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jueves, 28 de abril de 2011

La maldición de un sabio / Alan Rojas Ramírez

Dedicado a Cauce Ciudadano A. C.





La maldición de un sabio.





Existió una vez, me contó mi conejo, un hombre con una extraña maldición: cada que tenía ideas buenas para la humanidad, a éste le pasaba alguna calamidad. Un día, por ejemplo, descubrió que las personas se encontraba a sí mismas (caían las máscaras), de la misma manera que en el álgebra se descubre el valor de “equis”. Antes de que su lápiz comprobara que su ecuación era valida, universal y necesaria, quedó sordo.

Otro día, por nombra un caso más, se le ocurrió la idea de crear una pastilla para llorar, así el ser humano podría drenar periódicamente su alma; pero antes de tocar el timbre de un científico, amigo suyo, perdió la voz.

Mudo, sordo y un etcétera de infortunios, decidió jugarse su última carta. Una noche, justo antes de dormir, escribió en una piedra con cincel en mano:

“hay tantas ideas en el mundo, pero cuando éstas involucran a la humanidad, bien vale la pena hacer el más grande sacrificio… porque en ella descubrirás que eres humanidad”.

A la mañana siguiente, la piedra fue colocada como epitafio en su tumba.

FIN.



Epílogo:
la idea del álgebra y la identidad, me la comentó Carlos cruz en una plática... una plática sobre el destino de la humanidad jaja

viernes, 18 de marzo de 2011

Cartas Anónimas / Alan Rojas Ramírez


I

Despertó con la convicción de que no volvería a saber de ella. Se lo decía la tenue luz que escurría por su ventana, el patético canto de los pájaros y su agitada respiración.

No lloró, no esta vez… prefirió tragarse la amarga saliva y las flemas cigarreras.
No llamó, no esta vez… prefirió encender otro cigarrillo y caminar soezmente por la habitación.

Con la espalda encorvada y los ojos idos, ejecutó la danza de los despechados. Cada recuerdo materializado fue cayendo en la enorme caja blanca: las cartas, el oso de peluche y la sexy tanga negra; la chamarra que le regaló en navidad, los zapatos que nunca utilizó y, por su puesto, el álbum que juntos adornaron; los discos de música, la novela de Arthur Golden… y lo demás también. No se detenía en ver aquellos objetos, sólo los arrojaba con furia intempestiva al sarcófago.

Tan pronto consiguió purgar su morada, tomó la pesada caja y, subiéndose al carro, se fue sin rumbo fijo.
Habrá manejado cinco horas antes de encontrar el lugar: un sombrío parque carcomido por la desolación. Sólo brillaba una fogata, como pequeña luciérnaga perdida en el desierto; lugar donde el lumpenproletariado se abrigaba del frío. Sin pensarlo, se dirigió hacia ellos. No le importó el crujir de las mandíbulas de aquella paria. No le importó nada, sólo se acercó y tirando la caja, dijo: “Tomar lo que les apetezca. Lo que no sirva, que bien logre alimentar su fuego”. Y realizando un gesto tajante, una mueca desabrida, se despidió de ellos. No fue hasta que prendió de nuevo el carro, que logró llorar… y su lamento se mezcló con el ronroneo del motor.

II

Los vagabundos se abalanzaron sobre la blanca y arrugada caja. Se manoteaban y codeaban, e incluso comenzaron los golpes por la chamarra.

-Aún apesta- dijo uno de ellos al frotar en su nariz la tanga negra.

-Oh, sí que apesta- replicó otro mientras le arrebataba la prenda.

-Sss, estaba chula la condenada- dijo aquél pasando las fotos a sus compinches.

Sólo un viejo, de saco roído y pútrida imagen, esperó a que todos volvieran a su inerte estado: gárgolas idiotizadas por el danzar del fuego. Tomó la caja con sumo sigilo. Sonrió al ver que a él le había tocado lo mejor: las cartas. Las ordenó cronológicamente, para después leerlas una a una; con la intención de recrear toda una vida y, con ello, la muerte entera.

Llevaba a todos lados los vestigios de aquel amor, ruinas entintadas. A veces, a penas terminaba de limosnear en algún crucero, se compraba una cajetilla de cigarros y las volvía a releer; cada vez intentando descubrir algo nuevo: “Las palabras no pueden expresar lo que tus besos sí consiguen”, “te regalo mis ojos, para que veas lo hermoso que eres”, “No lloro porque me hayan lastimado tus palabras, sino por el amargo deseo de nunca haberte conocido”. ¡No! Creo que no quería descubrir algo nuevo, sino era el hecho de saber si lo había leído bien, pues a veces parecía otro idioma: msj, bn, k, XD, pro, tkmmmm. En fin.

III


Un día, cuando el viejo descifró y memorizó cada una de las cartas, se le ocurrió una idea. Prendió un cigarro y, en un acto vandálico, borró el nombre del destinatario y la firma del remitente. Las convirtió en anónimas; liberadas de toda responsabilidad con la historia.

En su andar, pasado un tiempo, descubrió un triste barrio de clase media. Nadie se saludaba. Todos eran perfectos desconocidos, e incluso indiferentes con el entorno en que habitaban; gran ejemplo era el pequeño jardín céntrico, cuyas enredaderas arropaban árboles y escondían nidos de ratas. Incluso carecía de comercios; el más cercano estaba a veinte minutos caminando.

Una madrugada, el viejo vagabundo de saco roído, depositó en los buzones y pórticos las sesenta y cinco cartas. Ni él sabía lo que deseaba con semejante acto, sólo se vio impulsado por una extraña fuerza. Ellos lo necesitan más, pensó, que buen provecho les haga.

Regresó a las tres semanas y dio cuenta de que la gente se saludaba arrojándose, como sablazos, algún piropo: “Hola vecino, esa camisa le sienta bien”, “¿Quiere que le ayude con la bolsa Lucero? No podemos dejar que se lastime esas hermosas manos”, “Ay vecinito, disculpe si lo molesto pero no tendrá un poco de azúcar que me regale”. Hasta la calle olía diferente, como perfumada: mezcla homogénea de la esencia de cada uno de los colonos que, por cierto, armonizaba perfectamente.

