian su apariencia como boas.
Amo a quien deseo amar y no pido nada a cambio. En cambio pido que me dejen amar, pues no existe mayor daño que el fracturar lo único que se posee: la amada libertad”.

domingo, 4 de julio de 2010
Problemas con mi novia.
Problemas con mi novia.
Alan R. Ramírez.
Aburrido en el Servicio Social, sin tareas por realizar, me planteé un problema que tenía con mi novia. Después, con un poco de brujería, le hablé a una bandita para que me ayudara.
“A” quiere “X” de “B” para obtener “Q”.
“B” no está dispuesto a dar “X” cuando “A” lo quiera.
“B” quiere “S” de “A” para obtener “Q”.
¿“A” debería dar “S” a “B”, pese a que no tendrá “X” de él?
Mill: “A” y “B” deberían ir a tomar un café y pensar si “X” y “S” –moralmente- pueden promover bienestar a más individuos de su comunidad, porque “Q” es igual para ambos.
Aristóteles: Café mis barbas. “A” y “B” deben actuar con razón, ¿Qué importa “X” y “S”? lo menester es que los agentes sean moralmente virtuosos.
Schopenhauer: Lo que Aristóteles quiso decir es que “X” y “S” sólo son un espejismo; la realidad está más allá de la representación.
Aristóteles: Chinga tu madre Schopenhauer.
Respuesta de Kant: No, Shopen, “A” debe actuar de tal manera que la máxima de su acción se convierta en una ley moral; es decir, todo ser racional y razonable dará o no “S” y/o “X” sólo si el imperativo categórico se lo permite…
Rawls: …Amenos que Z.
Nietzsche: Kant está pendejo. “Ayúdate a ti mismo, y entonces te ayudarán también los demás”. Pero si “A” es débil, hay que ayudarle a bien morir.
Maquiavelo: A todo esto caballeros: han pensado que la respuesta está en saber ¿qué es Q?
(Lo que dicen los filósofos, no debe tomarse tan apecho. Sus posturas las saqué de la memoria, por lo que probablemente sean erróneas).
lunes, 15 de febrero de 2010
EL HORMIGA
Alan R. Ramírez
Nunca existirá un hombre tan creyente como la “Hormiga Atómica”; la única persona que no podía ser aniquilado por un pesticida y el símbolo patrio de nuestra colonia. En mi niñez, la hormiga, era el “Boggie Man” versión pirata: bastaba que mamá mencionara su apodo para que hiciera mi tarea y las labores domésticas necesarias. Era tan grande el temor que le tenía a la Hormiga que incluso logró que agachara la cabeza cuando se cruzaban, por contingencia, nuestros caminos. Poseía una peculiar mirada: rencor y odio; profundidad y esoterismo. Se le conseguía ver todas las tardes en las “Delicias” –pulquería de mi barrio y en donde yo pasé mis primeras borracheras. Custodiaba la puerta del lugar. A veces lo dejaban hacer la limpieza de aquella taberna por unos cuantos vasos de cañita y, si bien le iba, hasta mezcalito.
Cuando cumplí los dieciocho años papá me llevó por vez primera a las “Delicias”; pensaba que un hombre debía tomar su primera cerveza entre hombres. Como recuerdo ese día. Me sentó a su lado y comenzó a platicarme de las responsabilidades que debía tener ahora que era un adulto. Mientras bebía su cerveza me indicaba lo bien que debía portarme, que Dios me observaba ¿se imaginan? Así era el viejo. Entre aquellos consejos una voz tan calida como aguardentosa dijo: “¿Qué Dios nos observa? ¿Qué sabéis tú, ingenuo, de eso?”. Volteé de forma estrepitosa, jamás había visto a un ser en el planeta que desafiara a mi padre, era el Hormiga. Papá le mentó la madre, y siguió con su charla. Fue el primer acercamiento hacia ese hombre de abundante barba, de unos 35 años y nauseabundo olor.
Después de un tiempo “Las Delicias” se convirtió en mi segundo hogar. El alcohol me daba una vida llena de absurdas y enloquecidas experiencias; aprendí, por ejemplo, que las más cachondas en la cama son las gordas, ó que hay que poner la cabeza justo en medio de las piernas para no vomitar sobre la camisa. En cuanto a mis aventuras se encuentra el día que besé a las tres hijas del dueño. Sin embargo nada se le comparó a las enseñanzas que recibí del Hormiga. ¿Qué cómo consiguió un teporocihin cualquiera llegar a entablar plática conmigo? Seguramente todo comenzó en una infecunda peda -de esas donde ni las moscas desean embragarse de su podrido néctar- sólo la callada y pensativa Hormiga. Pinche vago, a nadie le hablaba, por una extraña razón se identificó conmigo, al menos eso decía. Cuál sea el pedo descubrí mucho de su pasado. Nació en Madrid, España ¿Cómo fue qué llego a México? Según él, venía en busca de un tal “Villoro” y sepa la chingada que más. Lo cierto es que era, y con el tiempo descubrí que “es”, una persona muy lucida.
Al principio sólo le daba el avión, esperando que pronto llegara algún amigo. Después comencé a interesarme en las diferentes concepciones que tenía de la vida, de la libertad, del tiempo; decía, por ejemplo, que el amor era lo que todos buscamos y lo que nos destruye o nos impulsaba a destruir, ó que el hombre necesitaba al hombre para darle un motivo a su existir. Todo era tan loco, tan excitante. Hasta que un día de tantos descubrí que me encantaban sus pláticas, cada palabra era sabia para mis oídos. Sus interesantes temas me exhortaron a llevar una pequeña libreta para escribir lo que decía, pero al tener una pronunciación muy españolada decidí llevar un Ipod; aunque salió lo mismo. Con frecuencia desprecié las suplicas de mis amigos o de mi novia para ir a dar el rol, intentando con ello buscar el momento en el que el Hormiga se encontraba sólo y así seguir con el debate de un día anterior.
Cierto día le pregunte: “¡hey Hormiga! ¿Qué piensas de Dios?”
-¿Dios? ¿Acaso no sabéis que sois vos un Dios?- negué con la cabeza - Creerlo mi Altísimo Señor; creerlo mi amado, noble e insuperable Dios. Vos habéis logrado que este mundo tenga un sentido. Sin vuestra divina presencia, yo, no estaría bebiendo o platicando con vos y, nada, absolutamente nada existiría.
Sabía que lo que decía era un total disparate, pero algo me incitó a seguir con el juego. Apunté el micrófono de mi aparato hacia él y ataqué con una nueva pregunta: “si yo soy un Dios ¿quién eres tú?
- Sé que vos tenéis la máxima sabiduría, y que con ella te apiadaras de mi insolencia al decir que he de ser vuestro consejero.
-Seguro que estás bromeando Hormiga- prendí un cigarro y continué- suponiendo que fuera un Dios, y que tú eres mi consejero ¿Qué tienes que aconsejarme?- de forma sarcástica dije, más mi sorpresa fue mayor cuando escuche su respuesta.