El anciano no estaba seguro de que fuera por obra de las cartas, hasta entrada la media noche. Descubrió que, bajo el cobijo de la luna, una nueva y extraña costumbre había despertado en aquel barrio: la gente salía a caminar con un sobre entre las manos.
FIN.
epílogo
ahora el tipo del sarcófago escribe cuentos jaja

sábado, 11 de septiembre de 2010

Así me siento

Alan R. Ramírez
Así me siento

No sé qué piensen ustedes, y tampoco sé si me gustaría saberlo, pero ¿no da más lástima ver hombros deslizándose como gusanos, que besos ensalivando lápidas como caracoles? ¿Y quieres saber cómo me siento? ¿Si te lo digo me creerías? La gente no sabe, tú sí pero lo olvidaste… y duele… ya no duele… regresa y dime a la cara: “¡Déjame!”. Nunca fui buen estratega en el arte de la apatía, y tú tampoco en el de la mentira: yo podré ver un día el sol, pero, y mira que es cierto, tú jamás podrás ver las grietas de mi corazón…
…Y así me siento
Furioso, como cuando ves llorar a tu hijo
impotente como el preso, de ojos negros y abiertos, intempestivo
fatigado de tanto correr del olvido
y olvidadizo del dolor que una mujer provocó
como cuando te das cuenta que el “tú” es sinónimo del “yo”.

jueves, 29 de julio de 2010

Amar es una elección.


Alan R. Ramírez


Hace mucho, quizás hoy, alguien me preguntó: “¿Por qué sigues amando de esa manera, es acaso que no te das cuenta del daño que te hace?


Guardé un poco de silencio, amartillé las palabras y ensalivando la boca le respondí lo siguiente:


“Amar es una elección; no conozco a nadie que ame contra su voluntad. No confundas amar con depender; no confundas amar con reciprocidad; no se te ocurra jamás relacionar al amor con la felicidad. Yo he decidido amarla y, por si fuera poco, en que cantidad, peso o volumen hacerlo.
Bajo el manto del llanto me acobijo; es cierto, a nadie se lo puedo ocultar. Finas agujas se sumergen como agua en mis pies. La glóbulos rojos y blancos huyen a todo galope por mis rodillas, mientras éstas besan el polvo; polvo hecho de piel, piel de personas, personas que cambian su apariencia como boas.
Amo a quien deseo amar y no pido nada a cambio. En cambio pido que me dejen amar, pues no existe mayor daño que el fracturar lo único que se posee: la amada libertad”.

domingo, 4 de julio de 2010

Problemas con mi novia.

Problemas con mi novia.

Alan R. Ramírez.

Aburrido en el Servicio Social, sin tareas por realizar, me planteé un problema que tenía con mi novia. Después, con un poco de brujería, le hablé a una bandita para que me ayudara.

“A” quiere “X” de “B” para obtener “Q”.
“B” no está dispuesto a dar “X” cuando “A” lo quiera.
“B” quiere “S” de “A” para obtener “Q”.
¿“A” debería dar “S” a “B”, pese a que no tendrá “X” de él?

Mill: “A” y “B” deberían ir a tomar un café y pensar si “X” y “S” –moralmente- pueden promover bienestar a más individuos de su comunidad, porque “Q” es igual para ambos.

Aristóteles: Café mis barbas. “A” y “B” deben actuar con razón, ¿Qué importa “X” y “S”? lo menester es que los agentes sean moralmente virtuosos.

Schopenhauer: Lo que Aristóteles quiso decir es que “X” y “S” sólo son un espejismo; la realidad está más allá de la representación.

Aristóteles: Chinga tu madre Schopenhauer.

Respuesta de Kant: No, Shopen, “A” debe actuar de tal manera que la máxima de su acción se convierta en una ley moral; es decir, todo ser racional y razonable dará o no “S” y/o “X” sólo si el imperativo categórico se lo permite…

Rawls: …Amenos que Z.

Nietzsche: Kant está pendejo. “Ayúdate a ti mismo, y entonces te ayudarán también los demás”. Pero si “A” es débil, hay que ayudarle a bien morir.

Maquiavelo: A todo esto caballeros: han pensado que la respuesta está en saber ¿qué es Q?

(Lo que dicen los filósofos, no debe tomarse tan apecho. Sus posturas las saqué de la memoria, por lo que probablemente sean erróneas).

martes, 22 de junio de 2010

QUE LA SÁBANA BLANCA CUBRA SU ROSTRO

CARLOS
(Continuación del relato de Ana).

Alan R. Ramírez

02/07/2008


Me dijo que me amaba, que lo hacía por mi bien. “¿Qué te amaba? No Carlitos, ella siempre te deseo lo peor”. ¡Cállate, largo! Tú nunca aceptaste lo nuestro. “Ahora mismo debe estar besándose con alguien mas”. No, por favor dile que regrese, a ti te escuchará. “No Carlos, ella no regresará”.

Hija de su puta madre. Mátala Carlos, desaparécela de la tierra”. Ésta no se la voy a perdonar. Si ya no me amaba, por qué no me lo dijo… y esa mamada de darnos un tiempo. ¡Ya sé! “No Carlos, eso no te servirá; aunque le llevaras mil rosas ella no regresará.” Debe regresar conmigo, estoy seguro de que sólo es una broma. “¿Debe? debes matarla, que la sábana blanca cubra su rostro”. Sí, tienes razón ¿Cómo se vería un cuchillo en su puerca barriga? “No, no. Piénsalo Carlos, sería mucha sangre, y recuerda que en Coyoacán pasan muchas patrullas”.

No puede ser real, apenas ayer cumplimos tres años. Quizás sea un sueño, sí, eso debe de ser. Vamos Carlos, ella se fue egoístamente, no puedes cambiar eso. Ahora debe pagar el daño; enséñale que tú eres muy diferente a los hombres con los que a fornicado”. Te equivocas, ella me dijo que yo era el primero en su vida. Otra mentira más que te exhorta a detener su reloj”.
Recuerdo el día que por vez primera la miré. Puta biblioteca, cultivo de esperanzas ¿Cuántos son los afortunados de ligar bajo las cobijas manchadas de palabras? Ahí estaba ella, ahí estaba yo, encapsulados en la cámara del silencio. “¿A dónde quieres llegar Carlos?”. Mira, la preparatoria y yo la vimos crecer. “Eso no está en juego”. Era la chica más hermosa, ante ella se arrodillaban todas las princesas, caballeros y escuderos; patentó un nuevo modo de sonreír, de caminar; quizás de llorar. “Una puta”. ¡No! Al contrarío, era un mar de sentimientos en mis entrañas; la chica tierna que suele abrazarte cuando estás destrozado por la familia. “Y la que te dejó por otro”. ¡No! Ella no puede hacer eso. “Revisa tu bolsillo. Vamos. Sí ¿qué más pruebas quieres que el que te haya regresado todas tus cartas?” Pero cómo paso. No recuerdo eso. “¡Claro que no! Yo las recogí después de que te dio una cachetada y las instalé en tu bolsillo mientras, con la mano en la mejilla, te sentabas en el filo de la banqueta.” Hija de su puta madre. Tomaré el arma de papá y haré que ruegue por su vida; detonaré sobre su cráneo todo el cartucho y, viéndola sin rostro, me iré. “Carlos, el ruido de esa arma traerá de inmediato a toda la policía y terminarás siendo una lata de comida para drogadictos”.

Yo la amo, por qué me terminó. “¿Lo olvidaste? Es fácil que te dejen cuando no fuiste programado para el noviazgo, tú naciste para leer”. Pero eso es lo que le gustaba de mí. “Quién te ha engañado. ¿Y por qué no llevaste todos los libros a la fiesta donde te engañó con el fulano aquél?”. Hablas de la foto en donde sale ella abrazado de otro en el espacio de su amiga (en Internet). “Ella se fue a la fiesta y no le importaste. Y no le importaste porque tenía a alguien más que la acompañara. Él tiene carro, dinero, sabe bailar; y tú, tímido lector de mierda”. Pero no salen besándose, quizás sólo eran amigos. “Mi ingenuo Carlos. Se abrazan tiernamente. ¿Por qué te dejo entonces?”. Maldita perra, la mataré cual Jean Baptiste Grenouille, un certero golpe la desnucará. “Carlos, serás al primero que busquen; todos sabrán que fuiste tú”.

¿Qué voy hacer? Ella es mi vida. Estudio para ser el mejor y demostrarle que puedo mantener algún día nuestra familia. Ahora mismo trabajo de repartidor para pagar lo que se le antoje cuando caminamos juntos; me corto el cabello, me rasuro y me lavo la boca con frecuencia, no es que no me guste eso, lo hago para que no le de asco besarme; los pupilentes de aumento cumplen la misma función; la loción, la ropa de moda, los detalles. ¿Qué hice mal para que me cambiara por otro? Vamos, dime cómo acabo con su vida.


“Deja de caminar en círculos. Tranquilízate. Debes entender que no hay peor puta que la que da carisias sin cobrar; por ello no habrá arrepentimiento. ¿Aún tienes las llaves de su departamento?”. Sí, aquí están. Bien. Entrarás en la noche, y sin hacer ruido descolgarás el teléfono. Antes deberás ponerte guantes y amarrar un pedazo de tela cubriendo la planta de tus zapatos. Camina entre la sombra, y respira únicamente con la nariz. Que no aborde a tu cerebro el sentimiento, sólo piensa en el daño que te ha hecho”. Continúa. Sigue. Una de tus manos presionará con fuerzas su boca y la otra se transformará en una tenaza sobre su nariz. Primero pondrá resistencia, pero con el pasar de los segundo su cuerpo quedará inerte, y después de unos minutos sin pulso. Tomarás un cuaderno, el que más use, y tíralo al suelo; no muy lejos de su cama. La tapa de un plumón, que llevaras desde aquí, la atorarás con fuerza en su garganta; con ello, pensarán que fue un accidente. Tendrás que arrastrarla hasta el teléfono, y con su mano toca todo lo que esté alrededor de él; después llévala a la puerta y has lo mismo”. Y ¿adónde dejaré el cadáver? “Justo en frente de la puerta. Pon su dedo índice dentro de su boca, como si hubiese querido provocar el vomito. No olvides dejar prendida la luz de su cuarto y la televisión a un volumen moderado. A la mañana siguiente te dirán de su muerte, lloraras, romperás lo que te rodeé”. Pero, y si saben que me terminó, qué diré. “Les explicarás, entre tu llorar y con voz confusa, que en medio año habían terminado cinco veces, que sólo era una pelea más, que estabas seguro de que todo regresaría a la normalidad al día siguiente”.



Ya estoy preparado. No. Espera. Necesito escribir una carta por si tu plan falla; aguarda en el auto. “Maldita sea, esto no es un juego Carlos. Como quieras”.

02/07/2008 a las 2:34 am
A la puta que amo:

Cómo comenzar la carta que, hasta hoy, es la más triste de mi vida. No es fácil tirar las maletas, ni la brújula que trasportaba mi cuero por febriles y turbios lugares. Duele tanto que, ahora, no sé cómo despedirme: del teléfono, del pensar y fantasear, del no poder mirar atrás; de la hermosa sensación de concebirme amado, del creer ilusamente que estarías siempre a mi lado.
Maldita perra. Te odio, no por lo que me has hecho, sino por lo que me harás hacer. Alguna vez mamá dijo que sería el mejor pianista y por ti dejé las clases, por trabajar para tus gustos. Alguna vez soñé ser el mejor, alguna vez. Puta. Maldita puta. Besar con los ojos cerrados nunca fue lo mío; ya me lo decía Marcos (cuando lograba escaparme a las “Delicias”) no confíes en una mujer que no abraza cuando tienes un dolor de muelas.
Pero te amo. Sé que he escrito más de una carta intentado terminar con punto final; sé eso y muchas cosas más. Por ejemplo: que me espera en mi cuarto la soledad, la duda de pensar si fuiste la indicada y el último cigarro que dentro de un momento se prendera.
Recuerdas nuestro primer beso. Aquél semáforo, tan sistemático, jamás volvió a ser el mismo. Los carros hacían que tu rostro parpadeara y, de repente, como arte de magia, ¡pum!, ahí estás sobre mi nariz. El humo del cigarrillo que se deslizaba sobre nuestros brazos, haciendo parecer que estábamos más cercas del cielo de lo que pensábamos. ¿Lo recuerdas? Mis pies temblando, tu respiración, la canción de pink floyd a lo lejos. ¿Lo recuerdas puta ingrata? Ahora tengo una vida en mis manos, ya lo sabrás.
Es hora de despedirme. Tendría tantas palabras que citar a este festín, pero no vale la pena escribirlas, las putas, siempre serán putas.
Quien alguna vez fue tu Carlos.
P.D. Perdona mi niña; pórtate bien, y, jamás ames más de lo que yo te ame.