-Que no existe Magnificencia absoluta que no sea la de vuestra presencia. Por ende vos seréis llamado por todos: Dios.
-¿Quieres decir qué soy el único Dios que existe?
-¡No! hay miles.- Dijo mirándome fijamente a los ojos- Y aquellos que alaben a otro Dios que no sea el que se halla dentro de su ser deberán perecer. El no reconocerte como Dios representa la más alta traición a vuestra Magnificencia.
-Pero hormiga: si todos los seres son Dioses ¿en dónde seremos adorados?
-No existirá un templo para vuestra hermosura; tu reinado se encuentra aquí y ahora. No busquéis la luz en la oscuridad, bastante poseéis con el mundo entero. Respetaras todo lo que habite en tu reinado, ya que vos lo habéis creado a tu semejanza: tan bello, tan perverso. De tal manera que vuestros actos se verán reflejados en este mundo, que es el único. Más cuando te encontréis con algo que atente contra vuestro reinado, será prudente que terminéis con su existencia cuanto antes.
-¿Por qué? ¿Cómo? ¿De dónde sacas que soy un Dios?- mis palabras se devoraban unas a otras, dando un efecto de tartamudez.
-Vos tenéis la absoluta voluntad del poder, del elegir, del comprender el bien y el mal.- Bebió de un golpe la cerveza que le había comprado- Seréis el único que se conoce por dentro y por fuera, con tal perfección que nadie dudará de tu bella sabiduría. Seréis tan brillante, que los brutos salvajes se evaporarán al verte; o se postraran y cegados te llamaran: Nuestro Señor.
Algunos viejos de saliva espesa, que se hallaban a nuestro alrededor, murmuraban, maldecían, o pegaban con fuerza las fichas del Dominó para callar las palabras del hormiga. Yo, sacudido por cada una de sus palabras, le pregunte: “de no creer lo que dices ¿qué pasaría? ¿Cambiaría en algo?”.
-Pensar que vos no sois un Dios sino una simple creación, manifiesta vuestra falta de iniciativa propia, incapacidad de comprender vuestra magnificencia y por lo tanto: “vuestro derecho a perecer”-. Su voz fue agresiva. Le pedí al dueño que nos trajera otra ronda de cervezas y más limones.
-Sería un salvaje, ¿no hormiga?- fui por las cervezas. Antes de que lograra arrimar hacía él un tarro, respondió mi pregunta.
-Sí, y vuestro Salvajismo debe ser exterminado. A ellos se les exhortara a esconderse entre la oscuridad, ya que fueron creado para eso. Cada gota de su miserable sangre habrá de ser utilizada para amamantar a vuestros hijos, de tal manera que gozará ese veneno de aniquilarlos. Nuestra guerra traerá paz, y vuestras tripas desparramadas el nuevo sol.-
Se puso de pie y, dándome por primera vez la mano, dijo: “Es tarde, quizás mañana te explique tu nueva cruz”. Dibujó, con el charco de cerveza que siempre queda en el fondo del baso, un extraño logo y se fue sin mirar atrás. Le pedí al dueño una pluma, fui al baño por un pedazo de la sección amarilla, y traspasé aquel dibujo.

Aquella noche no dejé de pensar en lo que me había dicho el hormiga. Aquél signo debía tener un significado oculto, algo subliminal. Pensé y pensé. Al día siguiente fui a buscarlo, pero nada. Al otro día… nada. Una semana después y nada. Una quincena y, de nuevo, nada. Desesperado comencé a preguntar por él: “Güey, ¿no sabes nada del hormiga?” al dueño de las Delicias, a los cuates del barrio, a la gorda que siempre me acosaba y, otra vez, nada.
Tengo veintiséis años, y cada semana voy a un bar diferente esperando verlo. Ya no es el signo por lo que lo busco, sino que todo Dios debe tener a su consejero.
lunes, 25 de enero de 2010
¿Por qué nos enamoramos?
Partir con una pregunta tan monstruosa, en el sentido de amorfa e indescriptible, pareciera ser una total perdida de tiempo; podríamos decir: “pues nos enamoramos, así, viéndonos, besándonos; mira, tú eras mi media naranja, ¿ves?” Y punto. Pero ¿realmente eso fue lo que pasó? Imaginemos por un momento, que eso es verdad, no sólo en práctica sino además lógicamente. Tendríamos que aceptar como fórmula lo siguiente: dependiendo el número de miradas que demos por día, más los besos que en éstos depositemos, será mayor la posibilidad de encontrar a la tan mencionada “media naranja”. Así de fácil. Fíjate, sin querer, hemos ayudado a miles de desdichados que no encuentran el amor. Supondremos ésto como valido, (descuida) sólo por un momento, para preguntarnos: ¿Por qué cojones buscamos a la media naranja?
Si observamos al hombre podemos darnos cuenta de que es, indiscutiblemente, un animal y como tal busca la supervivencia; aunque de forma diferente. Es él quien sabe que únicamente en sociedad podrá aspirar a satisfacer plenamente sus necesidades. Somos más débiles de lo que pensamos. Entendemos por lo tanto que la necesidad de sobrevivir es la originaria de la sociedad; y ésta, por su naturaleza, crea los primeros Estados de gobiernos, a decir: la familia. Sé que voy muy rápido, no te preocupes, ya lo justificaré. Opinaremos, aunque se que te molestará, a la familia como la búsqueda del hombre por el reconocimiento. Aún no hay “medias naranjas”, en principio todo fue reconocimiento y aunque suene extraño lo sigue siendo. El padre, por supuesto, es el rango más alto al que se puede aspirar. Es, analógicamente, lo que sería para los gorilas un “espalda plateada”; es decir que tiene un rol y éste justifica sus acciones. Yo, como padre, por arriesgar mi vida para la subsistencia de mis protegidos, exijo un reconocimiento y que se me rinda obediencia. Se necesita el reconocimiento para darle un sentido a nuestras vidas. Y añadiendo un factor, a quien muchos filósofos dedican gran parte de sus obras, la propiedad, surge la cadena de reconocimientos: “las jerarquías autoritaristas”. ¿Me expliqué? Descuida, sólo quería situar al “reconocimiento” como pieza fundamental de la sociedad.
¿Te imaginas vivir sin reconocimiento? Para comenzar, nadie te registraría en su cerebro como hija, alumna, pariente, o un ser humano. El hombre (Eros, Razón, Manos e Imaginación), por lo tanto, a lo que más le teme, después de la muerte, es a vivir sin reconocimientos: ser un animal. Después de nacer, vivimos separados de los demás, qué nos une sino el reconocimiento.