“¿Por qué tardas tanto Carlos? No hay tiempo para que tiendas tu cama. Vamos”. Por favor, márchate de este cuarto. “De qué hablas Carlos, ya prendí el carro”. He cambiado los planes, siempre estuviste equivocado. La culpa no es del amor, sino de quien lo alimenta. “Tranquilo, ven a mis brazos y deja esa arma. ¡No! Bájala ahora mismo. ¡Tranquilo Carlos, que yo también muero! ”. Lo sé…

domingo, 20 de junio de 2010

Hola amor de mis amores

Alan R. Ramírez
Estoy cansado de llorarte,
mis ojos no quieren, ni pretenden darse ese lujo.
La nariz, en cambio, abre el sentimiento a borbotones.
Yo la castigo con la parte inferior de mi playera,
indicándole que no debe entregarse a esos mezquinos sentimientos.
El hígado, dañado por el jugo del olvido, pide venganza.

Yo comprendo
Tú no sudas
Él nos lee.
Nosotros amamos
Y a Ustedes les somos indiferentes.

Feliz, serás feliz
E rrando
L anzas
Í ntimos
Zarpazos a la matriz

Triste, estaré triste
Ríe
Intrusa
Serpiente
Tú [llamada por Hesíodo]:
Esfinge

Mi Treo parece embarazo molar
Tengo un par de billetes
Para recargar el tanque de ese celular
Ahora dame la dirección, qué esperas
Sólo quiero regalarte mi humeda playera

viernes, 7 de mayo de 2010

LA PERVERSA LÍNEA DE LA PROMISCUIDAD MENTAL.


Alan R. Ramírez


Escrito en el trascurso del

metro Hidalgo al metro Viveros

el jueves 6 de mayos del 2010


Hay pulsiones (energeia) que escasamente se mencionan, y que se liberan apenas se cruza: la perversa línea de la promiscuidad mental.

Se trata de, una vez cruzada la línea y asimilada como una etapa, el hombre despierta las perversidades más bellas y/o sublimes; alguien podrá decir que es una contradicción remitiéndose al concepto de perversidad, pero será imposible discutir con ellos al respecto puesto que hay cosas que no pertenecen ni a lo a priori y mucho menos a lo a posteriori, sino, dado el caso, al oscurantismo.

La moral, así como las normas o tan las famosas leyes positivas, que impone la cultura o el Estado –llámalo como gustes y convenga- son las culpables de que las más bellas y/o sublimes perversidades queden encerradas, y peleando unas con otras, en lo que antiguamente llamaban alma; término más adecuado que psique.

Si te dieran a elegir entre: realizar todas y cada una de tus perversidades, o bien someterlas por el orden social ¿qué elegirías? Sé, por muy hipócrita que seas, que deseas, por decir un caso, sexo oral con la chica que tienes sentada a tu lado, con a la sensual compañera de tu escuela, con la inocente niña, o la vecina de los protuberantes pechos y, por qué callarlo, con la madres de tus amigos; con todos y en todas las formas imaginables. Pero ¿aceptarías que alguien más hiciera lo mismo con tu madre, hija, vecina, etcétera? No, por todos los dioses juntos (incluyendo al mismo Abraxas, ese que nadie pela). Y no porque sean tus seres cercanos y amados, sino porque se prefiere la paz y el orden, a la guerra y la inseguridad.

Pero tú y yo sabemos que eso no te limita. Tus pulsiones, a quien llamaré energeia (en el sentido aristotélico) heredadas desde tus salvajes ancestros, deben ser canalizadas y alimentadas; Freud, especialmente, expone que estas pulsiones son liberadas en el trabajo, que en su mejor expresión podía hacer arte o ciencia. Otros, sino es que la mayoría, habla de trastornos sexuales, poligamia, infidelidades y, por no decir etcétera, filias que agazapan esa energeia (también llamada, aunque de forma errónea, instintos animales). Yo, en cambio, digo que la energeia es aprisionada y liberada hasta que se cruza la perversa línea de la promiscuidad mental.
Estoy en metro viveros, en la próxima estación bajo, dejaré esto inconcluso para otro viaje. continuará...

miércoles, 21 de abril de 2010

ESO FUE TIERNO

Genaro se une a la fila de los leidos por los fantasmas.

ESO FUE TIERNO

GENARO WONG

–ESO FUE TIERNO –dijo ella–. Tú eres muy tierno—añadió—.

–No. No lo soy. Simplemente me provocas—Afirmó él con un aire desdeñoso en el rostro—.

–Yo sé que no sólo es eso. Tu mirada te delata enamorado— Replicó con una sonrisa pícara—.

–Creo que empiezas a ver más allá de lo que parece ser infranqueable. Sí, me parece que te estás metiendo en camisa de once varas— Dijo él para salir del lío en el que se estaba metiendo—.

–¡No, no, no, no, no niño! Entiende que ya no hay marcha atrás, entiende que así es. Tu mirada te delata nervioso— Asintió con la cabeza—.

Una voz en su cabeza decía: “trucha vato, abre bien los ojos”. Una voz en su corazón le decía: “trucha vato, cierra los ojos”. Ante esos mensajes contradictorios, él no hizo más que dejarse llevar (no tanto por obligación, sino porque sentía ganas de dejarse llevar aunque fuera muy rudo para aceptarlo).

–Me estás imaginando. Yo lo sé. Neta, me doy cuenta por la forma en que escribes, que en este momento estás imaginándome en situaciones interesantes –Lo miró fijamente–. Ya no puedes escapar—añadió—.

—¡Mierda¡ Soy demasiado transparente como para ocultarme detrás de máscaras. Soy demasiado… —ella lo interrumpe—.

—Eres demasiado tú como para que le ocultes algo a alguien tan yo— Dijo un poco desorientada—


— Eres eso nefasto que me complementa; eres eso que simplemente me convierte en un esclavo del destino, y me obliga a aferrarme al último hilo de vida que me queda. — Dijo muy impresionado—.

—Te prefiero poeta— Y ella se retiró calmadamente de ese lugar—.

sábado, 17 de abril de 2010

Fábula del hombre, la botella y el cigarro.

Alan R. Ramírez
Para mi primo Diego Rojas (fotolunático)

Inspirado en una de sus fotos.


Fábula del hombre, la botella y el cigarro.

Cobijado por el largo velo de la luna, un hombre reposa en soledad.
Destapó una cerveza y, justo antes de besar la boquilla, ésta le dijo: “Notó tu angustia, ¿qué os pasa?”

-Lo sabes bien, ¿qué otra cosa, querida botella, puede hacerte hablar?- contestó con resignación el hombre.

-AMORonstruosidad, sin duda alguna. Todos recurren al néctar del olvido; clavándolo más en el cofre del recuerdo-

-¡No!- gritó el cigarro- más fuerte es el remordimiento. El amor da vida y el error la pone en duda. El amor no mata, lo que mata es la estrategia. Nos llaman porque están arrepentidos, pues ¿cómo brindar y fumar por amor, si ya no está presente? ¿Cómo? El hombre es estratega, yo, su amigo el cigarro, lo sé mejor que nadie.

El hombre bebió de un golpe la cerveza y trasformó, de tres fumadas, al cigarro. Al final, la luna dijo: “Querido, jamás podrás estar solo”.


lunes, 5 de abril de 2010

PASATIEMPOS DE CORAZÓN.

Les dejo algo de mi primita, la más olorosa jaja


PASATIEMPOS DE CORAZÓN.
Laura Olivares

Pasatiempo es, reposar en una almohada de corazón, ver televisión con los ojos llenos de lágrimas, con unas pantuflas llenas de agujeros.

Pasatiempo es, dejar que la inanición mata uno a uno tus órganos vitales, tener una copa de vino tinto en la mano izquierda y en la derecha un cigarrillo de sueños.

Pasatiempo es, romper el silencio que te ahoga al despertar, un gemido inventado después de despertar, uñas mordidas, piel flácida blanquecina de tanta oscuridad.

Pasatiempo es, cabello largo, días de no bañarse, despojo de semen recordando atardeceres fríos que dejaste en mi cuerpo.

Pasatiempo es, el invierno de nuestra alma perfectamente cubierto de nieve, los atardeceres llenos de orgasmos y sonrisas, reclamos y abrazos besando nuestras sombras de un pasado muy añejo pero amado.

Pasatiempo es, sentir el corazón destrozado, despedazado y sentada en un sillón viejo, donde algún día viste la tele.

Pasatiempo es, despertar y ver que fue un sueño, pero puede ser real ahora en este presente, que te has ido, esperando a que llegues, sentada en el sillón fúnebre.

domingo, 21 de marzo de 2010

LAS PUTAS NO BESAN SAPOS

LAS PUTAS NO BESAN SAPOS
Alan R. Ramírez

Luis admiraba con rabia, desde el sexto piso de un hotel, las miserables vidas de quien caminaba o conducía su carro. El rencor, odio e ira, propiciaba que escupiese tan fuerte como le fuera posible contra la humanidad; y cuando por cosas fisiológicas un voluptuoso gargajo le salía, imaginaba que era su cuerpo desparramándose en el aire. Así -después de que la quijada se le adormecía y la boca se quedaba sin saliva-, regresaba a la cama y fornicaba sobre los pies de la prostituta que había contratado para esa noche. Llevaba varios años haciendo lo mismo; en diferentes hoteles y con diferentes prostitutas; con mayor o menor rabia, sin saber el motivo, escupía o eyaculaba en los pies de su nueva presa.


Luis fue el clásico niño que odiaba los espejos, el sapito que prefería traer mil veces una máscara antes de salir de nuevo a la calle. Después, el clásico joven que terminaba por tirar a la basura las rosas que compraba para conquistar alguna niña de su escuela; probablemente ahí anide su odio, su resentimiento hacia las mujeres que siempre elegían al atractivo patán de la clase. Quizás, y sólo quizás, ahí anide el asco a las manos de aquéllas que lo cacheteaban, frustrando sus intentos de plantarles un beso. Sin duda alguna es ahí donde comenzó el odio a los niños y jóvenes que siempre le apodaban: el sapito.


Sin más saliva por escupir, dejando el puesto de custodio ventanal, se dirigió hacia donde estaba la desnuda y bella prostituta. Se bajo los pantalones, espero a que su pene quedara erecto… y, mientras ella veía una telenovela, él comenzó a masturbarse. “Si eso fue todo, pégame para poderme ir”, dijo la puta mientras iba al baño; deseosa de quitarse el pegajoso semen. Luis, en cambio, con lentitud y tranquilamente, fue a donde estaba su mochila: primero saco un cigarro, después unos cuantos billetes y por último un cuchillo.


-Son ochocientos pesos, y te cobré barato porque no hubo penetración- dijo la prostituta.
Los ojos de Luis brillaron; y una sonrisa se dibujo en su rostro.
-Espero que tengas cambio.- Respondió Luis al momento que le aventaba dos billetes de quinientos pesos. La prostituta recogió el dinero en cuclillas, murmurando palabras obscenas: “pinche pito enfermo, pero qué culos le pasa, asch”. Justo cuando iba a tomar el segundo billete un cuchillo le atravesó el cuello. Mientras se convulsionaba en el suelo, Luis, el sapo, el sapito, fue a escupir de nuevo la ventana.

Al cabo de media hora, el cuerpo de la prostituta estaba rebanado y tétricamente apilado: la cabeza sobre las piernas, las piernas sobre los brazos, los brazos sobre su pecho y cintura; excepto los pies. Los pies de la puta, de uñas pintadas color cereza, se encontraban dentro del calzoncillo de Luis; atorados delicadamente con su cinturón.


Prendió su cigarro, marcó a la recepción: “señorita, puede mandar a alguien. Sí. Lo que pasa es que tuve un accidente y quiero que limpien los imperfectos que cometí. Sí, los espero. Gracias”.

Desde la perfecta incisión del cuchillo de cocina, habían pasado, ya, una hora y cuarenta y cinco minutos.


Se escuchó el primer “toc, toc” en su habitación. Luis apagó la televisión, prendió rápidamente otro cigarrillo y… el segundo “toc toc”. Un sonoro grito salió de la recamarera al ver la sangre; no lo pensó dos veces para correr de nuevo a recepción.


Abajo comenzaron a llegar las patrullas, las cámaras de televisión y la muchedumbre que esperaba saber qué había pasado. Cada uno era recibido con un escupitajo. Después comenzaron a caer objetos del sexto piso del hotel; como: las toallas, cobijas, el teléfono. Hasta que, pasado un tiempo, no quedo nada por lanzar.


Prendió el último cigarro que le quedaba, se dirigió al espejo y escribió con el lápiz labial de la prostituta: “aquí estuvo el sapito”. Una lágrima se deslizó por su mejilla, la misma que había sido abofeteada tantas veces. Dio cuatro pasos hacia atrás de la ventana y, sin pensarlo, se aventó. Mientras Luis caía, se imaginaba que era uno voluptuoso gargajo desparramándose en el aire.

lunes, 8 de marzo de 2010

Una pequeña oda al cigarro.

Alan R. Ramírez.


(Después de conocer la derrota, de caer abatido por el amor: escribí estas líneas)



Una pequeña oda al cigarro.