Es verdad que eres hija de un profesor, que tienes una madre y una hermana, que estudias Leyes en la UNAM y... ¿Quién lo constata? Quizás, si tengo suerte, se lo acredites a tus allegados; pero olvidamos que ellos, a su vez, requieren también satisfacer esta necesidad. He ahí, aunque de forma inconciente, buscamos a un candidato que constate y reconozca mis acciones, mi vida, mi personalidad. A diferencia de los animales, quienes persiguen la única necesidad de mantener la especie.
Espera, sé que eso no es el amor, sin embargo sí es la causalidad.
Cuando interactuamos con la sociedad, que es vivir en reconocimiento, buscamos ese candidato del que hablamos (de forma inconciente). Y de una forma más secundaria, se encuentran el instinto de reproducción contra nuestra extinción. Pereciera que este instinto es primario pero en el hombre, a diferencia del animal, ésto pasa a segundo grado. No nos interesa que nuestra especie se extinga, sino que nuestro ser, en cuanto a reconocimiento, no desaparezca. Es el círculo. Sin embargo, nadie podrá decir que en la búsqueda de nuestro igual, quien reconocerá las acciones y características, entraran factores deterministas-fisiológicos; como en los animales. Éstos (los animales) saben el momento de su apareamiento por agentes intrínsecos a su naturaleza. Por ejemplo, constantemente los perros hueles el trasero de las hembras y, por medio del olor, saben cuando deben de aparearse. Se encuentran los que, mediante la fuerza o el baile, cortejan a sus parejas; mostrando la protección que pueden brindar, así como los buenos genes que tendrán las crías. Estos factores instintivos son las herramientas que el hombre emplea para la elección de la persona en quien reconocerán como su pareja o su biógrafa.
Cada hombre se basa en distintos métodos para alcanzar la meta: hay quienes prefieren la figura. Un ejemplo sería las personas obsesionadas con buscar parejas con gran busto o caderas enchanzadas, así como hombres musculosos o de aspecto tosco. Lo que pasaría en este caso, es que, no sólo buscan alguien que los reconozca como “tal”, sino que también se preocupan por su descendencia, así como su protección (en el caso de las mujeres por hombres musculosos). Existe además, y en la que muchos científicos se han concentrado, la atracción olfativa. Indagamos en el mundo de los olores, el más placentero. Ésta está más apegada a lo que sería una experiencia con un estupefaciente (aunque ya veremos que todas terminan de la misma manera). Pero la más viable, amenos en nuestra relación, es la pareja-prototipo.
Hemos dicho que el origen de la familia es el reconocimiento, y que es éste el que persigue el hombre hasta la muerte. Veo apropiado exponer que la búsqueda de la pareja se encuentra en este cuadrante, pues la familia siempre será la originaria del amor. ¿Amor y reconocimiento es lo mismo? No, diremos que el reconocimiento es el objeto y el amor el movimiento en potencia. Entre la madre y el hijo hay un mutuo reconocimiento como objeto de unión, y de éste surge (incondicionalmente) el amor (como necesidad o fuente alimenticia del reconocimiento). “Me reconoces como madre, por lo tanto te necesito para no extinguir (por lo menos) el sentido (en ese aspecto) de mi vida; Sin ti yo no sería madre”. Pero, antes de que te confunda y me meta en un problema, es sensato decir que el amor es complejo. Hace falta más factores, no sólo el reconocimiento; pero éstos los veremos poco a poco. Sin hacer más observaciones, masque las que hemos mencionado, puesto que encontramos diferentes reconocimientos y por lo tanto diferentes amores (maternal, paternal, fraternal) hablemos del como se da la pareja-prototipo.
domingo, 24 de enero de 2010
Sobre la palabra filosófica (Ponencia) Segunda Parte
El Deseo-Necesario.
El deseo-necesario* es lo que impulsa a dar respuesta a la admiración y la búsqueda del sentido de la cosa o acción. Por un lado está el impulso por indagar, por dar respuesta, acompañado de una excitación: se anhela el saber; mientras que por el otro se encuentra lo que no se puede resistir, por lo que la causa obra infaliblemente ante el sentido (o el cometido). La filosofía, por consiguiente “es una necesidad individual y social […] para satisfacer el deseo de saber y desarrolla el pensamiento reflexivo, crítico y creativo de la persona; y permite el desarrollo humano de la sociedad, fin de la acción personal e impersonal” [12]. Ésto nos haría pensar que la filosofía es de uso común, o es una cualidad intrínseca de hombre (o mejor dicho del humano), a lo que tendría que replicar: la admiración y la búsqueda del sentido de la cosa o acción impulsadas por el deseo-necesario, sólo son el cimiento, la base de la verdadera y única filosofía. ¿Podríamos decir que la madera y la herramienta son la carpintería? Hace falta la τέχνη (téchne), Doxa (δόξα), Episteme (saber, εξπΙσζημη), la reflexión o el proceso de meditar, y, desde luego, una sensatez. Es decir: el saber que disponemos por el hecho de vivir, el saber logrado metódicamente se funden en una sophia. Pero se busca un fin, en el carpintero, por ejemplo, sería hacer obras útiles o de contemplación para el hombre. La filosofía, en cambio, buscaría dar un “porque” a un “por qué”; por ejemplo: “la muerte es fin de la vida porque…”, “se es lo que es porque…”. Para llegar al fin, que es la búsqueda de lo verdadero o de lo que se es en sí, la filosofía tiene un método.
“La filosofía es una ciencia cuyos rasgos más destacados parecen ser la seriedad, la conceptualización y la reflexión” [13]. No se puede perder, en la búsqueda de la verdad, la seriedad, que es la actitud con la que la filosofía trabaja. Si como citamos en algún momento “la filosofía es el uso del saber para ventaja del hombre” (Platón) es menester tratar a la duda con carácter metódico y distante de redundancias o coqueteos con lo irrelevante. La conceptualización como perspectiva abstracta y simplificada del conocimiento que tenemos del "mundo", y que, por cualquier razón, queremos representar. Y la reflexión, que es pieza principal puesto que se entiende también por filosofía “una reflexión crítica, tan antigua como nuestra cultura, acerca de los fundamentos, los métodos y las perspectivas del saber teórico, del pre-teórico, de la práctica y de la creación” [14]. En consecuencia, lo ya mencionado, nos daría la siguiente figura:
jueves, 21 de enero de 2010
Sobre la palabra filosófica (Ponencia) Primera Parte
Filosofía
Cuando nos atrevemos a investigar el significado de la palabra “Filosofía” -o qué es en sí y por lo cual se cree que es indispensable en la historia del hombre-, nos encontramos con un tempestuoso mar; cientos de explicaciones, tan diferentes e iguales, se agitan y golpean unas con otras. No obstante, todas y sin excepción, parten etimológicamente de que es φιλοσοφία (amor por la sabiduría)[1]. Es ejercer, desear, y anhelar el conocimiento; y, de fo
rma literal, podríamos decir, cual amor enfermizo, una obsesión y necesidad por desapegarnos de nuestra ignorancia. La Filosofía es –como expone Platón- el uso [o búsqueda] del saber para ventaja del hombre[2]; esta forma de visualizar a la F. estaría próxima a la concepción de Marx: “es una actividad para la transformación del mundo”. Siguiendo la línea, que hemos trazado, describiríamos a la F. como la herramienta progresista y transformadora para la elevación del hombre y su entorno o mundo. Había que añadir, además, que este amor por el conocimiento tendría que ser, de igual manera, una eterna búsqueda por lo verdadero: “llámese filosofía al conocimiento científico de la verdad; el conocimiento científico tiene por fin la verdad; el conocimiento práctico tiene por fin la acción” [3]. Pero ¿cómo es que surge la Filosofía?El origen- o la causa originaria- de la filosofía consta de dos partes: la admiración y dar sentido a la cosa o acción; y éstas unidas por el deseo-necesario. Veamos cada una y, después, la relación con la filosofía añadiéndole otros factores.