Si alguien entendiera mi dolor,
me arrojaría una caricia;
aunque fuese por lastima.





Me sumerjo por el humo más espeso de mi vida. Los doctores dicen que un joven no debe tener tales excesos; yo, como siempre, miro desde la oscuridad. Mamá no quiere verme en ese armario, escondido, besándome con mi humo. Mamá no quiere verme sufrir, por eso vuelo sobre el laberinto a otro lugar con mi amado humo. No quiero que me deje, ya muchos desde niño lo han hecho; quisiera ser un niño, tan sólo un niño. Mamá dice que moriré, pero yo tan sólo quiero ser un niño.


Intento no pelear con mi humo, no quiero que me abandone. Dice que mis dedos lo excitan: aunque solamente son dos quienes lo aprietan. Quisiera ser como él, llorar por un momento y, después, desvanecerme: invisible y en boca de todos.


Un día tuve miedo, y él me obsequió un anillo para calmarme; pero al ser pequeño se atoró en mi uña. Es tan amarillo y hermoso su anillo. Yo sólo le he podido dar mi cuerpo, con el que diariamente se masturba, y, ¡lo vale! Que hermoso es mi anillo.

jueves, 28 de enero de 2010

Carlos y Ana (cuentos para pendejos).

Alan R. Ramírez.



ANA
(Primera parte)

Hubieras visto su cara. ¡No Raquel! Pero si ya no hay amor, para qué lo tengo atrás de mí oliéndome la cola como perro.
¿Qué cómo lo corté? Primero lo dejé esperando una hora y media en el metro Coyoacan. Antes di que fui, ganas me sobraban para irme de peda contigo perra. Sí, ahí seguía, escribiendo en su cuaderno. Sus ojos, no mames güey […] para cagarse de la risa. Yo hablo como quiera de él, que por mucho tiempo disfruto mis nalgas. ¡Aja! Fue el primero. Era un asco güey. A mí me gusta que me sometan, la adrenalina, que me graben mientras mi cabeza está en medio de sus piernas. ¡Hay! Ahora resulta que tú eres diferente, si te conozco mosco; todos se enteraron de la vez que te encerraste con Eduardo en el baño.
Lo reconozco, Carlos sabía dar buenos besos ¿Cómo que por qué lo dejé? Pues creo que después de todo, ya no soy tan apasionada a leer e informarme, mucho menos a los debates. Y, esque, realmente él no me necesitaba, lo que le hace falta es una enciclopedia. No sabe bailar, no tiene dinero, y no le gusta el alcohol. Sí, un verdadero martirio güey. Ándale, igualito a tu ex. Yo nací para conocer el mundo.
Acompáñame al baño, no seas malita. Pinche Raque, vamos. Sí, sí, me leíste la mente, yo también muero de hambre, pero primero al baño.


Me regalas una servilleta. Hay que lindo, gracias. Espera Raquel […] ya. No sólo lloró, también me la hizo de a pedo. Sí, por la foto que trepaste a la web. Al contrarío Raquel, me hiciste un parote. No. Para qué le doy explicaciones, ni que no supiera que le ponía el cuerno. Ya se le pasará, aunque dicen que el primer amor es el más difícil de olvidar.
El otro es un insaciable, es como si no le diera abasto. No güey, nada lo llena; eso es lo que me atrae de él. Nunca habla: ni cuando vamos en el carro, hacemos el amor, o… Pero por supuesto que me he quedado a dormir en su casa. No mames pendeja, cómo van a saberlo mis padres. Pues les digo que voy a una fiesta o a tu casa. Sí güey. Es un misterio. Me siento protegida. Excitada. Creo que lo amo…
…Carlos se puede ir a la chingada.

lunes, 25 de enero de 2010

¿Por qué nos enamoramos?

Alan R. Ramírez

Partir con una pregunta tan monstruosa, en el sentido de amorfa e indescriptible, pareciera ser una total perdida de tiempo; podríamos decir: “pues nos enamoramos, así, viéndonos, besándonos; mira, tú eras mi media naranja, ¿ves?” Y punto. Pero ¿realmente eso fue lo que pasó? Imaginemos por un momento, que eso es verdad, no sólo en práctica sino además lógicamente. Tendríamos que aceptar como fórmula lo siguiente: dependiendo el número de miradas que demos por día, más los besos que en éstos depositemos, será mayor la posibilidad de encontrar a la tan mencionada “media naranja”. Así de fácil. Fíjate, sin querer, hemos ayudado a miles de desdichados que no encuentran el amor. Supondremos ésto como valido, (descuida) sólo por un momento, para preguntarnos: ¿Por qué cojones buscamos a la media naranja?

Si observamos al hombre podemos darnos cuenta de que es, indiscutiblemente, un animal y como tal busca la supervivencia; aunque de forma diferente. Es él quien sabe que únicamente en sociedad podrá aspirar a satisfacer plenamente sus necesidades. Somos más débiles de lo que pensamos. Entendemos por lo tanto que la necesidad de sobrevivir es la originaria de la sociedad; y ésta, por su naturaleza, crea los primeros Estados de gobiernos, a decir: la familia. Sé que voy muy rápido, no te preocupes, ya lo justificaré. Opinaremos, aunque se que te molestará, a la familia como la búsqueda del hombre por el reconocimiento. Aún no hay “medias naranjas”, en principio todo fue reconocimiento y aunque suene extraño lo sigue siendo. El padre, por supuesto, es el rango más alto al que se puede aspirar. Es, analógicamente, lo que sería para los gorilas un “espalda plateada”; es decir que tiene un rol y éste justifica sus acciones. Yo, como padre, por arriesgar mi vida para la subsistencia de mis protegidos, exijo un reconocimiento y que se me rinda obediencia. Se necesita el reconocimiento para darle un sentido a nuestras vidas. Y añadiendo un factor, a quien muchos filósofos dedican gran parte de sus obras, la propiedad, surge la cadena de reconocimientos: “las jerarquías autoritaristas”. ¿Me expliqué? Descuida, sólo quería situar al “reconocimiento” como pieza fundamental de la sociedad.