LA ADMIRACIÓN
Aristóteles expone que “las primeras indagaciones filosóficas fué, como lo es hoy, la admiración” [4]. Cuando los primeros hombres comenzaron a familiarizarse con la conciencia, con su razonamiento o simplemente a tener una interpretación formal sobre su entorno, comenzó la admiración. Distintos sucesos marcaban, de forma esporádica, la sorpresa o lo extraño: “ésto no es normal, por lo tanto, no lo entiendo”. Quizás la primera admiración fue la muerte; de ahí que la historia marque a ésta como una de las más remotas dicotomías existenciales y, con ello, el surgimiento de la religión. Es entonces cuando el hombre “debió aceptar la responsabilidad para consigo mismo y también el hecho de que solamente usando sus propios poderes puede dar significado a su vida” [5]. He aquí el substancial motor, la admiración como propulsora del desarrollo intelectual (el empleo de las facultades del intelecto). El hombre no deja de asombrarse, de quedarse perplejo y plantearse nuevos problemas[6]; vivimos con esta admiración de forma involuntaria, es, por lo tanto, una cualidad del hombre creado por su eros, logos e imaginación.
EL SENTIDO DE LA COSA O ACCIÓN.
“Es necesaria una ciencia en la cual coincidan el hacer y el saber servirse de lo que se hace, esta ciencia es la filosofía” expresa Platón [7]. El hombre comenzó a satisfacer sus necesidades vitales, de ahí la unión entre ellos[8]; después, y con la razón, buscó satisfacer otro tipo de necesidades: el reconocimiento. “La existencia humana se caracteriza por el hecho de que el hombre está solo y separado del mundo; no siendo capaz de soportar esta separación, se siente impulsado a buscar la relación y la unidad” [9]. Se buscó, en primera instancia, darle, con la otredad, un sentido a la vida: un por qué.
Platón observa que de nada serviría la posesión de la ciencia para convertir las piedras en oro si no nos supiéramos servir del oro” [10] darle un sentido, una utilidad, un significado al por qué oro y no madera. Y así, cientos de miles de millones, el por qué: de las jerarquías, del orden social, del comercio, de adorar a dioses, etc. “El único intento que el hombre puede hacer para despertar, para acordar y vivir con entera lucidez consiste precisamente en filosofar. De suerte que nuestra vida es, sin remedio, una de estas dos cosas: o sonambulismo o filosofía” [11].
domingo, 17 de enero de 2010
¿Altruistas las Asociaciones Civiles?[1]
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Alan R. Ramírez
Las asociaciones civiles se disfrazan de altruistas para ver el sol, al menos la mayoría. Un disfraz que desechan apenas la sobra los cubre. Dicen pelear por el desprotegido, difundir la cultura a los –evidentemente -incultos, proteger a la madre naturaleza y bla bla. Según ellos, en su lícito fin, no reciben nada a cambio; a no ser el bienestar de hacer algo digno del hombre: la ayuda sin limitaciones. Y de esa manera caemos seducidos por el, al fin y al cabo, disfraz.
“Somos altruistas” y seguro que lo vociferan con orgullo a las cámaras televisivas. Pero –¡Oh! por Dios- ¿no es acaso que se alimentan de la debilidad de sus congéneres? ¿no buscan, a partir del otro, el reconocimiento (el “yo soy aquél”)? ¿no los vemos peinados y con su mejor léxico para las entrevistas? ¿los altruistas deben o necesitan tener rangos como: socios activos, adherentes, honorarios, vitalicios y, bufonescamente, vocero de altruistas; o su famosos documentos de estatutos sociales? la verdad es que son igual de necesitados que a los que necesitan, quienes necesariamente siempre son pobres en algo. Ah, pero diferencia de aquellos pobretones y con autorización del Estado, son personas jurídicas y no mamad...s.
“Nosotros ayudamos a la gente de escasos recursos, por eso necesito que me proporcionen dinero” dicen (con palabras más convincentes); los famosos “donativos” a quienes siempre podemos elogiarlos como socios benefactores. Después, con el dinero recaudado, toman la imagen de algún jovén que, ciertamente, sufra la enfermedad del proletarismo moderno. A ésta la adornan con hermosos eslogan: “ayúdanos a ayudarlos” y, de nuevo, más dinero para sus regordetes bolsillos. El siguiente paso, si es que resultaron los anteriores, son las entrevistas en medios de comunicación que, a su vez, buscan recaudar más dinero. Compran influencias, ayudan a la evasión de impuestos y después, saltan a la farándula politóloga y mediocre del país. ¿eso es altruismo?
Ahora bien, se que no he argumentado lógicamente nada de lo que he expuesto y, a decir verdad, no me interesa puesto que voy encausado por otra finalidad. Veo prudente decir que no tengo nada contra las “A.C.” y, como diré más adelante, son un mal necesario. No soy un envidioso o resentido social que, al no trabajar, se la pasa quejándose; me gustaría decir que existen otras Asociaciones Civiles que, a pesar de su situación, tienen un hermoso espíritu.
Continuo. Una asociación civil no debe buscar el reconocimiento; es menester incluso despreciarlo. En su defecto, dejar la hipocresía y exponer con claridad los verdaderos fines que, como diría un renacentista [2], podrán ser justificados. Ejemplo. “necesito comer, y que mejor que a expensa de esos pobretones”, ven, no es tan difícil.
Son detestables y horrendos los discursos persuasivos de las “A.C.” a las que deberíamos llamarles “S.C.”. Para ellos el ser humano no es otra cosa que dinero, dinero que camina, dinero que respira… dinero. Creo juicioso llamar a éstos asociaciones civiles corrompidas y/o degeneradas. Diferenciándolas de las verdaderas y excelentes “A.C”.
Para comenzar jamás existirá un altruismo puro en la unión de individuos para beneficiar a terceros. Debe existir una filautía en cada individuo que desee brindar una ayuda (en cualquier modalidad a su igual); puesto que sin contradicción logrará afanarse por lo que es justo, lo prudente y actuar de acuerdo con la virtud [3]. He aquí la diferencia entre las que buscan el materialismo, a quien Sigmund Freud los llamaría carentes de Falo, y las que buscan enriquecer su conocimiento y el de los otros; o en algunos casos el intelecto, su mundo espiritual o el entorno en que habitan.
Las idóneas “A.C.” son, en efecto, las dogmáticamente civiles y no las institucionalizadas de orden elitistas; quienes siempre serán un mal necesario puesto que, ciertamente, apoyan, aunque con defectos, a la comunidad y su medio ambiente (tal es el caso de las A.C. que absorben los gastos de personas con enfermedades irreversibles y que difícilmente pueden pagar el tratamiento). Son idóneas: las que se dan a la tarea de construir y construirse, las que aman y se dejan amar, las que jamás tendrán como limitante el dinero. Se trata de una ayuda recíproca: “los dos nos beneficiamos y nos elevamos como verdaderos humanos”. Por tanto, la asociación civil no es un trabajo para mantener a su familia; no se debe depender de ésta… no es un jugosos pavo que espera ser devorado. Los individuos asociados deben, y tienen la obligación, de no depender económicamente de ésta; estar íntegramente disponible, en los tiempos que crea propicios, para la tarea que desee beneficiar y, sobre todo, hacerlo con pasión.
Cuando Carlos Marx tenía escasos diecisiete años escribió: “las personas que sólo trabajan para sí mismas pueden convertirse, quizás, en famosos científicos, grandes sabios o excelentes poetas, pero jamás llegarán a ser hombres verdaderamente perfectos y grandes…”[4], dicho de paso, el hombre olvida la otredad. Es menester, sin miedo a equivocarme, ser narcisos y altruistas, ser nietzscheanos y kantianos, ayudar y esperar de ello una ayuda a nuestro ser. Caer sobre un lado de la balanza es degeneración y negar la dualidad del hombre. No tengo mejor referencia que Alcohólicos Anónimos.
Dejemos que las A.C. institucionalizadas hagan lo que mejor saben hacer, y abramos paso a las otras asociaciones civiles: las clandestinas, las verdaderas, las que no buscan otro fin que el logran un mejor lugar para vivir. Sin tener otro enemigo masque la mediocridad… esperemos que algún día podamos reunirnos para coronarnos como un bien necesario. Sólo se trata de ser humanos.
[1] publicada en el primer boletín comunitario del yelmo colectivo
[2] nuestro querido Maquiavelo, en su gran obra “el príncipe” y “el arte de la guerra” expuesto tácitamente.
[3] pensamiento aristotélico, para mayor referencia, y no está de más leerlo, Ética a Nicómaco.
[4] Carlos Marx, Carta para graduarse.
viernes, 15 de enero de 2010
LA MUERTE DEL PERRO
http://rapcombate.blogspot.com/2010/01/comunicado-del-01-01-10.html
LA MUERTE DEL PERRO.
Estaban dos gatos, uno negro y el otro blanco, en la azotea de un hogar.
-La sangre que ves ahí -dice el gato negro –es de un perro que hoy intentó cruzar el periférico.
-Fue suicidio -replicó el blanco –todos sabemos que es imposible cruzar.
-Quizás- pensó poco –Dicen que los perros tienen corazón de hombre y que el hombre tiene sueños de perros.
Alan R. Ramírez
miércoles, 13 de enero de 2010
El eterno marido y los códigos de la fidelidad (última parte)
Aparato Crítico
Alan R. Ramírez.
No sé (y es posible que no necesite saberlo) cuántos leyeron, criticaron o reflexionaron sobre el ensayo. sin embargo, en un gesto moral y a los fantasmas de la red, dejo el aparato crítico.
[1] FROMM, Erich “Miedo a la libertad” Tr. Gino Germani Ed. Paidós, Barcelona 2006. Pág. 39
[2] Ibíd. 40
[3] Nietzsche, Fredrich “El ocaso de los ídolos” Ed. Edimart, España 2000 Pág 87
[4] BERISTÁIN, Cecilia “La conquista de la feminidad”; 2da edición. Colección Literatura y psicología. México 2008. Pág. 143
[5] FROMM, Erich. “El arte de amar” Ed. Paidós, México 1986. Pág 52
* Es prudente anunciar que nada me respalda en esta sección y me apoyo en reflexiones y experiencias propias; es, por lo tanto, la parte menos sostenible.
[6] SAVATER, Fernando “Los Diez Mandamientos en el Siglo XXI” Ed. RHM, México 2004, pág. 161
[7] Dostoyevsky, Fyodor “Novelas y cuentos: de Dostoiewsky; El eterno marido” Tr. Ricardo Baeza, Alfonso Nadal y Vera Macarov. Ed. Cumbre, Mexico 1982. Pág 29
[8] Ibíd. 30
[9] Ibíd. 30-31
[10] WILLY, A. y JAMONT C. “La Sexualité” Tr. Julio Moreno Bernardo; 3era Edición, Ed. Daimon. Barcelona 1973. Pág. 146
[11] FROMM, Erich. “El arte de amar” Op. cit. Pág. 60
12- Dostoyevsky, Fyodor Op. cit. Pág. 122
[13] OSTROSKY, Feggy. “Mentes Asesinas, la violencia en tu cerebro”. Hachette Filipacchi Expansión; México 2008. Pág. 93
[14] Dostoyevsky, Fyodor Op. cit. Pág. 31
domingo, 10 de enero de 2010
El eterno marido y los códigos de la fidelidad (tercera parte)
Alan R. Ramírez
Cuando interactuamos con la sociedad, que como ya hemos dicho es vivir en reconocimiento, buscamos a nuestro candidato de forma inconciente. Secundariamente se encuentran el instinto de reproducción contra nuestra extinción. Por ello “la inclinación por una persona definida nace desde las capas más profundas, las sombras ocultas del Yo, a las cuales no tiene acceso la reflexión ni la razón” [10]. Freud expone que es en el subconsciente donde tiene origen la imagen del elegido. El mundo de la apariencia juega un papel muy importante, pues será la imagen que mostraremos. Es mentira que el físico no importe, pues hasta el feo (desde la concepción de belleza en nuestra sociedad) tiene un valor simbólico, o mejor dicho, viene acompañado de una imagen que representa la elección, o “el por qué él”. Bajo esto se basa la deliberación, llamémosla, por decir un nombre, “ley de la atracción sujeto-símbolo”.
Las consecuencias pueden desembocarse en una enajenación recíproca; un enamoramiento violento, en el que los dos evaden su soledad, aislándose de los demás. “El amor erótico es exclusivo, pero ama en la otra persona a toda la humanidad, a todo el que vive” [11].
Sobre el enamoramiento, así como la durabilidad de éste, se han dado diversas teorías, tan distintas e iguales. Describiré -lo que a mi criterio son- las etapas del noviazgo, con el único fin plantear aspectos del adulterio.