¿Te imaginas vivir sin reconocimiento? Para comenzar, nadie te registraría en su cerebro como hija, alumna, pariente, o un ser humano. El hombre (Eros, Razón, Manos e Imaginación), por lo tanto, a lo que más le teme, después de la muerte, es a vivir sin reconocimientos: ser un animal. Después de nacer, vivimos separados de los demás, qué nos une sino el reconocimiento.
Es verdad que eres hija de un profesor, que tienes una madre y una hermana, que estudias Leyes en la UNAM y... ¿Quién lo constata? Quizás, si tengo suerte, se lo acredites a tus allegados; pero olvidamos que ellos, a su vez, requieren también satisfacer esta necesidad. He ahí, aunque de forma inconciente, buscamos a un candidato que constate y reconozca mis acciones, mi vida, mi personalidad. A diferencia de los animales, quienes persiguen la única necesidad de mantener la especie.

Espera, sé que eso no es el amor, sin embargo sí es la causalidad.

Cuando interactuamos con la sociedad, que es vivir en reconocimiento, buscamos ese candidato del que hablamos (de forma inconciente). Y de una forma más secundaria, se encuentran el instinto de reproducción contra nuestra extinción. Pereciera que este instinto es primario pero en el hombre, a diferencia del animal, ésto pasa a segundo grado. No nos interesa que nuestra especie se extinga, sino que nuestro ser, en cuanto a reconocimiento, no desaparezca. Es el círculo. Sin embargo, nadie podrá decir que en la búsqueda de nuestro igual, quien reconocerá las acciones y características, entraran factores deterministas-fisiológicos; como en los animales. Éstos (los animales) saben el momento de su apareamiento por agentes intrínsecos a su naturaleza. Por ejemplo, constantemente los perros hueles el trasero de las hembras y, por medio del olor, saben cuando deben de aparearse. Se encuentran los que, mediante la fuerza o el baile, cortejan a sus parejas; mostrando la protección que pueden brindar, así como los buenos genes que tendrán las crías. Estos factores instintivos son las herramientas que el hombre emplea para la elección de la persona en quien reconocerán como su pareja o su biógrafa.
Cada hombre se basa en distintos métodos para alcanzar la meta: hay quienes prefieren la figura. Un ejemplo sería las personas obsesionadas con buscar parejas con gran busto o caderas enchanzadas, así como hombres musculosos o de aspecto tosco. Lo que pasaría en este caso, es que, no sólo buscan alguien que los reconozca como “tal”, sino que también se preocupan por su descendencia, así como su protección (en el caso de las mujeres por hombres musculosos). Existe además, y en la que muchos científicos se han concentrado, la atracción olfativa. Indagamos en el mundo de los olores, el más placentero. Ésta está más apegada a lo que sería una experiencia con un estupefaciente (aunque ya veremos que todas terminan de la misma manera). Pero la más viable, amenos en nuestra relación, es la pareja-prototipo.

Hemos dicho que el origen de la familia es el reconocimiento, y que es éste el que persigue el hombre hasta la muerte. Veo apropiado exponer que la búsqueda de la pareja se encuentra en este cuadrante, pues la familia siempre será la originaria del amor. ¿Amor y reconocimiento es lo mismo? No, diremos que el reconocimiento es el objeto y el amor el movimiento en potencia. Entre la madre y el hijo hay un mutuo reconocimiento como objeto de unión, y de éste surge (incondicionalmente) el amor (como necesidad o fuente alimenticia del reconocimiento). “Me reconoces como madre, por lo tanto te necesito para no extinguir (por lo menos) el sentido (en ese aspecto) de mi vida; Sin ti yo no sería madre”. Pero, antes de que te confunda y me meta en un problema, es sensato decir que el amor es complejo. Hace falta más factores, no sólo el reconocimiento; pero éstos los veremos poco a poco. Sin hacer más observaciones, masque las que hemos mencionado, puesto que encontramos diferentes reconocimientos y por lo tanto diferentes amores (maternal, paternal, fraternal) hablemos del como se da la pareja-prototipo.

miércoles, 13 de enero de 2010

El eterno marido y los códigos de la fidelidad (última parte)

El eterno marido y los códigos de la fidelidad
Aparato Crítico
Alan R. Ramírez.

No sé (y es posible que no necesite saberlo) cuántos leyeron, criticaron o reflexionaron sobre el ensayo. sin embargo, en un gesto moral y a los fantasmas de la red, dejo el aparato crítico.

[1] FROMM, Erich “Miedo a la libertad” Tr. Gino Germani Ed. Paidós, Barcelona 2006. Pág. 39
[2] Ibíd. 40
[3] Nietzsche, Fredrich “El ocaso de los ídolos” Ed. Edimart, España 2000 Pág 87
[4] BERISTÁIN, Cecilia “La conquista de la feminidad”; 2da edición. Colección Literatura y psicología. México 2008. Pág. 143
[5] FROMM, Erich. “El arte de amar” Ed. Paidós, México 1986. Pág 52
* Es prudente anunciar que nada me respalda en esta sección y me apoyo en reflexiones y experiencias propias; es, por lo tanto, la parte menos sostenible.
[6] SAVATER, Fernando “Los Diez Mandamientos en el Siglo XXI” Ed. RHM, México 2004, pág. 161
[7] Dostoyevsky, Fyodor “Novelas y cuentos: de Dostoiewsky; El eterno marido” Tr. Ricardo Baeza, Alfonso Nadal y Vera Macarov. Ed. Cumbre, Mexico 1982. Pág 29
[8] Ibíd. 30
[9] Ibíd. 30-31
[10] WILLY, A. y JAMONT C. “La Sexualité” Tr. Julio Moreno Bernardo; 3era Edición, Ed. Daimon. Barcelona 1973. Pág. 146
[11] FROMM, Erich. “El arte de amar” Op. cit. Pág. 60
12- Dostoyevsky, Fyodor Op. cit. Pág. 122
[13] OSTROSKY, Feggy. “Mentes Asesinas, la violencia en tu cerebro”. Hachette Filipacchi Expansión; México 2008. Pág. 93
[14] Dostoyevsky, Fyodor Op. cit. Pág. 31

domingo, 10 de enero de 2010

El eterno marido y los códigos de la fidelidad (tercera parte)

Nacida para el Adulterio
Alan R. Ramírez

Cuando interactuamos con la sociedad, que como ya hemos dicho es vivir en reconocimiento, buscamos a nuestro candidato de forma inconciente. Secundariamente se encuentran el instinto de reproducción contra nuestra extinción. Por ello “la inclinación por una persona definida nace desde las capas más profundas, las sombras ocultas del Yo, a las cuales no tiene acceso la reflexión ni la razón” [10]. Freud expone que es en el subconsciente donde tiene origen la imagen del elegido. El mundo de la apariencia juega un papel muy importante, pues será la imagen que mostraremos. Es mentira que el físico no importe, pues hasta el feo (desde la concepción de belleza en nuestra sociedad) tiene un valor simbólico, o mejor dicho, viene acompañado de una imagen que representa la elección, o “el por qué él”. Bajo esto se basa la deliberación, llamémosla, por decir un nombre, “ley de la atracción sujeto-símbolo”.