La relación de una pareja (en el sentido erótico, o Eros) la dividiremos en cuatro etapas. La primera es tan hermosa como estúpida. Mejor conocida como la mezcolanza de químicos en el cerebro, como la dopamina, donde se pierde conciencia de nuestros actos, entregándonos a la sustancia. Las pasiones violentas nos cubren con un grueso velo que nos impide ver la realidad. Por eso es común pasar por alto costumbres de nuestro amado cuando en realidad, y antes de entrar a este estado, lo detestábamos. Hay personas que, si dejan de generar dichas sustancias (comúnmente relacionadas con la felicidad), terminan automáticamente la relación para comenzar una nueva; llamaremos a este efecto “mariposa dopada”.
En la segunda etapa encontramos el conocer-afinidad. Se comienza a indagar en el “otro” para comenzar a dar reconocimiento y sentido a la vida; aunque para ellos sea conocer con el fin de saber en qué medida son el uno para el otro. Este proceso debería ser el primero pues, una vez dopados, rara vez mostraran la verdad y por lo general mentirán. Hay personas que, descubriendo que nada bueno los relaciona, se marchan al conocer al individuo; mientras que otros, por el contrario, permanecen en una relación destructiva. Mas habrá quien, por distintos factores, acepte o tolere a su semejante dándole un nuevo sentido para hacer más fuerte a Eros. Es común que la primera y segunda etapa cambie de orden o se mezclen, esto depende a la percepción relativa de los individuos.
Justo cuando comienza a disminuir la dopamina, que es nuestra tercera etapa, se crean los códigos para atar la relación; son lazos invisibles que limitan y restringen factores específicos que podrían poner en riesgo a la relación. Cada vez se aumentan más códigos, mientras que la dopamina disminuye. Algunos códigos son tanto éticos e idóneos como persuasivos, con el fin de que se reitere su amor; tal es el ejemplo de Sachenka (otro personaje de Dostoiewsky en “El eterno marido”) quien hábilmente le ha prometido a su amada:
“He prometido… que si después de casados, ella se enamorase de otro hombre, o por cualquier causa se sintiese deseosa de romper conmigo, yo me reconocería, sin vacilar, culpable de adulterio, para procurarle un motivo de divorcio… a demás le entregare cien mil rublos para que pueda poner un negocio… y llevarme a la cárcel” [12]
La cuarta etapa es, por fin, conocer el verdadero objeto. Las mentiras e ilusiones son desenmascaradas y, por lo regular, termina la relación. El seguir con la relación se debe a dos motivos: a) el reconocimiento es tal que no se ve separado, teme a la soledad, a no encontrar a otra persona, ó b) aceptan las mentiras, dándole una continuidad a su amorío. Comúnmente se ve en esta etapa que, mientras continúan, buscan a la vez una salida por la cual marcharse de dicho tormento.
Cabe añadir que cuando los códigos se muestran inservibles, nacen, como medida alternativa para darle perdurabilidad a la relación, los celos. Los celos pueden volverse posesivos y enfermizos, cuando el amante es indiferente a estos: “El miedo a la perdida, real o imaginaria, se manifiesta como una amenaza […] Esta situación se traduce en una dependencia afectiva en donde el celoso no se imagina solo” [13].
Como hemos visto, no es hasta que se crean los códigos que puede existir una infidelidad; pues la conciencia sobre el quebrantamiento de éstos demuestra una deslealtad. Dado que el tiempo se me ha vuelto en cima y me queda unas horas para entregar mi trabajo, me saltaré muchas cosas que, aunque me hubiese gustado tratar, bien no puedo tocar; además ya son las 5:28 am y tengo otro trabajo pendiente.
Dostoiewsky expone en su novela que hay mujeres nacidas para el adulterio. Está en su naturaleza. Cosa que Steven Gangestad, Randy Thornhill y Christine Garver, de los departamentos de Psicología y Biología de la Universidad de Nuevo México, estarían de acuerdo; ya que piensan que cuando la mujer tiene su periodo, días antes y días después, son sexualmente más activas. Exponen, también, que dicha atracción no es hacia su pareja, sino por el contrario se ven atraídas por el otro: de ahí la naturaleza de la infidelidad. Por su puesto que Dostoiewsky no es precursor de esa teoría. Él presenta que hay mujeres cuyo motivo de su existir radica en la infidelidad.
“No hay cuidado de que estas mujeres caigan cuando son solteras; aguardan para ello hasta estar casadas. ¿Qué se le va ha hace? Está en su naturaleza. El marido es el primer amante; pero nunca antes de la boda” [14].
Estas mujeres, infieles por naturaleza, pueden tener serios problemas (visto desde los que somos “eternos maridos”). No conocen la culpa, por lo que las múltiples infidelidades no les pesan sobre su conciencia. Su fuerza radica en el carácter. Pueden no ser agraciadas físicamente, como el caso de Natalia Vasilievna, y sin embargo tener un carácter decisivo y dominador: “imposible entenderse con ellas a medias, todo o nada”. Odia que las demás personas actúen viciosamente, y ella, a pesar de la molestia, puede ser viciosa y depravada.
Quizás estemos hablando de una posible personalidad alterada, con rasgos borderline, histriónicos o narcisistas; pero se oye bien infieles por naturaleza.
No respetan los códigos y, sin embargo, no permitirían que sus esposos les fueran infieles. Limitan las amistades de la pareja, y hacen lo imposible por destruir las pocas que tienen: “y a pesar de ello, no podía decirse que esta mujer tuviera metido en un puño a su marido. Natalia Vasilievna guardaba todas las apariencias de una mujer sometida a la autoridad del marital, y es posible que hasta estuviese convencida de su sumisión”[15]. Maldita enferma.
martes, 5 de enero de 2010
EL ETERNO MARIDO Y LOS CÓDIGOS DE LA FIDELIDAD (Segunda parte)
Alan R. Ramírez
Bajo la sencillez y complejidad de la eticidad, se entiende por humano al ente que es capas de despertar: “Eros, Logos e Imaginación”. Pero, y en cuanto al primero, creemos que debe ser simbólico. Es decir que el amor es para una sola persona, manteniendo cierta indiferencia por los demás: “Como no comprenden que el amor es una actividad, un poder del alma, creen que lo único necesario es encontrar un objeto adecuado” [5]. Se piensa que con dicho objeto, principalmente en el acto sexual, podrán superar el problema de la “separatividad”. Crean este lazo para unirse al mismo tiempo que, y no es que el amor sea ciego, se genera un velo ilusorio. Al darse cuenta de este velo, avergonzados y furiosos, vislumbran que están más separados que en un principio.
Ahora bien. Los individuos que se unen para evadir la soledad y encontrar el reconocimiento, han de crear ciertos códigos, o decálogos, de lo que, a su poco o mucho entendimiento, es una perfecta relación. Éstos serán más rígidos en cuanto que la pasión sea más violenta; e, incluso, puede avivar a Eros. Una ley puede ser, claramente visible en la modernidad, la preferencia de uno sobre el otro ante cualquier circunstancia: “si prefieres a tu familia, pues no me necesitas… si me prefieres a mí, seguiremos juntos”.
Los candidatos, para evadir nuestro problema de separatidad, deben tener requisitos; evaluados únicamente por el amado. Lo que se busca es un ideal. No debe importarnos las teorías de elección o el por qué, lo imprescindible es que lo que deseamos es lo más próximo a nuestro ideal; aunque, con el tiempo, sea necesario moldearlo al punto de tener dicho perfección. Por ejemplo: nos gustan mujeres (o hombres) esculturalmente estéticas, aún siendo efímero, el amado hará que se afiance la disciplina por el ejercicio físico. Este ejemplo es muy común en nuestros días. Se busca el símbolo; mientras las cualidades, condiciones y facultades psíquicas son ignoradas. Para estas personas no importa Eros, sino que alguien o algo puedan ayudarlos a evadir la separatividad y la reconozca.
Veo, hasta el momento, los puntos específicos para poder hondar en el tema de la infidelidad. Aclaremos que amante no lo entendemos como la relación amorosa entre dos personas (amado-amante) a quien comúnmente denominamos novio(a). Utilizaremos la palabra amante, tal y como los mexicanos la entendemos: el Sancho, la Otra, Lechero o Amiga con derechos. Éste último parece ser un término demasiado cínico.
Existen distintos tipos de amantes, a quienes he reflexionado y, dándome el lujo, he nombrado según mi criterio*. Me encargaré de mencionar al menos tres, siendo el último quien me importa.
El amante Narciso: Cree que tener demasiadas parejas refleja superioridad, lo exalta; valiéndose de todo cuanto pueda utilizar para romper la fidelidad de las parejas. Su mayor excitación es el poder decir: “Eres inferior a ‘mí’, porque ‘yo’ poseo a tu mujer”. Sus relaciones, con mujeres comprometidas, suelen ser cortas: son cazadores, cuyo fin es únicamente tener a su presa disecada. Su obsesión impide su descanso; pueden ser rechazados cien veces y aún así seguir intentando. Dicho de paso, detestan el “No” y encuentran placentero el “Sí”. Es común localizar en ellos, y más si el amante narcisista es de escasos recursos, un enorme falo; pues éste es el origen y motor de su poderosa autoestima.
El amante Incógnito (aunque su anonimato despierte cierta curiosidad y un aire novelesco, es más triste de lo que parece): Se trata de un individuo frustrado por un viejo amor. Desde el momento en que fue rechazado (por el objeto a quien intentó amar), y dependiendo la violencia de su pasión, puede convertirse en un Amante Incógnito. Suelen carecer de autoestima, tímidos o con poca destreza para sociabilizar. Este tipo de amante se caracteriza, además, por una neurosis obsesiva. Al ser rechazados, realizan una eterna búsqueda por encontrar lo más parecido al amor primario, por el cual, valga la repetición, a caído en dicha penumbra. Hay dos caminos para llegar a ocupar, o no, el puesto de amante: 1) que dado el destino, vuelva a tener la oportunidad de manifestar su amor; pese que la amada tenga pareja, intentará valerse de todas las artimañas que ha recolectado. Ante sus ojos el fin justificará cualquier medio empleado; es decir, no le importa el daño que pueda ocasionar. 2) pueden esperar, que es lo más común (dada su falta de autoestima), a que su amada rompa la relación que lleva; es, en este caso, un gato que espera sigiloso a ser la pareja y no el “fusil de reemplazo”.
En tercer lugar tenemos a Alejo Ivanovitch Veltchaninov, o el “Amante equis”. Dostoiewsky, en la novela “El eterno marido”, utiliza al “amante equis” como personaje principal, al lado de su antagónico “Pavel Pavlovitch”; de quien hablaremos más adelante. Es, de entre todos los amantes, el más común; pues nadie está libre de pertenecer a este género. No existe un perfil, y si existiera sería muy amplio. Veltchaninov, por ejemplo, es una persona a quien bien podríamos llamar “normal” o “común”: tiene una identidad, carácter; posee herramientas para desenvolverse en la mayoría de los núcleos sociales.
Dostoiewsky deja ver que la línea, entre el ser o no amante, muy estrecha. Bastaría con que: a) el individuo no pertenezca o tenga códigos (dados a parir de la relación con su pareja) 2) en caso de tenerlo, ser indiferente a éste ó 3) ser seducido, bajo el velo de la ilusión, a realizar tal acción.
La enorme mayoría, como es el caso de Veltchaninov, tiene la capacidad de crear su propio código amoroso. No es de extrañarse, pues como hemos comentado, es la eterna búsqueda del hombre para encontrar su felicidad. Es por ello que solemos caer bajo seducciones o atracciones simbólicas, entre sujeto-objeto, con una infinidad de mujeres (u hombres). “Luchar contra el deseo que nos produce otro es como hacerlo contra la ley de la gravedad. Pero de ahí a intentar algún tipo de acto impropio con el otro, hay un abismo”[6]. Algunos prospectos suelen estar bajo ciertos códigos o bajo una pasión violenta: es aquí que nuestra moral interviene, inhibe los deseos de posesión. Aparentemente hay barreras, e incluso existen leyes civiles o religiosas que fortalecen tal barrera.
Lo espontáneo, producto de pasiones incontroladas y ciegas, no convierten al individuo en amante; es hasta que toma conciencia de sus actos que puede serlo. Tal premisa puede causar el mismo dilema de Heráclito sobre el árbol que cae; sin embrago, pese a cualquier antagonismo: yo no puedo ser amante, si no conozco los códigos de la persona a la que estoy acortejando.
Hay una pregunta que el amante Veltchaninov no puedo contestar sobre Natalia (la esposa de su amigo Pavel Pavlovitch):
¿No recuerda usted que empezaba a perder la paciencia, cuando entró Natalia Vasilievna y que a los diez minutos era usted ya nuestro mejor amigo, y cómo continuó usted siéndolo durante todo un año? [7]
El motor, o la perdurabilidad, radica en la esperanza de que, tarde o temprano, su objeto rompa los códigos que lo atan, para hacer nuevos a su lado. La esperanza surge de la atracción sexual, quien ha hecho pensar al “amado equis” que existe una unión; aunque no sea masque una ilusión.