Las consecuencias pueden desembocarse en una enajenación recíproca; un enamoramiento violento, en el que los dos evaden su soledad, aislándose de los demás. “El amor erótico es exclusivo, pero ama en la otra persona a toda la humanidad, a todo el que vive” [11].
Sobre el enamoramiento, así como la durabilidad de éste, se han dado diversas teorías, tan distintas e iguales. Describiré -lo que a mi criterio son- las etapas del noviazgo, con el único fin plantear aspectos del adulterio.
La relación de una pareja (en el sentido erótico, o Eros) la dividiremos en cuatro etapas. La primera es tan hermosa como estúpida. Mejor conocida como la mezcolanza de químicos en el cerebro, como la dopamina, donde se pierde conciencia de nuestros actos, entregándonos a la sustancia. Las pasiones violentas nos cubren con un grueso velo que nos impide ver la realidad. Por eso es común pasar por alto costumbres de nuestro amado cuando en realidad, y antes de entrar a este estado, lo detestábamos. Hay personas que, si dejan de generar dichas sustancias (comúnmente relacionadas con la felicidad), terminan automáticamente la relación para comenzar una nueva; llamaremos a este efecto “mariposa dopada”.

En la segunda etapa encontramos el conocer-afinidad. Se comienza a indagar en el “otro” para comenzar a dar reconocimiento y sentido a la vida; aunque para ellos sea conocer con el fin de saber en qué medida son el uno para el otro. Este proceso debería ser el primero pues, una vez dopados, rara vez mostraran la verdad y por lo general mentirán. Hay personas que, descubriendo que nada bueno los relaciona, se marchan al conocer al individuo; mientras que otros, por el contrario, permanecen en una relación destructiva. Mas habrá quien, por distintos factores, acepte o tolere a su semejante dándole un nuevo sentido para hacer más fuerte a Eros. Es común que la primera y segunda etapa cambie de orden o se mezclen, esto depende a la percepción relativa de los individuos.

Justo cuando comienza a disminuir la dopamina, que es nuestra tercera etapa, se crean los códigos para atar la relación; son lazos invisibles que limitan y restringen factores específicos que podrían poner en riesgo a la relación. Cada vez se aumentan más códigos, mientras que la dopamina disminuye. Algunos códigos son tanto éticos e idóneos como persuasivos, con el fin de que se reitere su amor; tal es el ejemplo de Sachenka (otro personaje de Dostoiewsky en “El eterno marido”) quien hábilmente le ha prometido a su amada:
He prometido… que si después de casados, ella se enamorase de otro hombre, o por cualquier causa se sintiese deseosa de romper conmigo, yo me reconocería, sin vacilar, culpable de adulterio, para procurarle un motivo de divorcio… a demás le entregare cien mil rublos para que pueda poner un negocio… y llevarme a la cárcel” [12]

La cuarta etapa es, por fin, conocer el verdadero objeto. Las mentiras e ilusiones son desenmascaradas y, por lo regular, termina la relación. El seguir con la relación se debe a dos motivos: a) el reconocimiento es tal que no se ve separado, teme a la soledad, a no encontrar a otra persona, ó b) aceptan las mentiras, dándole una continuidad a su amorío. Comúnmente se ve en esta etapa que, mientras continúan, buscan a la vez una salida por la cual marcharse de dicho tormento.

Cabe añadir que cuando los códigos se muestran inservibles, nacen, como medida alternativa para darle perdurabilidad a la relación, los celos. Los celos pueden volverse posesivos y enfermizos, cuando el amante es indiferente a estos: “El miedo a la perdida, real o imaginaria, se manifiesta como una amenaza […] Esta situación se traduce en una dependencia afectiva en donde el celoso no se imagina solo” [13].

Como hemos visto, no es hasta que se crean los códigos que puede existir una infidelidad; pues la conciencia sobre el quebrantamiento de éstos demuestra una deslealtad. Dado que el tiempo se me ha vuelto en cima y me queda unas horas para entregar mi trabajo, me saltaré muchas cosas que, aunque me hubiese gustado tratar, bien no puedo tocar; además ya son las 5:28 am y tengo otro trabajo pendiente.

Dostoiewsky expone en su novela que hay mujeres nacidas para el adulterio. Está en su naturaleza. Cosa que Steven Gangestad, Randy Thornhill y Christine Garver, de los departamentos de Psicología y Biología de la Universidad de Nuevo México, estarían de acuerdo; ya que piensan que cuando la mujer tiene su periodo, días antes y días después, son sexualmente más activas. Exponen, también, que dicha atracción no es hacia su pareja, sino por el contrario se ven atraídas por el otro: de ahí la naturaleza de la infidelidad. Por su puesto que Dostoiewsky no es precursor de esa teoría. Él presenta que hay mujeres cuyo motivo de su existir radica en la infidelidad.

No hay cuidado de que estas mujeres caigan cuando son solteras; aguardan para ello hasta estar casadas. ¿Qué se le va ha hace? Está en su naturaleza. El marido es el primer amante; pero nunca antes de la boda” [14].
Estas mujeres, infieles por naturaleza, pueden tener serios problemas (visto desde los que somos “eternos maridos”). No conocen la culpa, por lo que las múltiples infidelidades no les pesan sobre su conciencia. Su fuerza radica en el carácter. Pueden no ser agraciadas físicamente, como el caso de Natalia Vasilievna, y sin embargo tener un carácter decisivo y dominador: “imposible entenderse con ellas a medias, todo o nada”. Odia que las demás personas actúen viciosamente, y ella, a pesar de la molestia, puede ser viciosa y depravada.
Quizás estemos hablando de una posible personalidad alterada, con rasgos borderline, histriónicos o narcisistas; pero se oye bien infieles por naturaleza.
No respetan los códigos y, sin embargo, no permitirían que sus esposos les fueran infieles. Limitan las amistades de la pareja, y hacen lo imposible por destruir las pocas que tienen: “y a pesar de ello, no podía decirse que esta mujer tuviera metido en un puño a su marido. Natalia Vasilievna guardaba todas las apariencias de una mujer sometida a la autoridad del marital, y es posible que hasta estuviese convencida de su sumisión”[15]. Maldita enferma.