Los finales que puede esperar el “amado equis” son: 1) que su objeto-amoroso rompa sus códigos establecidos, para formar los propios. He aquí el surgimiento de la desconfianza pues ¿cómo sería posible cimentar los códigos con una persona que, pese a todo convencimiento, rompió los anteriores? A menos que su antigua relación haya sido lo suficientemente destructiva para devastar tales complejos; sin embargo, cuando pasen los mismos momentos, regresará la confianza: ambos saben que en la infidelidad hay una salida al desastre. 2) Que el amado no rompa sus códigos con su pareja, y termine por desechar al amante. Si Eros fue tenue, no habrán agravios, incluso puede prevalecer como un recuerdo placentero. Mas si el Eros es violento, por el contrario, quien fuese rechazado caerá en una profunda melancolía que, por lo regular, superará, como Ficción decía, con nuevas experiencias meramente sexuales. Aunque en primera instancia caiga en una neurosis posesiva:
“A tal punto perdió la cabeza, que llegó a proponer a Natalia Vasilievna huir con ella y marcharse a vivir al extranjero. Se necesitó toda la resistencia tenaz y burlona de aquella mujer […] para obligarlo a marchar solo.” [8]
Para Dostoiewsky, en primera instancia lo que se experimenta es una especie de “atonía”. Cosa que le impide la fijación de cualquier mujer. Bajo un proceso, parecido al que utiliza Nietzsche con Breaur en la novela “El día que Nietzsche lloró”, propone salir de este estado creando objetos detestables (sobre el amado) para romper, en un proceso psico, dichas ataduras que mantienen su miserable existencia:
“…bien sabia él, que si volviese de nuevo caería irremisiblemente bajo el influjo dominador de aquella. […] comenzó a acordarse de ella con antipatía […] todos los recuerdos de aquella pasión no le inspiraban ya más que repugnancia, enrojecía de vergüenza cada vez que pensaba en ello. Sin embargo, poco a poco, recobró cierto sosiego.” [9]
sábado, 2 de enero de 2010
EL ETERNO MARIDO Y LOS CÓDIGOS DE LA FIDELIDAD (primera parte)
Sobre el origen de la fidelidad.
¿Existe la fidelidad? Por lo general, dicha pregunta se despliega cuando comprendemos que no somos andrógenos; es decir que nuestros órganos vitales no necesitan otro cuerpo para subsistir. Nace, en otras palabras, cuando vislumbramos la soledad física. El niño llora si su madre no está a su lado. Los presos, sin compañeros con quien platicar, caen abatidos y, al igual que el perro olvidado en la azotea del hogar, lentamente son conducidos “a la desintegración mental” [1]. Ahora, y de igual forma, se encuentra la soledad moral; aun estando físicamente interrelacionado con otros, nos encontramos en un aislamiento total. Comúnmente vemos casos ideológicos, donde somos rechazados por tener posturas o, en otro plano, un carácter específico. La fidelidad entre los individuos, como veremos más adelante, ayuda a no transgredir los límites de la soledad: “Aquel estado de insania expresado por los trastornos esquizofrénicos” [2].
Muchos filósofos juristas exponen que el origen de las sociedades o, quitando la carga conceptual que puede conllevar, la transición del Estado de naturaleza es, en efecto, la mutua cooperación; después vendrían teorías distributivas, civiles, jurídicas y un largo etcétera. Es decir que la unión de los individuos, ese lazo invisible, es el motor de toda civilización.
Ahora bien, no siempre nos preguntamos sobre si existe la fidelidad. Esto se debe a dos cosas: 1) Pareciera ser un pacto tácito; hay un vínculo que nos une, no se puede transgredir esa norma puesto que se vendría abajo los mutuos beneficios. 2) Muchas de nuestras relaciones son una cosificación, pues, si dicha fidelidad es quebrantada, el afectado puede cambiar al infractor por otra pieza o amistad nueva.
El interés por que se nos deposite una fidelidad, en cambio, se encuentra en Eros. Cualquier tipo de Eros, enfermizo o ético, corresponde a una pasión violenta; dado que nuestros fines inmediatos hacia el bien se presentan con más fuerza que los tenues o tranquilos. Nuestra racionalidad nos hace buscar en el interés un medio para salvaguardar lo que, ilusoriamente, Eros nos da: felicidad, reconocimiento y un sentido a la vida. Necesitamos que el otro nos reconozca, al menos, como seres vivientes y pensantes, pues se construye, a partir de éste, la forma en que nos desenvolvemos hasta llegar a la muerte. Dicho Eros se puede encontrar en el trabajo, religión, sexual, fraternal, etcétera. Es menester apuntar, por decirlo vagamente, que la parsimonia y trascendencia de la vida social de los individuos se debe al amor; pues de no ser así, caeríamos inmersos en las turbulentas aguas de la soledad, conduciéndonos a la destrucción. ¿Quién puede decir que, en realidad, es un lobo estepario? Es posible que se me refute con la misma concepción del anacoreta, quien está convencido de que el proceso de pensar se encuentra en la soledad; al respecto, Nietzsche, en uno de sus grandes aforismos, dice:
“Para vivir solo hace falta ser un animal o un dios, dice Aristóteles. Falta una tercera condición: hay que ser ambas cosas, es decir, un filósofo...” [3].
Sin embargo, en la vida común y ordinaria, la soledad está ligada a experiencias dolorosas y atemorizantes, así como: ansiedad, depresión o, en el mejor de los casos, aburrimiento.
Regresando a Eros. ¿Qué Robinson Crusoe no tiene un “Viernes” para darle un sentido, saber que hay o existe algo que presencie nuestras andanzas, esperanzas, fracasos y, de nuevo, un largo etcétera?
“Alcanzar lo inalcanzable. No ser uno sino dos. Dos que son uno, que se complementan o se destruyen, que se buscan o se evitan, que se aman o se odian”. [4]
En el amor recíproco de la madre al hijo, el último debe percibir una fidelidad; para dejar el temor a un lado y despertar sus cualidades sensibles que lo llevarán a desarrollarse socialmente con sus semejantes. Por el contrario al amor condicionado del padre, donde debemos afianzar la fidelidad de éste para poder despertar la destreza con la que solucionaremos nuestros conflictos. He aquí nuestras primeras percepciones de fidelidad o lealtad.
Pareciera cosa fácil: supondríamos que es menester desarrollar herramientas o medios para persuadir a las personas de que siendo fieles encontraran un beneficio; cuales quiera que sea. Sin embargo, los problemas comienzan cuando dicha fidelidad, con la que podremos desprendernos del temor a la soledad, se ve truncada por los intereses de nuestro amado.
Dado que tendemos a pensar que la infidelidad es puramente sexual, y aunque de eso nos encargaremos a todo lo ancho, debemos aclarar, y como lo hemos venido diciendo, que si el conjunto de códigos, estipulados por dos o más entes racionales, se llega a quebrantar implicará un acto desleal o una infidelidad; ya que desde el principio, y por voluntad, se pacta dicho acuerdo. El fiel católico debe de seguir una serie de lineamientos y evadir pecados para encontrar la eterna salvación y, de esa manera, poder entrar al paraíso; su infidelidad lo llevará a perder sus fines valiosos por los que entregó su lealtad.






